Los populistas Said y Karoui se perfilan como ganadores en la primera vuelta de las presidenciales en Túnez

El populismo, encarnado en el jurista Kaïes Said y el magnate de los medios de comunicación Nabil Karoui, habría ganado este domingo la primera vuelta de las elecciones presidenciales tunecinas, en el inicio de un mes crucial para el futuro del país marcado por una alta abstención.

A falta de los resultados definitivos, los preliminares apuntan a que Said, un intelectual independiente favorable a la pena de muerte y contrario a la homosexualidad, y Karoui, en prisión preventiva por un presunto delito de corrupción, disputarán la segunda vuelta antes del 13 de octubre.

De acuerdo con esos resultados provisionales, el jurista habría logrado el 19,5% de los sufragios, cuatro puntos más que Karoui y más de ocho por encima del presidente interino del Parlamento y cofundador del movimiento islamista conservador Ennahda, primera fuerza de la Cámara, Abdel Fatah Mouro.

Se trata de unos resultados preliminares que se apresuró a desmentir el jefe de campaña de Mouro, Samir Dilou, quien insistió en que las cifras que llegan y manejan en la sede del partido de la islamodemocracia “son completamente diferentes”.

Según la formación islamista, el triunfo habría sido arrollador para Karoui por encina de Mouro, que habría sacado cinco puntos a Kaïes Said, a la espera de los resultados definitivos, que se conocerán el martes.

Contra la oligarquía

En este ambiente, el primero en celebrar una posible victoria fue Hatem Mliki, el portavoz de campaña de Karaoi, quien aseguró que el controvertido candidato “estará en la segunda vuelta. Hemos ganado”, dijo a los periodistas entre la euforia de sus seguidores.

“Los tunecinos le han dicho hoy al mundo que desean un cambio en el sistema de poder. La voluntad de la gente debe ser respetada”, dijo el portavoz de Karoui, al que un juez impidió salir de prisión para hacer campaña.

Karoui, que durante años colaboró con el partido gobernante Nidaá Tunis y con el presidente Beji Caïd Essebsi, fallecido el pasado 25 de julio cinco meses antes de que expirara su mandato, ha basado su campaña en la caridad y en el discurso contra la oligarquía con la que un tiempo convivió.

Ambos, instrumentalizados a través de las cámaras de su cadena de televisión —Nessma TV—, la más vista en el país, que hasta su entrada en prisión le acompañaron en cada uno de sus viajes a las zonas rurales y deprimidas de Túnez.

Austeridad

Con una estrategia opuesta, pero asido al mismo discurso en contra de la gestión económica del gobierno, de la oligarquía y de los partidos religiosos, Said ha sacado provecho a una campaña que fundamentó en la austeridad y la integridad.

“El futuro presidente tiene que tener como cualidad: ser justo con el pueblo, honesto y trabajador”, explicaba a Efe un votante a la salida de un colegio electoral. “Debe cumplir con sus promesas, que no busque el poder por sus propios intereses porque es una responsabilidad y será juzgado ante dios. Su objetivo debe ser trabajar al servicio del país”, agregaba. trazando un perfil similar al que el jurista ha proyectado.

Said, que ha evitado los gastos de campaña, y se ha dedicado a recorrer el país a pie y en transporte público, sacó rédito asimismo del histórico debate en televisión, en el que impuso sus afectada maneras y su uso de la educada y elitista lengua árabe clásica para destacarse sobre sus rivales.

Conocido entre la población local como “Robocop” por su movimientos mecánicos y como el “Robespierre tunecino” por la prensa extranjera, ha recibido sobre todo el voto de los más jóvenes, que suponen cerca del 40% del país.

Paro y pobreza

“Ojalá salga un alguien que sea una buena persona. Votar es nuestro deber. Votamos por nuestros hijos que están en paro, por la subida de los precios, por la gran pobreza que hay. Estamos muy cansados, el gobierno nos ha agotado y ya no podemos soportarlo más”, explicaba a Efe una mujer que se identificó como Medja.

Más beligerante, Yassin aseguraba que “de los 26 candidatos sólo hay cinco que pueden llegar a ser candidatos, el resto son ladrones y mafiosos que quieren llegar al poder para seguir volando el patrimonio del pueblo tunecino”.

Yassin era uno de los más de siete millones de tunecinos que estaban llamados este domingo a las urnas en la primera vuelta de las segundas elecciones presidenciales libres desde la caída en 2011 de la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali, que quedaron marcadas por un acusado descenso de la participación.

Abstención

Según datos de las Instancia Superior Independiente electoral (ISIE), la participación habría rondado el 40%, más de 20 puntos por debajo de los comicios de 2014, en la que un 64,3 por ciento de los tunecinos participaron en la primera vuelta.

Una prueba más, según los expertos, de la creciente debilidad de la democracia tunecina, que pasará su segunda prueba de madurez el próximo seis de octubre, fecha en la que se celebrarán las legislativas que definirán la naturaleza del futuro Parlamento y del gobierno con el que deberá colaborar el futuro presidente.

Karoui concurre con su formación “Corazón de Túnez” mientras que el independiente Said observará el resultado desde la barrera, ya que carece de partido.

Una situación que puede influir en los resultados de la segunda vuelta, junto al candidato que elijan apoyar los aspirantes que este domingo se han quedado fuera de la carrera.

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