Recordar la memoria


Hace unos días, el presidente de la República sancionó la ley que declara el día 20 de Diciembre (con mayúsculas para mí, es un nombre, como la Invasión) como día de duelo nacional. La discusión sobre los motivos de la Invasión y los protagonistas políticos de la misma, no debe empañar la satisfacción de ver que se salda una deuda con nuestra memoria.

No se trata de abusar de ella, como advierte Todorov en su ensayo “Los abusos de la memoria”: se trata de preservar el recuerdo de aquello que nos hicieron para que las nuevas generaciones sepan de dónde venimos, y hacia dónde pueden llevarnos si no tenemos el valor de mirar a los ojos de nuestra Historia.

Entiendo la consigna “Prohibido olvidar”, pero contiene un sesgo autoritario que ni siquiera en algo tan grave como la Invasión debemos permitirnos: el olvido es también un derecho, pero la indiferencia es un síntoma de deterioro moral. La única manera de preservar una memoria sana de nuestro pasado es haciendo pedagogía, enseñando a observar los acontecimientos históricos, reflexionando sobre aquellos días tan oscuros de nuestra historia reciente.

Esta ley no debe ocultar, por otro lado, la deriva absurda y corrupta de este gobierno (ojo con la doñita chiricana, que allí sigue). Lo menos que podían hacer era esto, no tiene ningún mérito, es sólo una operación cosmética de un Ejecutivo en estado crítico. Pero gracias, señores políticos por hacer, por una vez, su trabajo bien hecho.

Todos los años, señores profesores de Español y Literatura, pongan a leer a sus alumnos “Aviones dentro de la casa”, pongan a los pelaos a discutir y a reflexionar en esa maravilla de novela corta de Carlos Fong, uno de nuestros grandes escritores contemporáneos. Así haremos pedagogía, enseñaremos a reconocer un buen libro, y sembraremos la semilla del recuerdo de nuestra memoria. Porque la tenemos, sí, no nos olvidemos, si no queremos que vengan a recordarnos como nunca fuimos.

El autor es escritor



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