Sábado picante



El mundo es algo insólito. En Guatemala, la jefa del Ministerio Público destituyó la semana pasada a un fiscal que Estados Unidos llamó “el campeón anticorrupción”. Metió preso a un expresidente y a su vicepresidenta. La señora que lo destituyó se llama María Consuelo Porras, pero esta semana los guatemaltecos le cambiaron el nombre a “Consuelo de los Corruptos”, y la mandaron a la porra en protestas de verdad —en la calle—, contrarias a las que hacemos aquí –y ni tan concurridas– en Twitter o Instagram.

Si no fuera porque el señor Poll Anria –el caballero de los call centers en Guatemala– dice no tener relación alguna con ese país (jajaja), uno pensaría que el guión usado por la jefa del MP guatemalteco se lo prestó uno de los distinguidos amigos del “comunicólogo”. Por ejemplo, el fiscal estaba investigando desde el Presidente y sus ministros, hasta miembros del Congreso.

Entonces, llega la señora Consuelo; comienza a quejarse de las “exageraciones” del fiscal; no quiere saber de testigos que acuerdan confesar sus crímenes, pues quedarán expuestos tirios y troyanos. Trata de parar las investigaciones. No puede. Bota al fiscal y desbarata la más importante fiscalía anticorrupción. Desconsolada, Consuelo se queja de que el fiscal era selectivo y que cometía abusos y atropellos. Juro por Dios que he visto esta película antes. Es más, creo que la están repitiendo en los cines de plaza Ágora.

Dejemos Guatemala y hagamos escala en Colón, para ver lo último del alcalde Alex Lee, que poco honor le hace a su apellido, pues, de haber leído un poco, quizás la histórica casa Maal que ordenó demoler, junto con su parner Bolota Salazar, siguiera en pie a esta hora y no hecha escombros. No quiero pensar en las fantasías de estos dos al ver la torre de Panamá La Vieja. Seguro se la cargan.

Ya lo dijo el boludo, perdón Bolota: es “hora de tumbar todos esos edificios viejos y feos… los que se puedan salvar los salvaremos para mantener nuestra historia, pero no se hace nada. Cada semana tumbaremos uno”. Por favor, no vayan a Portobelo. La apetencia de hacer desaparecer ruinas puede ser incontenible.

Y el destino final de este tour de lo insólito termina en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea, donde el diputado Raúl Pineda anunció que el ingeniero de las bolsas con comida (Julio Caballero), que renunció del MOP –donde ganaba $3 mil al mes– fue contratado por él, en sus empresas. Ahora entiendo por qué Pineda ha presentado tantas veces el proyecto para evitar que las empresas pidan récord policivo: ¡segundas oportunidades!

Pineda se quejó de que en este país se condena sin investigar. Coincido. No tengo dudas de que Huevito hizo un mea culpa por lo insidiosos que son cuando están en sus incidencias. Lo que los jueces legislativos sentencian ahí es inapelable, irrefutable e irrebatible ad aeternam.



Source link

A %d blogueros les gusta esto: