Nuestro planeta, nuestra salud


El Día Mundial de la Salud se celebra cada siete de abril para conmemorar la creación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948.

Un medio ambiente limpio es esencial para la salud y el bienestar de las personas. La salud de la población se afecta por el deterioro ambiental. La afectación del ambiente causa inundaciones y desastres naturales. Ello provoca cambios en la generación de enfermedades transmitidas por vectores. Más allá del deterioro ambiental, el cambio climático, la pérdida de nuestros bosques y el mal uso del suelo pueden repercutir en el bienestar humano. Un ejemplo de ello es su impacto en la seguridad alimentaria. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la neumonía sigue siendo la principal causa de muerte originada por enfermedades infecciosas entre niños menores de cinco años. De hecho, provoca la muerte de unos 2,400 niños todos los días en el mundo. Existe una estrecha correlación entre los niños que fallecen a causa de una neumonía con factores como lo son la desnutrición, la falta de agua potable y los servicios de saneamiento, la contaminación del aire en recintos cerrados y el acceso insuficiente a la atención de la salud.

Panamá no escapa de esta realidad. Ente los principales problemas ambientales que enfrenta se encuentra el mal uso del agua; y la degradación o baja calidad del suelo debido a malas prácticas como la contaminación por agroquímicos, el depósito de desechos sólidos de animales en ríos, la quema de árboles y la deforestación.

Panamá hizo historia el 10 de marzo de 2020 al adherirse al Acuerdo de Escazú, el más importante sobre derechos humanos y justicia ambiental de Latinoamérica y el Caribe. Según el Segundo Informe Bienal de Actualización sobre cambio climático, los bosques panameños capturan más carbono que el total de las emisiones de gases causantes de la crisis climática. Es un dato que nos incentiva a ver la importancia de la protección del medio ambiente. No es suficiente. Recientes decisiones que intentan coadyuvar a superar la crisis económica no han sido las mejores. Se paga un alto precio ambiental al dar paso expedito a la minería a cielo abierto. Si bien generará altos ingresos, el impacto de las actividades mineras a gran escala sobre los bosques tendrá consecuencias drásticas, que imposibilitarían la recuperación de la vegetación original. De acuerdo con la Sociedad de Salubristas: “La minería a cielo abierto ha sido una actividad nociva que ha causado enormes daños permanentes a la salud humana, la flora, la fauna, el agua y todo el ambiente”.

Ahora, sabemos cómo incide el medio ambiente en nuestra salud: ello nos lleva a realizar un llamado de atención a nivel nacional, considerando el panorama que nos presenta la activista ambiental y fundadora del Movimiento Mimar, Serena Vamvas, quien manifiesta: “empujar la actividad minera en Panamá es incongruente con la salud pública, ya que provoca grandes problemáticas a la seguridad alimentaria al ser el agua el recurso más afectado, por lo cual nuestro futuro está en riesgo”.

Preservar nuestros recursos naturales es tarea de todos, desde pequeñas iniciativas en los hogares, hasta grandes acciones en nuestras comunidades. La clave está en fortalecer la cultura ambiental iniciando en los más pequeños.

El bienestar humano dependerá de la conciencia ambiental que haya en el mundo. Urge enseñar, desde la primera infancia, la importancia de preservar el medio ambiente para cuidar nuestra salud. Los alimentos que comemos, el aire que respiramos, el agua que bebemos y el clima que nos rodea, son variables que, dependiendo de su calidad, incidirán en nuestra salud física y mental. En la actual coyuntura, la pregunta a hacerse es: ¿Qué estás haciendo para proteger nuestro planeta? A partir de esta interrogante, no dudemos, como jóvenes, en convertirnos en agentes de cambio. Aunque las nuevas generaciones seamos las que menos responsabilidad tengamos en cuanto al deterioro ambiental, seremos las que nos corresponderá sufrir las peores consecuencias de las decisiones que otros tomaron.

El autor es estudiante de Medicina y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación



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