La panela, una dulce tradición


Hacer raspaduras o panelas de miel de caña molida (dulce hecho con caña de azúcar) en trapiche es una vieja tradición de los abuelos que se pierde con el tiempo, sin embargo, todavía quedan personas dedicadas a esta actividad del campo para obtener ingresos económicos, tal como lo hace la veragüense, Luisa del Carmen Tejedor, en Cañazas Arriba de Santiago de Veraguas.

No cabe duda de que es un trabajo fuerte, que va desde hacer el horno de barro, sembrar la caña, cosecharla, molerla, cocinarla, y luego darle la durabilidad y consistencia para que pueda servir en la confección de las raspaduras.

Luisa del Carmen Tejedor, tiene más de 50 años de procesar las raspaduras o panelas y las vende desde su propia casa, con esta actividad ha formado profesionalmente a sus hijos.

Comentó que al año le representa una entrada económica  entre los 8 mil a 10 mil dólares; dinero que le sirve para  pagar gastos del hogar y a los peones que cargan la caña al trapiche.

Desde muy pequeña sus abuelos le enseñaron todo el proceso de cómo sacar la miel de la caña y fabricar las raspaduras o panelas.

Tejedor comentó que antes era más difícil hacer este trabajo, porque para sacar miel y hacer raspaduras, la gente acostumbraba a tener un lugar distante de la comunidad conocido como las moliendas, el cual era como una segunda casa. Narró que era allá donde los abuelos hacían el trabajo, tal vez con las precauciones de evitar cualquier incidente con los niños inquietos, un incendio, o para estar más concentrados en el trabajo por la tranquilidad.

La vieja y sana tradición, según Luisa Tejedor, con el tiempo ha ido desapareciendo de casi todas las comunidades, donde casi todos los pobladores con la época seca esperaban sacar mucha miel y raspaduras, pero con la llegada de las fabricas azucareras y otras tecnologías se desvaneció lo que antes fue una tradición.

Para el doctor santiagueño en medicina general y epidemiólogo, José Mena Batista, antes la gente estaba más saludable y pocas personas padecían de enfermedades como la diabetes y otras deficiencias, porque, por ejemplo, el café y los refrescos naturales se endulzaban con miel de caña o de abejas y con las panelas.

Hoy día, el uso de la miel de caña, raspaduras o panelas es una vieja tradición que se intenta rescatar y que vale la pena, sostuvo el médico José Mena Batista, viéndolo desde el punto de vista nutricional, puesto que ambas cosas tienen propiedades como agua, sales y vitaminas que son importantes en el organismo de las personas.

Agregó que la miel y las raspaduras no están saturadas en azúcares y se pueden consumir en cafés, refrescos, hacer dulces naturales y hasta se usa como suplemento alterno en caso de la medicina preventiva tipo casero.

Explicó además que a los azucares refinados se les eliminan algunas de las propiedades haciendo que en el caso de los diabéticos se marque la insuficiencia de insulina en el páncreas y otras consecuencias.

Por su parte, Lexy Campos, educadora, hija de doña Luisa Tejedor, dijo que también su madre le enseñó a preparar las raspaduras de miel, que ahora se venden como pan caliente, pues mucha gente las prefiere para endulzar.

Los costos son relativamente bajos; las raspaduras solo de miel están a un dólar, con coco dos dólares, igual la de mezcla de leche y con frutas a dos dólares.

Durante este mes, la dirección de Protección de Alimentos y Vigilancia Veterinaria del Ministerio de Salud (Minsa) en la provincia de Veraguas, llevó a cabo una capacitación a pequeños productores artesanales de panela en la comunidad de Cañazas Arriba, en el distrito de Santiago, para garantizar el cumplimiento de las normas sanitarias.

 

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