“No basta humanizar los partos sin epidural, sino todos; también las cesáreas programadas o urgentes”


La matrona Paula Camarós, más conocida como Baby Suite, lleva tiempo revolucionando las redes sociales hablando de embarazo, parto y posparto. Esta auténtica ‘influencer de la obstetricia’ cuenta con 590.000 suscriptores en su canal de Youtube y más de 200.000 en su Instagram a los que ha enganchado por su estilo claro, ameno y atractivo a la hora de abordar todos estos temas relacionados con la maternidad. 

Ahora publica El poder de crear vida (Planeta, 2022) una exhaustiva guía de casi 500 páginas en la que aborda no solo las diferentes etapas del proceso de ser madre sino también creencias infundadas o la importancia de la salud mental en este periodo. ¿Su objetivo? Que las mujeres tengan la información necesaria en sus manos para “sentirse más empoderadas y estar preparadas para tomar sus propias decisiones”.

¿Qué aporta El poder de crear vida a a otros libros sobre embarazo, parto y posparto ya publicados?

Te diría que aporta frescura. Cuando me contactó la editorial y empezamos con este maravilloso proceso busqué todo lo que había publicado hasta la fecha y estaba muy obsoleto. Por supuesto, en el mercado hay libros sobre el embarazo, parto y posparto que año tras año siguen siendo bestsellers pero El poder de crear vida es un libro extremadamente completo, cargado de contenido y sobre todo destacaría que está contado de una forma muy sencilla, con ilustraciones maravillosas que refuerzan las partes que pueden ser más más densas de leer y basado en la última evidencia científica. Además toca temas que otros pasan por alto.

“En los países en los que la medicina está a la orden del día estamos medicalizando un proceso natural y fisiológico que no debería serlo salvo en ciertos escenarios”

En el libro y en tu carrera en general has tomado como referencia una cita del obstetra francés Michel Odent: “Para cambiar el mundo primero hay que cambiar la forma de nacer”. ¿Qué defiendes para que este cambio sea posible y para que las decisiones y autonomía de las mujeres embarazadas sean cada vez más respetadas?

Realmente hemos empezado a perder un poco el norte a raíz de medicalizar un proceso que no debería ser medicalizado. Los porcentajes son alarmantes, de hecho la OMS en España los cataloga de preocupantes. ¿Por qué ocurre esto? Porque en los países en los que la medicina está a la orden del día estamos medicalizando un proceso natural y fisiológico que no debería serlo salvo en ciertos escenarios en los que la mujer parte con una enfermedad preexistente de base, en el que hay alguna complicación. Pero si generalizamos y aplicamos medicina a absolutamente todo, incluso a un proceso que es una etapa más de la etapa fértil de la mujer, es cuando nos empezamos a dar cuenta que las cosas no van como esperábamos. Esto se resume en un 25% de cesáreas cuando la OMS recomienda un 10% o en un 40% de episiotomías.

“Cuando cada contracción te pone un paso más cerca de conocer al amor de tu vida tenemos que hablar de dolor bueno, no de sufrimiento”

Y luego está ese sufrimiento del que tanto se nos habla. A las mujeres desde que nacemos se nos bombardea con pensamientos negativos: ‘es que el parto duele mucho’, ‘vas a gritar’… Así como con frases que no se dicen con mala intención pero que no aportan nada como ‘que sea una horita corta’. Además, todo lo que vemos en televisión son mujeres pegando alaridos, hombres que van con el pañuelo blanco asomado por la ventanilla porque hay que llegar rápido al hospital, una rotura de la bolsa amniótica en mitad del supermercado… escenas muy dramatizadas. Sin embargo, el parto no es eso. Asociar todo este maravilloso proceso a la palabra sufrimiento para mí es muy frustrante como matrona. Es verdad que no se puede mentir: el parto duele, tiene molestias, hay contracciones y es un proceso muy intenso. Pero tenemos que aprender a separar lo que es un dolor bueno de un sufrimiento. Un sufrimiento es cuando te caes, te partes la pierna y tienen que operarte. Este es un dolor que no te lleva a ningún sitio salvo a retorcerte. Pero cuando cada contracción te pone un paso más cerca de conocer al amor de tu vida tenemos que saber que es un dolor bueno, no un sufrimiento.


