Lídice y Mariúpol: ciudades mártires


El ajusticiamiento de Reinhard Heydrich, en 1942, a quien Hitler había instaurado como “protector de Bohemia y Moravia”, la casi totalidad de la actual Checoeslovaquia, desató una brutal represión culminada con la destrucción, hasta no dejar rastros de su existencia, de la aldea de Lídice, precedida de la matanza de casi toda su población, hombres, mujeres y niños, justificada con la acusación de que en ella se habían refugiado miembros del grupo de partisanos que ejecutó la operación “Androide”, que acabó con la vida del “carnicero de Praga”.

A seguidas de ese trágico acontecimiento, en varios países del mundo se tuvo la iniciativa de nombrar, en recuerdo a la masacre de su población y la destrucción de Lídice, a alguna ciudad, pueblo, plaza o calle. En Panamá, el pueblo de El Potrero, parte del distrito de Capira, fue rebautizado con el nombre a Lídice, el día 10 de octubre de 1943.

En la invasión de Ucrania, por órdenes de Vladimir Putin, sus fuerzas armadas han venido realizando masivos bombardeos sobre varias ciudades de ese país, arrasando todo tipo de estructuras y matando a miles de civiles; pero donde la barbarie que siguen perpetrando la aviación rusa y sus baterías ha causado los mayores estragos es en la ciudad de Mariúpol, cuya existencia, a la par que su tragedia, son ahora conocidos en el mundo entero, que reclama a Rusia que cese en sus inhumanos ataques.

Mariúpol, al igual que Lídice, Hiroshima, Nagasaki, Varsovia, Güernica o Alepo, tienen la triste distinción de ser “ciudades mártires” que deben vivir en la memoria de la humanidad y a las que debemos recordar y rendir homenaje, como en su momento se hizo con Lídice. Traslado a nuestras autoridades la idea de repetir un acto de tanto simbolismo como fue la iniciativa de renombrar a un pueblo de nuestro país con el nombre del pueblo checo, masacrado y arrasado por la barbarie hitleriana. El propósito podría cumplirse no necesariamente con el renombramiento de una ciudad o un pueblo. También podría nombrarse una plaza o una calle con el nombre de la ciudad mártir de “Mariúpol”. Esa designación, a la par que una condena a la tragedia que allá se vive, sería un justo homenaje a sus víctimas y a la valentía de su pueblo que heroicamente sigue luchando por su supervivencia.

El autor es abogado y fue ministro de Relaciones Exteriores



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