Un Winchester mágico para homenajear Aragón


El escritor y periodista Arturo San Agustín, en una foto de 2016.
GTRES

Arturo San Agustín (Barclona, 1949), periodista y escritor, ha regresado a las librerías con Pluma de buitre (Los Libros del Gato Negro, 2019). Mezcla de novela, libro de viajes, realismo mágico, vivencias y crónicas personales, San Agustín se adentra en Aragón y le rinde homenaje, a sus paisajes y gentes y para ello utiliza un periodista y un rifle Winchester, “pero que solo ven, y se sienten amenazados, por él los malos”.

Porque también, claro, algo tiene el cóctel de wéstern. “De crío íbamos algunos días en verano a Riglos, donde nacieron mis padres y mis abuelos, y allí estaban los fotogénicos Mallos, los centinelas del Diablo que los llamaba Ramón J. Sender, y los buitres… era todo de película del Oeste, que eran las me gustaban”, rememora San Agustín. Y aclara que los buitres son “animales benefactores, que libran a zonas de epidemias y son los grandes limpiadores de la naturaleza. Solo en Egipto y el Tíbet están bien vistos; aquí, en Occidente, les hemos puesto etiquetas negativas y los comparamos con banqueros y malos periodistas”.

No podía dejar de ser un homenaje a lo aragonés un libro que está inspirado por José Antonio Labordeta. “La primera vez que lo entrevisté, me dijo que mis apellidos eran de Huesca”, recuerda San Agustín, “nos caímos bien, lo cual era fácil, y la segunda vez me dijo que tenía que escribir un libro singular sobre el viejo país de los míos“. Retomó la promesa cuando fue “demasiado tarde”, pero reconoce que “sin Labordeta, no habría escrito este libro”.

Así que Pluma de buitre lleva al lector de viaje por Aragón en un tiempo “donde ya no se viaja, se llega”. “La velocidad ha matado al viajero”, asegura. Por eso cree que “la novela ya está muy escrita” y la trufa con “crónicas y periodismo; porque ser periodista ayuda a ser escritor; te hace viajar y conocer”.

San Agustín asegura que en el viaje del periodista protagonista y su rifle Winchester por Aragón hay “un 10% de realidad” —”mi familia estaba un poco asustada”, reconoce— y se compara con Fellini, al que también entrevistó, y que le dijo que había que fabular con la biografía personal “todos los días”. “En esta novela, lo que parece más inverosímil es lo real”, dice este autor que retrata las esencias de la tierra de su familia, “porque el aragonés ha sido siempre muy discreto y no se ha sabido vender ni explicar”.

En tiempos del procés, la pregunta es obligada: ¿un catalán de nacimiento homenajeando Aragón? “Esta tierra siempre me ha tirado y me he sentido aragonés”, responde, “es la tierra de mi familia, que también es la del ferrocarril, todo muy literario; además, quería cumplir con la palabra dada a Labordeta”. Pero matiza que “no se me escapa que la situación que vivimos algunos en Cataluña no es muy conocida fuera; los progresistas españoles nos decían que exagerábamos, pero hay gente que se va de aquí. A mí me ha ido bien, pero no soy parte del régimen que existe aquí, que no te puede echar pero sí te ningunea. No te engaño si te digo que sigo necesitando una tierra que no te pregunte para acogerte. Esto es un dislate que puede arruinar Cataluña. Ya no me siento tan cómodo aquí, donde he nacido. Así que Aragón es mi otra casa, desde allí veo mejor las cosas de aquí”.



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