Tras estudiar enfermería pasaste seis años en Inglaterra formándote y trabajando en el Sistema Público de Sanidad Británico. Es un país pionero en parto respetado. ¿Qué podemos aprender de ellos en lo que se refiere al parto humanizado?

Yo me formé en España y me fui a hacer la especialidad a Reino Unido. Llegué a Inglaterra con una mochila pesada en la que traía prácticas obsoletas, desactualizadas y por aquel entonces no pensaba que lo eran. Venía de un país y vi que había otra forma de nacer y otra manera de vivir la maternidad. Al principio pensaba: ¿dónde me he metido? Pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que los que no estábamos nada actualizados éramos nosotros y que había otras maneras de respetar los tiempos y las decisiones de la mujer.

De mi experiencia en Inglaterra destacaría cuatro cosas: que se escucha a la mujer y a sus tiempos, se le informa y se le deja elegir, lo que se llama informed choice (elección informada). Tú a la mujer no le impones lo que vas a hacer sino que le das información, le hablas de los riesgos y beneficios, le das alternativas, le propones opciones y la mujer te pregunta. Y es la mujer o la mujer y su pareja los que toman la decisión informada basándose en lo que el profesional le aconseja y siempre en una buena praxis.

“El parto humanizado no debería ser una opción para nadie sino un derecho”

Luego está el tema de los protocolos. En España tenemos que erradicar protocolos obsoletos. Tú te vas a un hospital y luego te vas a otro y los protocolos no concuerdan. Algo que destacaría de Inglaterra es que hay unificación de protocolos. Da igual que trabajes en Londres, en Brighton o en Manchester que todo se hace siguiendo una estandarización de procesos. Y justamente por esto, al poder estandarizar los protocolos se eliminan esas prácticas obsoletas para empezar a decidir por dónde tenemos que ir.


Un problema que puede ser peligroso para la madre y el feto es el relacionado con el aumento de la tensión arterial materna.

Cuando hablamos de parto humanizado, en España parece que es algo por lo que hay que pelear y esto es lo que realmente me enfada porque el parto humanizado no debería ser una opción para nadie sino un derecho. Que te humanicen y que te respeten debería estar a la orden del día en cada parto, en cada escenario y en cada situación. Y no solamente humanizar estos procesos naturales de una mujer sin epidural sino todos: el de una mujer que se pone una epidural, la que tiene una cesárea programada o una cesárea urgente, una que decide dar a luz en el agua o la que decide dar a luz en su casa.

Insistes en que incluso si un parto acaba en cesárea, éstas también pueden realizarse de una manera humanizada. ¿Cómo hacerlo?

Es verdad que la cesárea es una cirugía mayor pero no deja de tener ese factor emocionante que es el de que vas a conocer al amor de tu vida y, por tanto, debería ser tratado como tal. Por supuesto, que es una cirugía que requiere un procedimiento estéril, aséptico, con una serie de pasos para que sea seguro para todo el mundo pero, ¿por qué no humanizamos un poquito más el proceso y dejamos que esta mujer entre por su propio pie siempre que sea una cesárea programada y no de urgencia? O estos camisones típicos de hospitales en los que llevamos medio culo fuera, ¿por qué no dejamos que la mujer se ponga otro camisón por encima para caminar y que no vaya enseñando el culo a medio hospital? O si lleva gafas, que no se las quiten para que vea bien al niño cuando se lo muestren.

