Sábado picante



El diputado Juan Diego Vásquez, sin el respaldo de call centers, hizo lo que deberían hacer también sus colegas de oposición. Al escucharlo, reafirmé mi creencia de que la juventud panameña, pese a lo arrinconada que está, tiene mucho que aportar, que hay esperanzas de un nuevo país, de que el servicio público aún puede ser una carrera respetable. Quizá no haga el verano, pero por algo se empieza. El liderazgo de un joven como Juan Diego Vásquez y sus colegas independientes en la Asamblea crea esperanzas.

Esta semana, Vásquez y otros diputados independientes –como Edison Broce– cuestionaron la gestión de un par de ministros de Estado. Sin hipocresías ni lambonerías, exigieron rendición de cuentas. Y me complació mucho que esos ministros que se creen virreyes, divinos, intocables e incuestionables, pasaran el peor momento de su día tratando de responder por su incompetencia. Y me gustó que los diputados hicieran lo que no podemos hacer los mortales: decirles de frente lo que sufrimos por lo inútiles que son.

Del otro lado de la mesa estaban el ministro de Obras Públicas y al día siguiente, el de la Presidencia. Del primero no hablaré. Basta con decir que su gestión se resume a dos palabras (que vienen a ser el diagnóstico y el remedio): inservible… y renuncia. Lo demás serían insultos inapropiados, pero bien ganados. El presidente solo tiene que firmar su destitución y asunto arreglado.

Pero en el caso de Gaby Carrizo, a ese nos lo tenemos que aguantar casi dos años más. Carrizo no genera grises: con él, la cosa es luz u oscuridad. Y yo no veo luz. Sí veo cinismo e hipocresía. Para empezar, su retórica –para ocupar el cargo que exhibe con ostensible vanidad– es tan pobre, que hasta Benicio Robinson se avergonzaría. Y, en lo que se refiere al fondo de su mensaje, la soberbia con la que habló desnudó más su irrespeto por la institucionalidad.

¿Alguna vez ha sido transparente? ¿Qué ha hecho por la justicia? No fue él el que dijo en enero de 2020 que en el pasado inmediato “se utilizó el poder político para perseguir, para satisfacer propósitos personales, y en el camino se le hizo mucho daño a nuestra sociedad, a nuestro país y a nuestro futuro; el pasado nunca más, debemos dejarlo atrás”. ¿Eso no es irrespetar la justicia?

Lo que nos ofende es ver políticos corruptos… e impunes, y él no hace nada. Ver al Órgano Judicial caer de rodillas por una moneda, de esas que todos llamamos Martinelli y él, nada. ¿Cómo se atreve a hablar de igualdad para todos y nada hace por conseguirlo? ¿Igualdad? Pero es que su vanidad es, por lejos, mayor que su intelecto. Señor vicepresidente, pese a su arrogancia, le daré un consejo, así sea que termine en la basura: mire, señor Carrizo, nunca más trate de enfrentar a Juan Diego Vásquez. Ahora que usted adquirió más conocimientos sobre caballos, debe saber (mejor que la mayoría) que hay purasangres y trapicheros.



Source link