¿Nubarrones en el panorama?


El año 2020 estuvo marcado por la pandemia de la Covid-19 y las medidas implementadas para evitar su propagación. Con más de 1.8 millones de fallecidos a nivel mundial a causa del virus, esta pandemia comprometió los sistemas de salud pública, impuso restricciones a la movilidad, limitó la libertad individual y afectó la economía, dando como resultado una caída estimada en 4.4% de la producción mundial, disminuyendo el comercio internacional y el empleo.

Pese al entorno, algunos activos financieros mostraron resultados favorables. Superada la incertidumbre que se dio al decretarse la pandemia global en marzo, la renta variable norteamericana recuperó terreno, cerrando el año con niveles récord de cotización y generando rendimientos de 46.3% en el Nasdaq; 16.3% el S&P 500; y 7.2% en el Dow. En Asia, donde se ha dado un manejo eficiente de la situación, los inversionistas ubicaron oportunidades en acciones, dando como resultado rendimientos de 36.7% en el índice de Shanghái y 22.3% del Nikkei.

Igualmente, en busca de refugios seguros, los inversionistas colocaron sus recursos en instrumentos del tesoro norteamericano y en oro, con rendimientos de 10.0% y 24.6%, respectivamente.

En cuanto a la recuperación económica, se prevé que Estados Unidos regrese a los niveles previos a la Covid-19 en 2021. En el caso de Europa, se estima que le tomará más tiempo y para China, única economía importante que experimentó crecimiento positivo durante 2020, se espera que crezca 7.9% en el 2021.

En América Latina la historia es diferente. Con pocas excepciones, los sistemas públicos de salud son deplorables, colapsando con la pandemia. En el plano económico, la aparición del virus coincidió con una fase recesiva del ciclo económico, en donde el crecimiento promedio de los últimos 10 años hasta 2019 había sido de apenas 2%, debido al final del ciclo alcista en el precio de las materias primas, el endurecimiento de las políticas monetarias en los mercados desarrollados y a las perturbaciones políticas y sociales, lo cual dio como resultado un incremento en el desempleo y deterioro de las finanzas públicas.

Los rendimientos negativos de la renta variable de la región reflejaron la difícil situación, pues los retornos del Bovespa, Merval de Argentina e IPC de México fueron de -20.1%, -12.5% y -4.2% respectivamente. La divergencia entre los resultados de los mercados accionarios norteamericanos y asiáticos y los de América Latina son explicados por la velocidad con la que las empresas de estos mercados adoptaron las prácticas de la cuarta revolución industrial, mientras que en las nuestras se hacen los esfuerzos para terminar de acoplarse a la tercera.

Por otro lado, dado el exceso de liquidez mundial, generado por las políticas de estímulo en los mercados desarrollados, los gobiernos acudieron a los mercados internacionales a captar recursos para enfrentar la delicada situación de salud pública, incrementando el endeudamiento, presagiando una presión fiscal en los próximos años.

Esto crea nubarrones en el panorama, pues un manejo poco adecuado de la crisis y de la situación fiscal provocará complicaciones políticas, sociales y económicas.

El autor es financista



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