Zemmour y Le Pen se baten en las urnas por el liderazgo de la derecha radical y por tener la opción de derrocar a Macron

En Francia parece que ya no hay derecha a secas, sino derecha radical. A Marine Le Pen, casi eterna favorita para batirse con Emmanuel Macron en segunda vuelta, le ha salido un competidor que se escora todavía más hacia el extremo. Eric Zemmour no es político, y quiere que ese sea su gran atractivo para pasar al cara a cara final. Con más distancia mira Valerie Pécresse, cabeza visible de la derecha tradicional de los Republicanos que ha tenido que entrar a rivalizar en un terreno pantanoso que no le beneficia.

Si Napoleón se reencarnase en 2022 seguramente se parecería a Eric Zemmour. O al menos el candidato a las presidenciales francesas quiere parecerse, en fondo y formas (aunque actualizadas) al que una vez fue emperador galo. Para Zemmour, su particular destierro sería un mal resultado en la cita con las urnas del 10 de abril. Este polemista, cara conocida de los medios de comunicación, se presenta como el verdadero candidato antisistema. Está en contra de casi todo, y así dibuja un perfil de outsider que puede acabar por atraer a los votantes enfadados. Pero, ¿quién es realmente Eric Zemmour?


Una Francia nostálgica e identitaria. Eso es lo que representa un periodista que se ha asentado en los últimos años en los medios de comunicación con un discurso extremista que coquetea con salirse de los límites de lo democrático. Tanto es así que ya acumula varias condenas. Ha llegado a relativizar la dictadura de Vichy y quiere una Francia que piense mucho más hacia dentro; habla incluso de “imperio” y ha llegado a decir que la Unión Europea “sin Francia no es nada”. En este sentido, coquetea con la opción de una vuelta de la monarquía a Francia, acercándose a pequeños grupos marginales de extrema derecha, que son quienes defienden esta idea.

“Los franceses descendientes de inmigrantes son más vigilados por la policía que el resto porque la mayoría de los traficantes son negros y árabes”. Frases como esta le han valido notoriedad mediática, pero también muchos choques. Por esta en concreto fue despedido del diario conservador Le Figaro en 2006, aunque tiempo después volvió y en todo momento mantuvo un espacio como columnista. Además, ha ido sumando expresiones de desprecio hacia las mujeres y hacia la comunidad LGTBI.

Zemmour tiene dos libros que representan perfectamente su discurso. El primer sexo, publicado precisamente en 2006, que es una respuesta a la obra de Simone de Beauvoir, y El suicidio francés, publicado en 2014, donde ataca sin ningún tipo de filtro a los migrantes y a las feministas. Algunas de las partes de sus obras son las que le han valido juicios por delito de odio.

Y no solo ha llenado de elogios a Vichy, colaborador directo de los nazis, sino que también es un declarado fan de Napoleón. “Su fracaso es el comienzo de la decadencia y la disgregación que aún no ha terminado”, dijo en un debate en televisión. El polemista considera que “las élites”, donde incluye a políticos o jueces, son los “enemigos” del pueblo, y precisamente bajo esa idea quiere canalizar el ‘voto enfadado’ que hasta ahora iba hacia Marine Le Pen.

“La asimilación es una opción exigente, pero es la única que nos permitirá recuperar la paz y la fraternidad”

Su programa electoral es un reflejo de su discurso. El mensaje antiinmigración es el eje fundamental de sus propuestas, y quiere impulsar medidas en contra de la reagrupación familiar. Además, dice que la única posibilidad que tienen los migrantes de vivir en Francia es “asumiendo el modo de vida francés”. Es muy rotundo en este asunto: “La asimilación es una opción exigente, pero es la única que nos permitirá recuperar la paz y la fraternidad”, dijo en uno de sus primeros mítines. Además, plantea retirar la nacionalidad a los extranjeros que cometan delitos y no quiere que los migrantes tengan acceso a las ayudas sociales.

