Un estudio asegura que los británicos sabotean a los robots por miedo a perder su empleo


Robots repartidores

Pequeños robots cúbicos de Starship Technologies, que circularán por 100 universidades de EE UU en 2020 para repartir comida a los estudiantes. En la imagen, varios de ellos en la Universidad George Mason, Virginia.
Jeff Elkins / EFE

La historia se repite. Entre 1811 y 1816, centenares de artesanos ingleses se levantaron ante la llegada de las nuevas máquinas que destruían el empleo. La implantación de telares y máquinas de hilar ahora industriales amenazaban sus empleos, ya que su trabajo podrían hacerlo empleados menos cualificados y con salarios más bajos.

Su respuesta fue destruir esas máquinas. A ese movimiento se le llamó ludismo. Ahora, en 2019, algunos trabajadores británicos parecen haber optado por similar respuesta. En lugar de destruir los robots, los sabotean, en una especie de guerra sorda. Pero la razón es la misma: que las máquinas, ahora inteligentes, les puedan quitar sus puestos de trabajo.

Es al menos lo que ha detectado un estudio británico, titulado Repensar los efectos del país: robótica, IA y futuros laborales de Noruega y Reino Unido. Según esta investigación, hay empleados que ponen obstáculos a los robots a la hora de realizar sus actividades o que simplemente no se “relacionan” con ellos.

El estudio ha comparado el uso de robots en el sector sanitario en Reino Unido y Noruega. Su conclusión es que los británicos se oponen a la introducción de robots en su ámbito laboral. En cambio, en el país nórdico esos mismos robots son bienvenidos, hasta el punto de que reciben nombres afectuosos por parte de los trabajadores “humanos”.

“Parece que los británicos tienen un problema con la difusión y la asunción de la tecnología“, asegura Jonathan Payne, profesor de Trabajo, Empleo y Habilidades de la universidad De Monfort de Leicester y autor del estudio junto a Caroline Lloyd, de la universidad de Cardiff.
 
Payne lo achaca al hecho de que los negocios británicos son menos propensos a entenderse con sus trabajadores. El investigador habla de “empleados que dificultan el trabajo de los robots, de pequeños actos de sabotaje… o de trabajadores que no les siguen la corriente”.

Robots, desempleo y derechos laborales

En España, la OCDE calcula que casi el 22% de los trabajos actuales acabarán siendo realizados por robots o sistemas tecnológicos en los próximos años. Es decir, quedaría comprometida la situación laboral de unos 4 millones de empleados.

Del éxito de esa reconversión depende evitar graves crisis de desempleo, con la creación de nuevos puestos de trabajo para todos adaptados a ese mundo más automatizado y con un mercado en el que se protejan los derechos laborales.

La pasada semana, el Juzgado de lo Social número 10 de Las Palmas de Gran Canaria declaraba improcedente el despido de una administrativa, que llevaba trece años en el puesto, para ser suplida por un programa informático o bot de gestión. La empresa alegó para justificar el despido objetivo informes de futuro sobre el desalentador panorama del sector en las islas “que nada probaban sobre su mala salud económica en el momento de ordenar el despido”.

El juez recuerda que para justificar el despido en razones objetivas es necesario acudir a una causa “excepcional” y expone que la automatización de tareas hasta ahora desarrolladas por humanos no puede considerarse algo singular, cuando todos los estudios apuntan a que “la automatización de procesos como la operada en el caso presente implicará una destrucción de empleos de al menos el 35% de la población activa” en los años venideros



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