Sábado picante



David Saied Torrijos, tras 20 años de militancia, renunció al PRD, como lo vienen haciendo prestantes figuras de ese colectivo, como Fernando Aramburú Porras esta semana y, en el pasado reciente, Leonor Calderón. La consecuencia de la renuncia de Saied fue una vendetta: despido ipso facto como asesor económico del Ministerio de la Presidencia. La excusa: habló mal del gobierno, según el call center que lo ha atacado cobarde, anónima y despiadadamente en redes sociales desde hace días.

Es decir, si criticas desde dentro las acciones de políticos que no tienen idea de lo que hacen, te conviertes en enemigo; y si criticas desde fuera, entonces eres peor, porque el PRD te acogió alguna vez en su seno; te dio pan y tú, a cambio –malagradecido– nos criticas después de todo lo que hemos hecho por ti.

Uno de los call center del gobierno se pregunta qué quería Saied. Acaso “¿recibir pagos quincenales para que continuara destruyendo la acción del Gobierno Nacional? Absurdo. Precisamente se le contrató para lo contrario. Para que ayudara a mejorar la gestión pública”.

Me pregunto yo, ¿para qué sirve un call center? ¿Para mejorar la gestión pública? Absurdo, como dirían ellos mismos. Solo sirve para atacar a los ciudadanos que no comparten su manifiesto amor por la corrupción, el latrocinio y la incompetencia de estos ignorantes que dirigen la cosa pública. Se comportan como mafiosos, que una vez dentro de la organización criminal, no los puedes abandonar, salvo que quieras sufrir las consecuencias, como el artero ataque del que ha sido víctima alguien que ahora ven como traidor, por decir lo que ellos no quieren oír.

Si Saied fue echado del gobierno porque no pudo ayudar en la gestión pública, yo podría exigir lo mismo del inútil del ministro de Obras Públicas, Rafael Sabonge; del incapaz del vicepresidente Gaby Carrizo; del impresentable director del Ifarhu, Bernardo Meneses; de los ladrones de los alcaldes y representantes, cuyo salario fue inflado para cobrar como si fueran monarcas; de los diputados, que no han dejado de robar nunca; del bueno para nada del alcalde de Panamá y de otros muchos que están más preocupados por llenar sus bolsillos que por el bien de sus conciudadanos.

¿En qué ha mejorado la gestión pública el ministro de Economía y Finanzas? ¿Aumentando como nunca la deuda nacional sin dar explicaciones de cómo se han gastado fortunas? ¿Por qué el call center no decapita en redes al director de la AAUD, quien ha dejado que la ciudad capital se convierta en un muladar? Supongo que no se van porque saben el precio que deberán pagar si abandonan pateando la puerta.

El que quiera ser miembro del servicio público en este gobierno debe atenerse a lo siguiente: no puede violar la omertà, código de la mafia, ley del silencio; su ley de leyes. Y si viola la omertà, el precio es la vendetta, la misma que hoy sufre David Saied Torrijos.



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