SPI-UAF asedio a periodistas de ‘La Prensa’



Este viernes 1 de abril La Prensa intentó entregar personalmente una petición de información a la Unidad de Análisis Financiero (UAF), ya que la misma petición se hizo por correo electrónico un día antes, pero no hubo acuso de recibo. La presencia del equipo del diario en esas oficinas provocó incomodidad y el equipo periodístico fue conminado a dejar las oficinas sin poder entregar la petición.

Las oficinas de la UAF –ubicadas en la sede del Servicio de Protección Institucional (SPI) en Corozal– están también bajo la custodia de ese cuerpo de seguridad, cuyos agentes y oficiales se ocuparon de que La Prensa abandonara las instalaciones, pese a que fue autorizado por el propio SPI –en la garita donde se debe reportar cada visita– a pasar a la sede de la UAF.

Tras recibir la autorización para entrar se consultó por la ubicación del edificio de la UAF para entregar personalmente el cuestionario, dirigido a su directora, Isabel Pérez Henríquez, pero desde que llegó al lugar el asedio comenzó contra el equipo periodístico.

Al ingresar al sitio, una unidad de seguridad, ubicada en la garita, indicó que se debía ingresar a la Sala de Guardia del SPI para el debido registro. Allí se informó que su presencia en el lugar era para entregar una nota. Se procedió entonces a autorizar el ingreso y a dejar constancia de la visita con la entrega de un documento diferente a la cédula de identidad.

Paso seguido, el personal de dicha sala señaló la ruta a seguir para localizar la sede de la UAF. En medio de una lluvia que caía para entonces, el equipo arribó a las oficinas señaladas, donde un cabo en el puesto de guardia –con una puerta a sus espaldas que decía UAF– anunció la presencia del medio en el área.

Luego de 15 minutos de espera, se presentó una persona que se identificó como “cabo” y entregó verbalmente el siguiente mensaje: Allí no se reciben cartas y que si quería enviar una debía hacerlo por correo electrónico, paso que se había hecho un día antes, sin que nadie acusara su recibo. Así se le explicó. De haber respondido, no se habría tenido que intentar entregar la petición personalmente.

El “cabo”, que se presentó con un papel en sus manos en el que tenía anotado el correo y nombre del equipo que estaba en su presencia, insistió en que no se recibiría la carta físicamente, que se enviará un correo electrónico… que, como ya se dijo, se había enviado 24 horas antes.

No obstante, siguiendo las instrucciones del “cabo” y frente a él se envió nuevamente el correo electrónico con la petición de información. Pero, por el antecedente, el equipo periodístico insistió en recibir un acuso de recibo del segundo correo.

El “cabo” volvió a ingresar a las oficinas de la UAF, mientras el equipo de este medio aguardaba en la recepción. Quince minutos más tarde, regresó para informar al medio que la persona a cargo del correo decía que estaba ocupada y que no podía confirmar la recepción del segundo correo electrónico.

¿Cómo un medio de comunicación justifica el envío de una nota sin un acuso recibo? fue la pregunta que se le hizo al funcionario, quien respondió que allí las cosas no funcionaban así y que se debía esperar a cuando el funcionario estuviera disponible.

Ante la insistencia se presentó otro funcionario que se identificó como el “subteniente” de turno. Sin tener conocimiento del motivo de la presencia en las oficinas de la UAF conminó a este medio a retirarse del lugar, ya que no se podía hacer nada más.

Luego otra funcionaria, que se identificó como “sargento”, indicó que no se iba a poder enviar un acuso de recibo. Y en un tono enfático reiteró la conminación al equipo de retirarse del lugar, no sin antes acusarlo de haber ingresado a un área restringida sin ningún tipo de autorización.

El asedio de tres funcionarios de la UAF/SPI obligó a este medio a desistir de la entrega de la petición de información y mucho menos a obtener una confirmación de haber recibido el correo que se había enviado por segunda vez.

Mientras se esperaba que cesara de llover el “subteniente” de turno observaba de cerca el movimiento de los periodistas. Luego, subió a una Toyota Prado y se retiró del lugar. Minutos después –aún bajo vigilancia– el equipo periodístico se presentó a la sala de guardia del recinto para reclamar sus identificaciones, retenidas por el “sargento” de turno, cuando el equipo entró para entregar la carta.

De salida, en la garita principal, la unidad que autorizó al equipo a entrar en el recinto, solicitó al conductor bajar la ventanilla. Y entonces preguntó: “¿Ustedes son prensa? ¿Quién los dejó entrar?; “Usted·”, se respondió. Paso seguido, pidió la identificación de los periodistas y tomó los datos de la placa del vehículo. No es para nada malo, dijo.

Dos horas más tarde, al correo llegó el acuse de recibo de la UAF, del cuestionario enviado más de 24 horas antes.



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