“Dejar a la pareja fuera en una cesárea es un sinsentido, es su pilar fundamental”

Dejar a la pareja fuera en una cesárea es un sinsentido. La pareja tiene que estar con su mujer porque por muy cariñoso y empático que sea el equipo nunca va a ser como tener a tu pareja dándote ánimos, besos, consuelo o cariño. Si lo que realmente queremos es potenciar la oxitocina y que la mujer esté tranquila es incongruente que dejemos a su pilar fundamental fuera.


Maternidad, paternidad, nacimiento

En Inglaterra se activa algo que se llama el protocolo ‘Who’ en el que todo el equipo se presenta a la mujer en el sentido de las agujas del reloj, quién eres y qué haces en ese quirófano. La mujer llega a un entorno frío muchas veces donde los profesionales están hablando de cualquier tema pero no está dormida así que vamos a humanizar el proceso, a preguntarle cómo se encuentra, a poner una playlist si trajo una para su parto…

Y si vamos a cosas más básicas: la separación mamá-bebé. Hay hospitales en los que sigue habiendo plantas de reanimación, lo que se conoce por REA; donde un bebé nace y se lo llevan a un lado y la mujer se queda cuatro o seis horas sin ver su hijo. No se trata de cambiar cosas complicadísimas sino cosas pequeñas como no separar a la mamá y al bebé o que la pareja siempre esté dentro para, poco a poco, ir cambiando las cosas.

Aunque cada vez son más los hospitales y profesionales en España que abogan por un parto fisiológico en un entorno humanizado durante décadas se ha intentado transmitir e inculcar la idea de que parto es igual a dolor. ¿Qué recomiendas saber de antemano a toda mujer embarazada para que llegada la hora del parto este pueda ser lo más natural posible?

Hay algo que yo siempre le digo a las mamás que van a mi consulta y a sus parejas y es que la información es poder. Cuando me preguntan si tienen que hacer la preparación al parto yo les respondo algo que deja a muchos en shock: la mejor preparación ya la tienen, está dentro de ellas y es que las mujeres nacemos con esa capacidad para saber dar vida, para saber traer a nuestros bebés al mundo.

“La preparación al parto ayuda a la mujer a entender que hay un proceso que a veces se desvía de su ruta”

Después, por supuesto, tener una preparación al parto en la que les ofrezcamos toda esa información del proceso. Porque la gran mayoría de los partos van fenomenal pero es verdad que bendita medicina que está para salvar vidas cuando hay que emplearla. No podemos decirle a una mujer que todo va a a ir rodado cuando a lo mejor sí que habrá una emergencia y habrá que intervenir… Y para esto está la preparación al parto: para que ellas entiendan que hay un proceso que a veces se desvía de su ruta y que el plan de parto está fenomenal porque la mujer puede escribir y describir con qué se siente segura, que prácticas no quiere que se realicen, cuáles le gustaría llevar a cabo… Pero esto, por supuesto, siempre y cuando sea seguro porque nuestra prioridad es asegurar la salud materno-fetal. Por eso, siempre recomiendo que este plan de parto se realice una vez hecha esa preparación y esa información.


Un recién nacido.

También hay que aceptar que por muy preparadas que estemos y por mucho plan de parto que hayamos hecho existen veces en que las complicaciones ocurren y ahí es donde los profesionales de la salud debemos actuar. Y hay que aprender a aceptar que esto puede ocurrir y lo ideal sería que nunca nos olvidemos de humanizar el proceso, tanto un parto fisiológico de bajo riesgo en una bañera como una cesárea de urgencia.

Y por último, sentarnos, hablar con la mujer, preguntarle cómo te sientes, si lo ha entendido, si quiere repasar algo juntas… porque al final pasan los años y esa herida se queda abierta. Esa mujer en su casa se pregunta y se tortura preguntándose ‘qué habré hecho mal que me ha pasado a mí’. Es mejor cerrar esa etapa y como profesionales explicarle: no ha podido ser tu plan de parto por este motivo y hemos realizado esta acción por este otro motivo. Es algo que las mujeres agradecen muchísimo.

