La historia del ingeniero colombiano que ayudó a capturar a ‘El Chapo’


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Si ha seguido el juicio en contra de Joaquín, El Chapo, Guzmán, a quien se acusa en una corte de Brooklyn de dirigir una de las mayores empresas de narcotráfico de todos los tiempos, tal vez ya escuchó las insólitas conversaciones del capo mexicano con su esposa, Emma Coronel, y dos amantes.

 Lo que quizá no conozca es la sorprendente historia del técnico colombiano que entregó las comunicaciones del temido traficante al Gobierno estadounidense, no sólo las de su esposa sino de toda la vasta red que dirigía.

Christian Rodríguez conoció al capo mexicano cuando tenía apenas 21 años. En las afueras de la ciudad de Culiacán en Sinaloa (México) subió a bordo de una pequeña avioneta que lo transportó a una de las famosas pistas inclinadas del cártel de Sinaloa en las laderas de la sierra de Durango.

Una comitiva de civiles armados recibió a los tripulantes de la aeronave, una vista que seguramente habría puesto a prueba los nervios de cualquiera, pero no era la primera vez que este joven trataba con los barones de la droga. Estaba allí por recomendación de Alex Cifuentes, un narcotraficante colombiano al que le había instalado un sistema de comunicación electrónico encriptado, al que sólo ellos tenían acceso.

Rodríguez no había terminado la carrera universitaria de ingeniería en sistemas, pero ambicionaba iniciar su propia empresa de seguridad cibernética y Cifuentes era un cliente con suficientes recursos como para sacar adelante su plan. Trabajar para El Chapo durante cuatro años, de 2008 a 2012, cambiaría su vida en formas que no habría podido imaginar cuando lo conoció esa tarde en que bajó de la empinada pista clandestina.

Aunque el objetivo en un inicio era estrictamente comercial, el capo, ya entrado en confianza con Rodríguez, le pidió ayuda para satisfacer un capricho personal: intervenir los teléfonos de su esposa y amantes. Pero la obsesión de El Chapo por saberlo todo no paró allí, Rodríguez relató este miércoles en la corte de Brooklyn que tenían planes incluso para instalar programas de computadora espías en todos los ciber-cafés de Culiacán, pues fantaseaba con saber lo que la gente decía de él.

En la sierra, sin embargo, los retos eran otros. La conexión a internet era lenta, por lo que Rodríguez instaló cables desde la ciudad hasta un centro de transmisión cercano donde por fin pudo enviar una señal de internet de alta velocidad.

Solucionado este problema y porque a El Chapo “no le gustaba escribir en la computadora”, Rodríguez desarrolló un sistema de llamadas por internet seguro. Al capo le encantó la innovación. Funcionaba como los llamadas dentro de una empresa, marcando números de sólo tres dígitos. Luego trajo más equipo para que las llamadas a ciertos teléfonos analógos también funcionaran de manera segura como las de internet. En total, dice que instaló alrededor de 100 líneas telefónicas.

Por estos servicios recibió 100.000 dólares en efectivo.

Parece que el capo mexicano le cogió el gusto muy rápido a la tecnología, pues pronto estuvo solicitando equipo más sofisticado, que le permitía saber la localización de los teléfonos, copiar los mensajes y encender y apagar los micrófonos para escuchar subrepticiamente a los incautos con estos aparatos.

“Era como su juguete”, dice Rodríguez.

Pero, como el dicho, todo por servir se acaba. En 2012, Rodríguez alertó al Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés) sobre los programas de computadora y los teléfonos especiales de su jefe.

A cambio de la información y por su promesa de cooperar en un eventual juicio contra su antiguo patrón, el FBI no presentó cargos contra el joven ingeniero. De hecho, recibió un pago por 460.000 dólares por “gastos y servicios” prestados al Gobierno, según explicó un agente de nombre Marston.

A pesar de haber librado la cárcel y a los hombres de los cárteles de la droga mexicanos y colombianos, según documentos que presentaron los fiscales, Rodríguez sufre de crisis nerviosas desde 2013 por temor a que pueda ser localizado.

Adicionalmente a lo que ya ha recibido, Christian podría ser acreedor a un premio de 15 millones de dólares por ayudar a capturar a este capo mexicano.

 



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