Qué significa tener una fase luteínica corta y cómo afecta en la implantación del embrión en el útero


Se habla mucho del ciclo menstrual, de la ovulación, la menstruación… pero a menudo nos olvidamos de una fase igual de importante que las anteriores y que también influye de manera directa en la fertilidad. Se trata de la fase lútea o luteínica, la fase más larga del ciclo menstrual cuya función es vital para conseguir que se implante el embrión y el embarazo siga adelante.

Qué ocurre durante la fase luteínica

La fase lútea tiene lugar justo después de la ovulación y se prolonga hasta el día antes de la menstruación, es decir, que comprende casi la mitad del ciclo, desde el día 13-14, hasta el 26-27, para periodos de 28 días.


Durante esta etapa, el folículo que ha hecho madurar el óvulo queda vacío tras la ovulación. En este folículo se desarrolla una pequeña nueva glándula de color amarillo cuya función es segregar progesterona, que es la hormona que favorece y protege el embarazo. Esto provoca que sea posible que se constituya el cuerpo lúteo, muy rico en colesterol. Gracias a las hormonas que se segregan, el endometrio se prepara para albergar y nutrir el óvulo fecundado hasta que pueda hacerlo de la sangre materna a través de la placenta. Además, el cuello del útero segrega un moco espeso que impide la entrada de gérmenes que perjudiquen el desarrollo del óvulo fecundado. Si en la fase lútea todo se desarrollo correctamente, la implantación del embrión en el útero tendrá lugar entre 7 y los 10 días tras la ovulación.

Si no se produce embarazo, el folículo, que se encuentra vacío, se contrae y los estrógenos y de progesterona se siguen segregando, aunque en menor cantidad, de ahí que puedan tener lugar los síntomas propios del síndrome premenstrual, que son parecidos a los que tienen lugar si hay embarazo, como hinchazón, irritabilidad o el dolor en las mamas, etc. Cuando las hormonas descienden mucho, tiene lugar la menstruación.

¿Qué pasa si es demasiado corta y por qué ocurre?

Una fase lútea suele durar entre 10 y 16 días. Si es demasiado corta, es decir, si dura menos de 9 o 10 días, puede existir lo que se conoce como insuficiencia lútea. Si existe insuficiencia lútea de manera habitual, se segrega menos progesterona de lo necesario y el óvulo fecundado tendrá problemas para implantarse, lo que dificultará el embarazo -el endometrio se desprende antes de la implantación- o provocará abortos durante las primeras semanas de gestación.

Este acortamiento de la fase lútea puede deberse a varias causas, como disfunciones ováricas provocados por trastornos tiroideos (hipotiroidismo e hipertiroidismo), por hiperprolactinemia (aumento de la hormona prolactina en sangre) o por trastornos de la alimentación. También puede estar ocasionada por otros factores, como la ansiedad, la obesidad, el exceso de ejercicio o simplemente el envejecimiento, pues, especialmente después de los 40 años, los ciclos menstruales empiezan a acortarse. El óvulo ya no es de tan buena calidad y, tras la ovulación, el folículo ya no puede mantener la fase lútea durante los días necesarios.

¿Se puede tratar?

Antes de tratar diagnosticar insuficiencia lútea, hay que diagnosticarla, algo que no suele ocurrir a no ser que la mujer esté teniendo dificultades para concebir, pues los síntomas son muy sutiles y hay que estar muy atento a ellos para darse cuenta. Estos pueden ser un periodo corto desde la ovulación hasta la menstruación o pequeños sangrados entre ciclos.

Una mujer hablando por el móvil

Un análisis de sangre que indique un bajo nivel de progesterona o alto de prolactina pueden ser buenos indicativos, pero la prueba más fiable es realizar una biopsia endometrial 1 o 2 días antes de la menstruación.

En caso de que exista, se deberán buscar las causas. Si la mujer tiene alguno de los problemas de salud antes mencionados (problemas en la tiroides, hiperprolactilemia…), tratarlos puede ayudar a solucionar el problema.

Otra alternativa es la administración de progesterona a partir de la ovulación y, en caso de que hubiera embarazo, prolongar el tratamiento hasta la semana 12 o 13 de embarazo. En algunos casos también se recurre a las inyecciones de hormona llamada gonadotropina coriónica, la responsable del embarazo.

Los tratamientos con progesterona, por ejemplo, forman parte del protocolo habitual en los tratamientos de reproducción asistida. Y es que, la hiperestimulación de los ovarios puede provocar defectos de la fase lútea y que el cuerpo lúteo es incapaz de producir suficiente progesterona. Administrando progesterona aumentan las probabilidades de éxito del tratamiento, ya sea por inseminación artificial o fecundación in vitro. 



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