Un país de contrastes


La diversidad de Israel se puede notar a simple vista, recorriendo sus calles y hablando con su población. Las tradiciones, la historia y la cultura forman parte del común denominador de aquello que nos podríamos imaginar de un país que existe desde 1948, y que se ubica en Medio Oriente, con fronteras en Egipto, Jordania, Siria y Líbano.

El contraste de Israel se hace más evidente cuando se examinan las diferencias entre dos ciudades: Tel Aviv y Jerusalén. Tel Aviv es una ciudad moderna y cosmopolita, donde el ambiente se puede calibrar por el paisaje vibrante compuesto por la actividad frenética de sus bares, restaurantes y discotecas, así como la calidez de su gente.

El Carmel Market tiene una oferta variada hasta en lo gastronómico. Foto: José Vilar (José Vilar/Ciudad de Panamá, Panamá.)

Una parada obligada en Tel Aviv es en el Carmel Market, un mercado donde se congregan multitudes en busca de las mejores ofertas en distintos tipos de productos, que van desde la vestimenta hasta la gastronomía. En ese sitio, las ofertas y las gangas están a la orden del día y es casi irresistible ver los bajos precios ante aquella mercancía que puede ser atractiva. La experiencia gastronómica, en cambio, es única. Degustar platos como el kibbeh, el falafel y el emparedado conocido como shawarma es una experiencia única en Israel, más aún si es a pie de calle.

A pocos metros del Carmel Market, se encuentra la famosa playa de Tel Aviv de la cual es imposible no maravillarse dadas sus aguas cristalinas y su arena blanca, que también evocan las playas de la Riviera francesa. Una escena digna de una banda sonora como la canción La mer (El mar, en francés) del cantautor Charles Trenet.

El atardecer en el puerto de Haifa. Foto: José Vilar

El atardecer en el puerto de Haifa. Foto: José Vilar (José Vilar/Ciudad de Panamá, Panamá.)

No tan lejos también se encuentra la ciudad portuaria de Yaffo, situada al sur de Tel Aviv, que maravillará a todo aquel que la visite debido a su historia y su cultura. Recorrer la ciudad vieja y perderse -siempre acompañado de un guía o de alguien que conozca a profundidad el lugar- es una experiencia única ya que cada una de las calles que componen ese casco viejo tiene una historia que contar entre la antigüedad y la modernidad. Uno de los momentos mágicos que se pueden apreciar desde el puerto de Yaffo es el amanecer y el atardecer del día.

Jerusalén, en cambio, es una ciudad en la que es fácil maravillarse por el significado histórico y espiritual por la que se caracteriza al ser una localidad de referencia para los judíos, los católicos y los musulmanes. Por ejemplo, es imposible no conmoverse -sea religioso o no- al visitar la Iglesia del Santo Sepulcro, uno de los lugares donde Jesús pasó sus últimas horas de vida antes de ser crucificado. El mejor momento para acercarse es entre la mañana y la tarde ya que se pueden apreciar las misas que tienen un toque especial por los cantos gregorianos que se emiten para avisar de la pronta celebración de la Eucaristía.

Otro de los recorridos que se deberían hacer por Jerusalén es por la Vía Dolorosa, una calle que se encuentra en la Ciudad Vieja de Jerusalén y que forma parte del recorrido de Jesús momentos antes de su muerte.

El Muro de los Lamentos es uno de los lugares más sagrados para visitar en Jerusalén. Foto: José Vilar

El Muro de los Lamentos es uno de los lugares más sagrados para visitar en Jerusalén. Foto: José Vilar (José Vilar/Ciudad de Panamá, Panamá.)

El Muro de los Lamentos es otro de los lugares por los que todo turista que quisiera conocer Israel a profundidad debería visitar. Allí acuden muchos fieles ya sea para agradecer las cosas buenas que les han ido pasando o para pedir esos deseos que tanto anhelan ver cumplidos, por lo que la tradición es tocar la pared e insertar un papel con la petición correspondiente, con la esperanza de que se haga realidad. El lugar está dividido entre hombres y mujeres. Y, en la parte de los hombres, en el lado izquierdo del muro hay un centro religioso donde los judíos van a rezar.

En Shabat, cuando se acerca y se consuma el atardecer del viernes, los judíos elevan sus plegarias de múltiples maneras: de manera reflexiva y sosegada o como si fuera una fiesta en la que saltan y cantan temas religiosos en los que expresan su fe a todo dar.

El museo de la Historia del Holocausto Yad Vashem es otra de las localidades por las que se debe pasar en Jerusalén, ya que cuenta de una forma cruenta pero necesaria cómo fue el Holocausto o la Shoá, un evento trágico para millones de judíos en el mundo que fueron señalados e incluso asesinados por la Alemania nazi que extendió su ideología por toda Europa. El museo muestra que cada víctima no es una cifra y que cada persona que pereció en estos hechos tenía sueños por vivir. Un centro que está allí para que la historia sea recordada y no se repita.



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