Secarlos bien, protegerlos del sol, hidratarlos… El cuidado de los pies durante los meses de verano


Una mujer se remoja los pies en una piscina.
GTRES

Nos sostienen durante todo el año, pero a menudo los pies son los grandes olvidados, tanto en invierno, cuando los escondemos durante meses en calzados cerrados y apretados, como en verano, exponiéndolos al aire y al sol tras meses de oscuridad.

Es precisamente en la estación más calurosa cuando los pies más suelen sufrir a causa del calor, la sudoración, calzados poco adecuados, la exposición solar o por andar descalzo por lugares poco adecuados. Rozaduras, hongos, grietas, quemaduras… Para evitar todas estas molestias, basta con mimar un poco a nuestros pies siguiendo los consejos de nuestros podólogos.

Una higiene adecuada

Al igual que es resto del cuerpo, es recomendable lavar los pies a diario, pero aún es más importante secarlos bien, sobre todo entre los dedos, para evitar la proliferación de hongos. Para ello, tampoco es conveniente compartir toallas ni calzado con otras personas. Un exceso de sudor también puede hacer que proliferen hongos, por lo que es aconsejable utilizar antitranspirantes si es necesario.

Hidratación a medida

Después de un largo invierno protegidos de las inclemencias del tiempo, de repente, exponemos a nuestros pies a altas temperaturas, rayos solares, al aire, andamos descalzos… Además de cambiar de calzado paulatinamente y no andar por superficies rugosas o calientes para evitar que se deshidraten, es muy importante hidratar los pies a diario para evitar durezas y grietas, tan antiestéticas como molestas.

Es muy importante que sea una crema específica, pues la cremas para los pies son más hidratantes y, sobre todo más aislantes. Según aconseja el Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) en su decálogo, “las cremas hidratantes con urea son básicas en periodos de calor, sobre todo en zonas más secas como los talones. La urea, al ser un queratolítico, ayuda a desprender la piel que necesita renovarse por lo que la hidratación es más eficiente que con las comunes leches corporales”. La hidratación deberá hacerse tras la ducha, evitando la zona interdigital y también antes de exponer los pies al aire o el calor.

El calzado idóneo

Debido al calor, el calzado que más nos apetece llevar en verano son las sandalias y, si tomamos las precauciones adecuadas sobre protección e hidratación, sí son las más adecuadas, pues según aconsejan desde el Colegio Oficial de Podólogos del País Vasco, el pie debe estar bien ventilado. Además, es conveniente que esté sujeto al tobillo y que la suela no sea muy fina.

Lo ideal es llevar suelas o tacones de uno 2 o 3 centímetros para evitar rozaduras, golpes y la sobrecarga de la planta. Las sandalias de goma, tan socorridas en verano, solo debemos usarlas en lugares con riesgo de contraer una infección fúngica, como piscinas, baños públicos, zonas mojadas… y deberemos lavarlas a menudo. Si usamos calzado cerrado, deberá ser siempre transpirable.

¿Es recomendable andar descalzo?

En general, no, pues expondremos a los pies a una mayor deshidratación y probabilidad de rozaduras y lesiones, así como a infecciones. Es importante sobre todo evitar las zonas húmedas, como piscinas o baños públicos para no exponernos a infecciones fúngicas.

Los paseos por la playa, en cambio, no son contraproducentes, siempre y cuando, según el ICOPCV, se hagan “en doble sentido”. “De esta forma, si hay desnivel, no se producirá sobrecargas de una zona sólo. Además, el masaje de la arena sobre los pies beneficiará la circulación venosa y linfática”, aseguran.

Protégelos del sol

Parece una obviedad, pero es necesario ponerse protección solar en los pies, también en el dorso. Y es que tendemos a aplicar la crema hasta los tobillos y olvidarnos de los pies, lo que a menudo se traduce en quemaduras en esta parte del cuerpo, sobre todo en los empeines, donde los rayos de sol nos dan más perpendicularmente.

Ojo con las rozaduras

Las rozaduras, además de ser muy dolorosas, pueden facilitar las infecciones, tanto de hongos como de bacterias, si no se curan adecuadamente. Lo mismo ocurre con las grietas.

Para evitar las rozaduras, lo mejor es usar un calzado blando y adecuado y no pasar del calzado cerrado a las sandalias de golpe. Si no has podido evitarlas, facilitarás su cura si las explotas y quitas el líquido, las desinfectas sin retirar la piel y las cubres con un apósito adecuado.

Visita al podólogo

No esperes a tener algún problema en los pies para acudir al podólogo. Una visita antes y después del verano garantizará la salud de tus pies a lo largo del año.



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