Los Estados ‘Unidos’ de Yugoslavia


Como observador de los hechos histó́ricos y sociológicos de nuestro mundo, me interesó́ siempre lo acontecido en Yugoslavia.

Después de muchos años de una unión “a la fuerza”, se debilitó́ esa fuerza, como es típico en la historia, y la federació́n estalló́ con furia en una guerra cruenta que no quisiera recordar.

Algo parecido había sucedido con la Unión Soviética, unos añ̃os antes, donde en relativa paz se deshizo otro entuerto efectuado a la fuerza, incluso con migraciones forzadas, con el ánimo de homogeneizar a la “nueva sociedad”.

Pero no fue suficiente.

Eso me hace pensar en los Estados Unidos de América del añ̃o 2020.

Se podría argü̈ir que en el caso de Estados Unidos se trata de una cultura más uniforme, no como en el caso de Yugoslavia y, en menor medida, de la Unión Soviética. Ni que hay raí́ces histó́ricas fuertes y diferentes entre los estados, como fue el caso de esas federaciones europeas.

Sin tomar posició́n, mi preocupación viene de que pasados 155 añ̃os desde que terminó́ la Guerra Civil, aún veo divisiones importantes que devienen de ese triste acontecimiento, empujadas por una cultura de supremacía blanca en los estados herederos de aquella confederació́n que defendía mantener la esclavitud.

Ojalá́ me equivoque, pero veo semillas de serios problemas. Independientemente de que un presidente le “echó́ gasolina al fuego”, sin fuego no habría surgido el incendio que resultó́.

Lo de los “Blue States” y “Red States” es una realidad. Y firmemente creo que lo que hay detrás es el miedo de una mayoría blanca, anglosajona y protestante, a los cambios demográ́ficos que ya está́n ocurriendo, los cuales prometen destronar las ideas racistas que aún defienden, cambiando el equilibrio racial y social.

Tenemos la suerte de que en nuestro Panamá́ todo el mundo es “café con leche”, y la raza no es lo que hace la gran diferencia entre nuestra población, sino la educación, o falta de ella. La historia ha demostrado que, sin importar la raza, los ciudadanos educados han destacado.

Por tanto, hay que mantener el foco, sin desviar la atenció́n de lo que de verdad es el diferenciador: “la educació́n”.

Es ésta, la cual, aunque tarde un poco, permitirá́ mejorar los temas de justicia y gobernanza, así́ como de corrupció́n y desigualdad, en nuestro querido paí́s.

Hay que preguntarse por qué́ las clases gobernantes, tanto dictatoriales como democrá́ticas, han fallado en mejorar la educación del panameñ̃o.

Salta a la vista que es para mantener cuotas de poder, con electores poco educados y que no vislumbran solució́n a sus problemas, personales o de comunidad, y quienes se resignan a tener que buscar y recibir “un apoyo del gobierno” a cambio de su voto.

Sólo la educación puede crear un ciudadano informado y crí́tico, que ponga el bien común sobre el bien personal. Yo siempre les digo, a quienes me quieran escuchar, y como ejemplo: “si tiras la basura a la calle y aceptas que todos lo hagan, entonces vivirá́s en un muladar”.

Es muy sencillo. Hay que crear ciudadanos que estén convencidos de que sólo con la mejora colectiva terminaremos todos teniendo un mejor futuro. Los padres deben fomentar la educación de sus hijos, aunque no hayan gozado ellos de una “buena escuela”.

Volviendo al tema original, creo que queda clara la relación.

Independientemente de los reclamos legítimos, el tema subyacente es que la riqueza de los blancos es el resultado de sus mejores oportunidades de educació́n. Las minorías educadas han llegado hasta la presidencia, pero gran parte de ellas ha sido mantenida, durante generaciones, con poca educació́n y pocas oportunidades.

Segú́n la demografí́a de los estados, quienes apoyan polí́ticas racistas tienen poca educació́n, en oposició́n a los más educados, quienes reconocen el problema y han votado mayoritariamente en contra de perpetuar un entuerto histó́rico. Veremos…

El autor es ingeniero, informático, escritor e innovador



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