Otros temas, como la economía, los relega a un segundo plano. Zemmour quiere reducir los impuestos al mínimo y es un claro defensor de la “reindustrialización” de Francia. Asimismo, el componente ideológico es clave en la educación para el candidato de extrema derecha. “La escuela será la herramienta de la asimilación a la francesa”, sostuvo, al mismo tiempo que se ha erigido como un firme defensor de la meritocracia. Es, como otros líderes de su espectro ideológico, un claro opositor a lo que califica “ideología de género” y ha criticado con muchísima dureza el feminismo.

Una derecha dividida en tres

Su batalla no es tanto frente a Macron, aunque también, sino frente a Le Pen. Zemmour ha dividido en dos un espacio radical que hasta ahora había ocupado la líder de Reagrupación Nacional, y el polemista aspira a ‘quedarse’ con los votantes que consideran que Le Pen se ha moderado demasiado. Además, Zemmour ya ha arrebatado a la hija de Jean Marie Le Pen a dos figuras importantes de su equipo y entorno: por una parte se quedó con el respaldo de la sobrina de Le Pen, Marion Marechal, considerada una de las principales promesas de la derecha radical europea y ha incorporado a sus filas al eurodiputado Nicolas Bay, expulsado de RN precisamente por enviar información clasificada a la candidatura del outsider.


Candidatos y candidatas a las elecciones francesas de 2022.

Al fin y al cabo lo que ha provocado que el dibujo de la derecha se haya dividido en tres, con la candidata de Los Repúblicanos, Valerie Pécresse, en una posición casi indeterminada. La figura que iba a ocupar el espacio moderado mantiene la duda de si se puede acercar a los postulados de Macron para arrebatarle votantes o por contra compite más cerca del extremo. Por momentos parece haber elegido la segunda opción, llegando a coquetear con la “teoría del gran reemplazo”, que habla de que Europa va a ser invadida por musulmanes que van a “suplantar” la identidad europea. Zemmour es, de hecho, uno de los máximos exponentes de esa tesis.

Marine Le Pen, por su parte, aspira a una segunda oportunidad tras la derrota en 2017. En el espectro de la derecha sigue viéndose, pese a la competencia, como la más ‘presidenciable’, y ha tratado de moderar su discurso para ensanchar su base. Aún así, le puede pesar la losa de su cercanía con el Kremlin en los últimos años, pues el régimen de Putin ha estado financiado durante bastante tiempo a RN. Le Pen ha sido capaz de esquivar todas las balas políticas que le han llegado, y mantiene los ejes principales de su mensaje: seguridad, oposición a la inmigración y un euroescepticismo muy cercano a lo que plantea Orbán, Meloni o Abascal.

En el caso de Le Pen, su lema de campaña ya da buena cuenta de lo que busca: “Mujer de Estado”. Estas tres palabras tratan de convertirle en una opción ‘presidenciable’ alejada del extremismo al que tradicionalmente ha sido asociada. Centra su programa en ayudas a las familias, dureza respecto a la inmigración y una reducción importante de los impuestos. “Este hermoso proyecto será llevado a cabo por un Gobierno de Unión Nacional que asociará a todos los franceses patriotas, vengan de donde vengan, pero que quieren que esta maravillosa aventura humana llamada Francia continúe”, expresa en la presentación de su candidatura, apelando a un voto lo más transversal posible.

¿Y cuáles son las opciones de cada candidato en ese panorama? Realmente pocas para Zemmour. Los sondeos le sitúan en cuarta posición, por detrás de Emmanuel Macron, Marine Le Pen y Jean Luc Melenchon. Cuando anunció su candidatura aspiraba a pasar a segunda vuelta, pero su figura se ha ido desgastando también en parte por no tener un partido que le sostenga. Zemmour camina solo. Quizás pensando en que Napoleón también consiguió muchas cosas por su cuenta. Le Pen se sabe con ventaja y Pécresse, directamente, parece descartada.

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