Roe vs Wade, y las guerras del presidente Biden


El presidente estadounidense Joe Biden tiene su plato lleno: la renuencia a la vacunación contra la Covid-19, la salida de Afganistán, la insurrección conservadora contra su gobierno, y ahora un salto al vacío de la Corte Suprema de Justicia en materia de derecho al aborto de las mujeres residentes en Estados Unidos.

La decisión que tome la mayoría conservadora de la Corte Suprema sobre Roe vs Wade definirá un momento histórico en la política de Estados Unidos y producirá una intensificación de la fractura social de ese país.

Un caso extraordinario: Roe vs Wade

Posiblemente el caso más famoso de la jurisprudencia estadounidense esté frente al precipicio judicial. La causa se inició en Texas en el año 1971, cuando Norma McCorvey, una tejana de Dallas afirmó que había sido violada y que quería abortar el producto de esa agresión. Para ese momento, ya una corte federal había legalizado el aborto, pero el fiscal de la ciudad de Dallas, Henry Wade, se negó a obedecer el precedente judicial, por lo que no permitió que se efectuara el aborto, aplicando la Ley de Texas que solo lo permitía cuando peligraba la vida de la madre.

Dos jóvenes abogadas, Sarah Weddington y Linda Coffee, tomaron el caso e interpusieron una serie de demandas judiciales que llegaron hasta la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. El 22 de enero de 1973, siete de los nueve magistrados de una Corte compuesta únicamente de varones reconoció el derecho al aborto de todas las mujeres en Estados Unidos. El efecto jurídico fue inmediato: todas las leyes que lo restringían y penalizaban, en los 50 estados de la unión, quedaron abolidas.

Mucho antes del fallo Roe vs Wade, Norma había dado a Luz un bebé que entregó en adopción. En la década de 1990, se convirtió al bando contra el aborto, afirmando públicamente que había mentido sobre la violación.

La lógica de una decisión judicial

La sentencia de Roe vs Wade fue decidida por magistrados varones en una sociedad individualista. El fallo se fundamentaba en el derecho a la privacidad derivado de la IX y XIV Enmiendas de la Constitución de Estados Unidos. Para los magistrados, el Estado no podía imponer su voluntad sobre el cuerpo de las mujeres.

En las siguientes décadas, la reversión del fallo de Roe vs Wade se transformó en un eslogan de campaña de los sectores conservadores. Con este tema, los presidentes Ronald Reagan (1981-1989) y Donald Trump (2017-2021) le sacaron mucho millaje a su promesa de anular esta decisión. La estrategia republicana había sido dificultar el aborto, creando requisitos procedimentales para las mujeres embarazadas, trámites adicionales para los médicos y clínicas, así como también eliminando el financiamiento federal de ese procedimiento quirúrgico. En el juego del gato y el ratón de este tema, los gobiernos demócratas restauraban lo desmantelado por los republicanos, y la Corte Suprema garantizaba que ninguna medida contra el aborto se salía de las manos.

La insurrección blanca y conservadora

Desde finales de la postguerra civil de Estados Unidos (1861-1865), los sectores blancos conservadores, principalmente del sur y del oeste de ese país, desarrollaron estrategias de resistencia a la inclusión racial, al desarrollo de los derechos civiles, a los inmigrantes y, por supuesto, a los derechos de las mujeres. Periódicamente estos movimientos se transforman y se hacen visibles incidiendo sobre la política estadounidense.

En un cambio de estrategia, para mantener su fortaleza electoral, el Partido Republicano fue reclutando juristas antiaborto para ocupar las magistraturas federales de todo rango. Poco a poco se fue construyendo una jurisprudencia de un derecho al aborto que dependía más de organizaciones sociales y del acvtivismo femenino, que de los fondos públicos.

Incluso en los sectores afines a Roe vs Wade había duros cuestionamientos a los fundamentos de esa decisión judicial. Así, la jurista progresista Ruth Bader Ginsburg había alegado que el derecho al aborto no podía estar fundamentado en el derecho a la privacidad, si no en el derecho a la igualdad. Como las mujeres tenían una carga desproporcionada, la ley debía reconocerles derechos proporcionales a esa carga. La litigante se convirtió en jueza federal y, luego, en magistrada de la Corte Suprema de Justicia, pero, irónicamente, su muerte en 2020 le permitió a los republicanos reducir el número de magistrados de tendencia demócrata a solo tres, el número más bajo en ocho décadas.

El aquelarre contra Biden

A finales de agosto de este año, el Estado de Texas aprobó una ley estatal que permite el aborto hasta las seis semanas de gestación, sin excluir los casos de violación o incesto. Tan pronto se secó la tinta de la firma de esa ley, múltiples litigantes corrieron a interponer un amparo, la Corte Suprema de Estados Unidos se negó a admitir el recurso, creando la extraña situación de que Roe vs Wade sigue vigente, pero una ley que lo viola también está vigente.

La controversia del aborto se adiciona al complejo tablero de crisis nacionales e internacionales que Biden debe atender. La ley tejana antiabortos se suma al ataque republicano contra las vacunas y las mascarillas, así como a los esfuerzos de seguidores de Donald Trump, de activar recuentos electorales espúreos en los estados en los que Biden ganó estrechamente.

Aunque la controvertida salida de Estados Unidos de Afganistán dejó a Biden golpeado en su credibilidad en las encuestas, sus grandes programas legislativos de mega-inversiones en infraestructura y para combatir el cambio climático están cada vez más próximos a convertirse en realidad. Esto sería el mayor cambio de la economía de Estados Unidos en lo que va del siglo XXI.

Todo parece indicar que los movimientos ultraconservadores están en etapa de preparación de movimientos masivos, curiosamente inspirados en los talibanes de Afganistán. Para ellos, si un pequeño ejército de fundamentalistas religiosos pudo derrotar a un gobierno respaldado por Estados Unidos, ellos también.

Pase lo que pase judicialmente en la Corte de Estados Unidos, se ha avivado la llama del divisionismo, y una lucha que gran parte de las mujeres estadounidenses pensaban superada, parece que volverá a iniciarse.



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