En tu libro explicas que la violencia obstétrica puede tener muchas caras. ¿Qué prácticas o situaciones podemos considerar cómo violencia obstétrica? ¿Qué consecuencias psicológicas pueden dejar en la mujer?


La violencia obstétrica es un grave problema social actualmente. Más allá del trauma tan profundo que deja a las mujeres y el daño fisiológico y psicológico, lo que más me impacta es que hoy en día se mira hacia otro lado. Hemos movilizado mucho el tema de la violencia obstétrica, ha salido en prensa, en medios, en televisión… y pasadas unas semanas de este boom, de repente la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) emite un comunicado en el que viene a decir que la violencia obstétrica no existe. Pero nos encontramos con un 40% de episiotomías, con un 25% de cesáreas, con testimonios de mujeres publicadas en el Observatorio del Parto es Nuestro que son absolutamente brutales, con maniobras de Kristeller que se practican casi en un parto sí y en otro también, con inducciones de parto antes de los puentes y fechas señaladas…

“Es prioritario reconocer que la violencia obstétrica existe, que tiene consecuencias horribles en la mujer y deja heridas que no cierran nunca”

Más allá de lo que SEGO dice también hay que escuchar lo que dicen las mujeres. Soy de la opinión que para ponerle solución a algo el primer paso está en aceptar que ese problema existe. Una vez aceptado, vamos todos a una a trabajar sobre ello. Yo entiendo que el término violencia obstétrica es atroz, yo me dedico a la obstetricia y es como si alguien te estuviese señalado con el dedo. Pero esto no consiste en señalar a nadie, consiste en que de una vez por todas nos juntemos, unamos fuerzas y trabajemos para que la mujer y su bebé se conviertan en el centro. Lo primero es reconocer que existe un problema, que tiene consecuencias horribles tanto a corto como a largo plazo en la mujer, que deja heridas que no cierran nunca, que hay mujeres que se quedan de nuevo embarazadas y tienen miedo por lo que les pasó en un parto anterior.

Las cifras de episiotomías y de cesáreas en España son altas. La tasa de episiotomías es del 40% cuando la OMS recomienda no superar el 10%. El 25% de los partos acaban en cesárea. ¿Son siempre necesarias? ¿Qué medidas podemos tomar para reducir estas cifras?

En España tampoco podemos generalizar. Es verdad que el cambio está ahí, viene una generación de profesionales jóvenes pisando fuerte y que está peleando por hacer las cosas bien pero sigue habiendo muchas personas formadas a la antigua a las que les cuesta aceptar este cambio. Además estamos en un país donde la obstetricia está bastante obsoleta y en el que se invierte poco o nada en sanidad y en formación. Los profesionales que estamos actualizados somos los que nos pagamos formaciones de nuestro bolsillo. Y te diría que muchas veces ni siquiera te dejan implantarlas en tu hospital porque es una formación externa. Por lo que creo que para empezar a cambiar las cosas primero hay que invertir en formación y actualización. 

“En España una nueva generación está peleando por hacer las cosas bien pero sigue habiendo profesionales formados a la antigua a las que les cuesta aceptar este cambio”

Y por otro lado habría que eliminar las prisas que tenemos en este país y que está muy relacionada con la falta de profesionales. Si en Inglaterra éramos 11 matronas para 11 paritorios ofrecíamos lo que se llama un servicio ‘one to one’. En España muchas veces son dos matronas, una en planta, otra cubriendo la urgencia y como mucho tienes otra de refuerzo y puedes tener cinco o seis mujeres de parto. Magia no se puede hacer, así que es fundamental invertir en profesionales. 

