qué es la liraglutida (Saxenda) y en qué casos es adecuada


Con la llegada del buen tiempo primaveral muchas personas comienzan a afrontar la ‘operación bikini’, un heterogéneo conjunto de estrategias para perder peso de cara al verano. No obstante, los intentos para adelgazar sin pauta médica muchas veces pueden ser poco saludables.

Y es que, en cualquier caso, sólo debería intentarse perder peso cuando un médico nos lo recomiende individualmente y de la manera en la que él nos lo paute. En la práctica, en cambio, vemos que se popularizan dietas ‘milagrosas’, rutinas de ejercicio, suplementos alimenticios o, ahora, el medicamento inyectable liraglutida, comercializado bajo el nombre Saxenda.

Un medicamento eficaz para la obesidad y la diabetes

Lo cierto es que la liraglutida es uno de los pocos medicamentos frente a la obesidad aprobados por la EMA, lo que sin embargo no quiere decir que deba o pueda usarse indiscriminadamente.

Se trata de un análogo de las incretinas, una serie de hormonas que produce nuestro intestino como respuesta a la ingesta de alimentos y que entre otras cosas regulan la secreción de insulina en el páncreas y de este modo reducen la glucosa en sangre. Precisamente por este mecanismo de acción se usa también como tratamiento en pacientes con diabetes mellitus 2.

La dosis se ajusta en función del paciente y se administra por inyección subcutánea de forma diaria, consiguiendo una disminución en la sensación de saciedad. Con todo, el medicamento en sí no es suficiente para provocar una pérdida de peso: es necesario combinarlo con una pauta nutricional adecuada y con ejercicio físico.

Más riesgo de efectos secundarios si no se usa bien

El tratamiento con liraglutida (que está aprobado para pacientes a partir de los 12 años de edad) está pensado, por tanto, como un complemento para las intervenciones sobre el estilo de vida en personas con obesidad o sobrepeso clínico que muestren una motivación adecuada. Este último punto es importante, ya que una dieta inadecuada multiplica las probabilidades de sufrir algunos de los efectos secundarios.

Estos incluyen hipoglucemias, náuseas, sensación de pesadez, diarrea, estreñimiento, vómitos, flatulencias, reflujo gastroesofágico, cefaleas, mareos, aumento del pulso y, más raramente, pancreatitis y la formación de cálculos biliares.

Por todo ello, es vital que la administración de liraglutida esté siempre supervisada por un especialista, y que en todo caso se emplee como una pieza más de una estrategia terapéutica que incluya intervenciones dietéticas y de ejercicio físico y no como un remedio milagroso para perder peso de cara al verano.



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