Sábado picante


Gilberto Ventura Ceballos estremeció el Gobierno como nadie más lo había hecho hasta ahora. Es un matón, peligroso y despiadado como pocos, pero un delincuente común. Su segunda fuga fue lo que colmó la paciencia del presidente, quien prescindió de los servicios de dos ministros de Estado, uno de ellos, su amigo personal. ¿Cuál es la lección que nos deja todo esto? Empiezo por reconocer que poco sé de seguridad nacional, pero sé lo suficiente sobre lo que no debería ser.

Lo primero que me pregunto es en manos de quién está el Consejo de Seguridad Nacional. Sé que tiene un secretario ejecutivo, pero el decreto que refundó esta institución tiene solo dos miembros: el presidente de la República (Nito Cortizo) y el ministro de la Presidencia (Gaby Carrizo). ¿De verdad creen que esta norma se debe mantener como está?

Una de las funciones del secretario ejecutivo del Consejo es “prevenir, evitar y enfrentar… las operaciones o actividades de la delincuencia, crimen organizado […] y las que atenten contra la personalidad jurídica del Estado…”. Es decir, el Consejo debe vigilar a delincuentes comunes, incluidos los organizados. Y de lo que hemos sido testigos hasta ahora es que la delincuencia ha tomado ventaja del “quítate tú para ponerme yo”, pues los miembros del Consejo de la pasada administración fueron desplazados y reemplazados, como si todos ellos debieran responder, no a una institución, sino a un partido o político.

Rolando Mirones, quien al hablar de los problemas del sistema penitenciario, en referencia a la masacre de La Joyita, dijo hace apenas unas semanas que “somos la solución del problema”, fue víctima de sus propias decisiones. Tal vez si profesionales de inteligencia ocuparan esos puestos respondiendo a directrices de Estado y no a alguien o a un partido, el hoy exministro estaría aún en su puesto. Pero no parecen haber aprendido nada del caso de los pinchazos. Como si fueran invidentes políticos, se estrellan como autómatas contra la misma pared.

Consecuencia de ese juegavivo con el que habitualmente se conducen, son incapaces de observar su entorno, de leer una historia que se escribe en sus narices. Es así cómo las credenciales académicas, técnicas y prácticas para dirigir, organizar y administrar el sistema penitenciario distan del peso que posee una recomendación política, porque –reconozcámoslo– en la mayoría de los casos, los funcionarios de alto perfil –incluso sus subalternos– no trabajan para concretar un proyecto de Estado, sino para edificar su proyecto personal. Y de eso se aprovechó un delincuente común que, sin disparar un tiro, aniquiló a dos ministros de Estado usando un arma terriblemente mortal: la ridiculización.

La seguridad nacional es un asunto serio, sobre todo en las actuales circunstancias. Hasta el propio Omar Torrijos recomendaba: “Entre más se consulta, menos se equivoca uno”. Pero Torrijos parece haber desaparecido hasta en el ideario del PRD, pues la falta de consulta lleva ya dos bajas… y contando.



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