En el libro abordas algunos mitos falsos o creencias infundadas. Me gustaría que habláramos de dos opciones de parto que todavía siguen creando mucha controversia: el parto en casa y el parto en el agua y de los que rara vez se habla si no es de forma anecdótica porque alguna persona popular los haya elegido. ¿Por qué crees que siguen creando polémica? ¿En qué tipo de embarazado podemos planteárnoslos como opción?

Uno de los casos más recientes es el de Verdeliss y le agradezco públicamente que haya publicado su maravilloso parto en casa porque no solamente le hace un gran favor a las matronas sino que le hace un gran favor a la evidencia científica. El parto en casa es seguro y quien se empeñe en decir lo contrario no está actualizado. Por supuesto, no es para todo el mundo, hay mujeres para las que no va con su manera de vivir el embarazo y la maternidad y para otras mujeres es su sueño. Es verdad que en nuestro país no está cubierto por la Sanidad Pública por tanto si ya de por si tenemos esos sentimientos encontrados, incluso lo tachamos como de hippismo, si encima la sanidad pública no lo cubre da la sensación de que eres una antisistema, que estás loca y vas en contra de todo.

“El parto en casa es seguro y quien se empeñe en decir lo contrario no está actualizado. Por supuesto, no es para todo el mundo”

Pero si nos basamos en la evidencia científica realmente sabemos que el parto en casa es seguro siempre que se cumplan una serie de requisitos como que el embarazo haya transcurrido sin complicaciones, siempre ha tenido que ser de bajo riesgo, de un solo bebé, que esté colocado cabeza abajo, la mujer tiene que haber visto al grupo de matronas con anterioridad que han tenido que estudiar su historial clínico, las pruebas, las ecografías… que sea un parto a término, la casa debe tener agua caliente y calefacción y debe haber una distancia inferior a media hora en coche al hospital, entre otros. 


Claudia Muñoz, víctima de violencia obstétrica: "Me sentí violada"

Además hay estudios que lo corroboran. Hay un estudio referente muy famoso que se llama The Birth Place Study, en el que se involucró a más de 64.500 mujeres y es que no hay más que ver la evidencia. El parto en casa es seguro, ¿es para todo el mundo? No, pero sí seguro. Es otra opción más que por desgracia en nuestro país no está financiada por el sistema público de salud. En Inglaterra sí que está cubierto y el despliegue de medios es amplísimo: la mujer tiene un control estrecho con la matrona, cuando tu fecha de parto ha llegado tienes linea directa con ella, hay un equipo siempre de guardia para el parto en casa, las matronas vamos de dos en dos y tenemos muchísima equipación, el hospital está avisado… Se hacen las cosas como deben hacerse.

Y sin embargo, tampoco hay que echar tanto la vista atrás para recordar los tiempos en que se paría en casa…

Pero siempre va a ver alguien que diga: ‘claro ¿pero si la urgencia ocurre?’. Pues para eso hacemos un cribado previamente y se eligen mujeres de bajo riesgo y se excluye a las que tengan alguna desviación de la normalidad y que pudieran ser más propensas a una posible complicación. Tenemos que cribar muy bien y sabemos que en una mujer de bajo riesgo los partos fluyen.

En la preparación al parto también se suele pasar de puntillas por dos temas muy importantes: la lactancia materna y la depresión posparto. Hablemos de la lactancia, ¿por qué crees que todavía hay tanto desconocimiento por parte de muchos profesionales de la medicina o no se anima a las mujeres lo suficiente a dar el pecho? ¿Qué deben tener en cuenta las mujeres para poder llevarla a cabo con éxito?

Cuando algo no lo practicas, cuando no estás familiarizado con ello o el tema no te interesa no te vas a actualizar sobre ello. Esas mamás que piensan que por ser ginecólogo o matrona tienes que saber de lactancia están equivocadas. En absoluto porque el tema lactancia es super cambiante y se actualiza constantemente por lo que si te quedas en consejos obsoletos de hace diez años cuando la mujer vaya a la consulta y te pregunte le vas a decir algo que no está basado en evidencia. Además en nuestro país la industria de leche de fórmula es muy potente, hay muchos intereses económicos detrás. Y esto se une a la desactualización y a que cada vez estamos quitando a las mujeres mucho más ese poder que tenemos de crear vida, al que hace referencia el título del libro.

