viaje apasionante al universo de un arquitecto visionario


En 1954, cinco años antes de graduarse en la Escuela Superior de Arquitectura, Fernando Higueras aparcaba una de sus grandes pasiones (la música) y rechazaba una beca que le había concedido Andrés Segovia para estudiar a su lado. Cuentan que el maestro -que otorgaba este honor a muy pocos estudiantes cada año-, sorprendido por su reacción le diría: “La arquitectura ganará un gran arquitecto, pero la música pierde un gran guitarrista”. Y así fue.

Higueras se convertiría muy poco tiempo después en uno de los arquitectos más iconoclastas, visionarios y revolucionarios nacidos a la sombra de un régimen que daba sus últimos coletazos y que buscaba durante los años 60 proyectar una imagen más moderna del país. Su luz y su genio fueron imparables y sobresalieron enseguida entre otros profesionales de su generación.

Un año después de finalizar la carrera se presentaría al Premio Nacional de Arquitectura con un proyecto sorprendente de vivienda: Diez residencias de artistas en el Monte de El Pardo. La arquitectura pensada para habitar y satisfacer las necesidades concretas de cada cliente se convertiría en una de las constantes de sus trabajos. “Eran proyectos muy prácticos, si el proyecto no era funcional, Fernando consideraba que no habías tenido ningún éxito. La obligación del arquitecto es crear bienestar al usuario si no, ¿qué te queda?”, explica Lola Botia, directora de la Fundación Fernando Higueras y una de sus más estrechas colaboradoras, ya que desarrolló su carrera durante más de 30 años en el estudio del arquitecto madrileño.

Ella es también la comisaria de la muestra Fernando Higueras. Desde el origen, que impulsada por la Fundación ICO y el Ministerio de Fomento acoge el Museo ICO hasta el 19 de mayo. Un exhaustivo recorrido visual por la obra de este prolífico arquitecto que sintetiza 50 años de carrera y reúne alrededor de 70 proyectos de los más de 300 que desarrolló durante su apasionada trayectoria. Los materiales reunidos harán las delicias de cualquier aficionado a la arquitectura: maquetas originales de la época, fotografía, planos, audios del artista hablando de sus edificios, de amigos y colaboradores e, incluso, una recreación de su último estudio y vivienda.

Aquí están, por ejemplo, la que muchos consideran su obra cumbre: La Corona de Espinas, proyecto por el que logró el Nacional de Arquitectura en 1961 (tan solo dos años después de terminar la carrera). Y también el Colegio Estudio de Aravaca, de donde parten todos los invarianes de arquitecturas posteriores; sus proyectos de viviendas particulares para los artistas César Manrique y Lucio Muñoz, para Andrés Segovia (el destino le uniría de nuevo al maestro) o para la actriz Nuria Espert; dos de sus grandes exponentes de vivienda pública, la Unidad Vecinal de Absorción en Hortaleza y las viviendas para el patronato de Casas Militares; el hotel Las Salinas de Lanzarote, o su propia casa subterránea, que bautizaría como el “rascainfiernos” (dos plantas cuadradas de 9×9 más un 2×2 para la escalera de caracol) y que hoy aloja su Fundación.

En todos ellos aparecen las tres grandes constantes de su carrera: la idea de construir para habitar, su gran interés por la relación entre la naturaleza y la arquitectura, donde prevalecía lo primigenio y atemporal – “He aprendido mucho de la arquitectura popular anónima, ya que es una infinita fuente de lecciones” solía decir- y una visión de la arquitectura ligada siempre a la expresión artística – antes que arquitecto, Fernando fue un consumado pintor que recibió la Medalla Nacional de Bellas Artes en 1954-.

“Una cosa iba ligada a la otra. Él estaba siempre en esas corriente artísticas porque era su mundo. Antes que tener amigos arquitectos sus amigos eran sobre todo del mundo del arte, pintores, escultores… Estaba muy involucrado en todas las corrientes y tendencias. Nunca se desligó del mundo de arte y era un hombre que iba siempre por la belleza, en todo. Aunque no pretendía la envoltura final, le salía”, cuenta Botia.

Más de 50 años después de la creación de muchos de estos proyectos su modernidad y atemporalidad siguen siendo impresionantes y la prueba fehaciente del talento visionario que le convierten en un referente a nivel internacional: “Fernando siempre decía que para no pasarte de moda, jamás tenías que pretender estar a la moda. Cuando haces algo sin pensar ella, nunca se pasa de moda. Ese fue su talento y su maestría”.

Tres edificios que hicieron historia…

Corona de Espinas (1961)

En 1961, tan solo dos años después de graduarse, Higueras recibe el Premio Nacional de Arquitectura con su proyecto para el Centro de Restauraciones Artísticas realizado en colaboración con Rafael Moneo y Luis Roig. Situado en la Ciudad Universitaria de Madrid tardó casi 30 años en finalizarse tras sucesivas paralizaciones de la obra o cambios de uso del edificio. Hoy en día está considerado como su obra maestra. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 2001.

Centro de Restauraciones, ‘la Corona de Espinas’. Ciudad Universitaria, Madrid. Arquitecto, Fernando Higueras. Colaboración: Antonio Miró y J. A. Fernández Ordóñez. 1965-1985 © Fundación Fernando Higueras

Colegio Estudio en Aravaca (1962)
Se dice que de esta obra parten todos los invariantes de arquitecturas posteriores. En este colegio también empieza a desarrollar sus propuestas de diseño de mobiliario e interiorismo. Fue un encargo de Jimena Menéndez Pidal para dar continuidad al Instituto-Escuela (1918-1936) basado en el proyecto pedagógico del Instituto de Libre Enseñanza (ILE). “Los niños que han crecido ahí han tenido un privilegio tremendo, curiosamente muchos de ellos han acabado estudiando arquitectura”.

Colegio Estudio. Aravaca, Madrid

Colegio Estudio. Aravaca, Madrid. Arquitecto, Fernando Higueras. 1962-1964 © Fundación Fernando Higueras

Hotel Las Salinas, Lanzarote (1977)
Todo un referente turístico de la arquitectura al borde del mar. El proyecto logró el Premio Internacional de Arquitectura en 1979 y contó con la colaboración de César Manrique en los jardines, la piscina y los murales. Higueras lo planeó de tal manera que absolutamente todas sus habitaciones tienen vistas al mar.

Hotel Las Salinas

Hotel Las Salinas. Costa Teguise, Lanzarote. Arquitecto, Fernando Higueras. 1973-1977 © Fundación Fernando Higueras

… y dos grandes proyectos que nunca se materializaron

Diez residencias de artistas en el Monte de El Pardo (1960)
Tras graduarse en la Escuela de Arquitectura, Higueras realiza su primer trabajo con el concepto de viviendas. El proyecto consigue un áccesit en el Premio Nacional de Arquitectura y se publica en numerosas revistas nacionales e internacionales. En estas casas, Higueras prima, por un lado, la economía de recursos materiales y costes de ejecución y, por otro, el bienestar de sus habitantes (buscando la mejor disposición para que los artistas tuvieran siempre luz natural para trabajar). Para la comisaria se trata de uno de los mejores proyectos arquitectónicos del siglo XX.

Edificio polivalente en Montecarlo (1969)
En 1969 Higueras fue invitado por el Principado de Mónaco al concurso restringido de un edificio polivalente en Montecarlo. El arquitecto escribió entre las ideas que lo inspiraron: “Gajos que crecen en helicoide como crece un caracol. Un enorme esqueleto calcinado de ballena donde anidan a su gusto los rincones del amor y la alegría”. El impresionante proyecto fue descalificado por salirse el edificio propuesto del solar reservado para el concurso. El comandante Cousteau, presidente del jurado, llamó personalmente a Higueras para decirle: “Tu proyecto es el mejor, pero has ocupado más parcela”.

Edificio polivalente en Montecarlo

Edificio polivalente en Montecarlo. Concurso Internacional Restringido. Arquitecto, Fernando Higueras. Colaboración: A. Miró, J. Serrano-Suñer y Ricardo Urgoiti. 1969 © Fundación Fernando Higueras



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