“¿Dudas que tus pulmones puedan respirar o tu corazón puede latir? ¿Por qué entonces dudamos de nuestro poder para amamantar?”

Hay mujeres a las que les preguntas ‘¿Vas a a dar el pecho?’ Y te contestan ‘Bueno, si puedo”. ¿Cómo qué si puedes? ¿Dudas que tus pulmones puedan respirar o tu corazón puede latir? ¿Por qué siempre dudamos de nuestro poder para crear vida o para amamantar? Claro que vas a poder porque además la hipogalactia se da en un porcentaje ínfimo de mujeres. Pero si desde el principio empezamos con estos mitos mal por no hablar de los comentarios de madres, de hermanas, de suegras, de primas… que se hacen sin mala fe: ‘Ay hija, es que yo no pude’, ‘Es que se queda con hambre’, ‘Tu leche no alimenta’… Todo esto va haciendo mella en una mujer unido a que encima la sociedad en la que vivimos tampoco es muy pro lactancia porque a las 16 semanas tenemos que incorporarnos de nuevo al mundo laboral dejando a un bebé que solo tiene cuatro meses a cargo de otra persona. Todo esto sumado hace que tengamos esas tasas de lactancia materna tan malas. Por eso yo siempre recomiendo que se haga tribu entre las madres.

Según un estudio elaborado hace cuatro años el 40% de las mujeres que aún no son madres no sabe qué es la depresión postparto. En el caso de las madres, solo un 14,6% desconoce este trastorno, aunque el 35,28% afirma no haberlo descubierto hasta después del embarazo. ¿Por qué está tan estigmatizada la depresión posparto? ¿Cómo podemos identificarla y cuándo debemos pedir ayuda?


Un padre con su bebé.

Todo tipo de depresión en nuestro país lo seguimos viendo como un tema tabú, cuesta mucho decir ‘voy al psicólogo’. En torno a un 15% de las mujeres que dan a luz pueden desarrollar depresión posparto y esto es ya un porcentaje considerable. Al principio, en las primeras semanas le llamamos ‘baby blues’ y es bastante frecuente: el querer llegar a todo y no poder, el tener alguien nuevo en casa, el no saber si vas a ser capaz de hacerlo bien, la falta de sueño… Todo esto nos desborda y estamos un poco sobrepasadas. Este baby blues lo más normal es que remita y que estos síntomas se vayan pasados unos días o unas semanas. Pero cuando no se van y la mujer cae en la apatía, en el astío, no quiere salir de casa, le cuesta crear un vínculo con su bebé, ha perdido el interés en hacer actividades que antes le apetecían… es peligroso. Son mujeres que además están más lloronas y más bajas de ánimo. Es importante pedir ayuda y si no lo hace la mujer que sea la pareja la que le diga: el problema está aquí y tenemos que solucionarlo. Y si a una mujer le da reparo decírselo a su pareja que recurra a su matrona cuando vaya a su revisión posparto.

Es fundamental trabajar sobre esto porque si la intensidad de la depresión aumenta y no se trata puede acabar desembocando en una psicosis puerperal que es una absoluta emergencia en la que la mujer debe recibir tratamiento psiquiátrico porque es peligroso. Son mujeres que aparte de no sentir ese vínculo con su nuevo bebé pueden tener incluso pensamientos suicidas, autolesivos, tanto con ella como con su bebé y deben recibir ayuda urgente.

Portada de 'El poder de crear vida' de la matrona Paula Camarós.
Portada de ‘El poder de crear vida’ de la matrona Paula Camarós.
CORTESÍA PLANETA.





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