“La enfermedad de mi mujer es lo más duro de mi vida”


Guiado por la necesidad de reflexionar sobre sentimientos, experiencias y pensamientos conflictivos, Jorge Martí, líder de la banda La habitación roja, ha publicado Canción de amor definitiva (Plaza & Janés), un libro autobiográfico en cuyas páginas repasa su vida y reconoce la dificultad que supone vivir entre dos mundos. El cantante trabaja como músico en España, pero hace tiempo que estableció su vida en Noruega, donde ha ejercido como enfermero. Allí vive con Ingrid, su mujer, quien fue diagnosticada con síndrome de fatiga crónica. 

¿Este libro le ha permitido situarse en un punto medio? Sí, porque escribiendo uno se entiende a sí mismo, y también a los demás. Plasmas tus vivencias y miras con perspectiva las cosas que te pasan. Durante este tiempo he conseguido empatizar con gente con la que antes no estaba de acuerdo, he comprendido mi angustia adolescente y me he dado cuenta del trasiego interno que ha marcado estos años. Ahora leo el libro y pienso que mi vida ha sido como una gincana, de un lado a otro, de arriba a abajo. Y eso que todas las vidas tienen sus altos y bajos, no solo la mía, y hay que coger las curvas como vienen. Hay gente que me dice que lo que he hecho tiene mucho mérito, pero es que probablemente muchos habrían hecho lo mismo que yo en mis circunstancias.

¿Por eso insiste tanto en que lo único que usted ha hecho es “vivir”? Sí. A veces he necesitado ingresos extra y también he trabajado como enfermero. Esa labor puede ser dura y triste, y hay grandes profesionales en este país que la realizan día a día con mucho mérito. Supongo que mi vida choca porque soy músico y tengo cierta visibilidad, pero la gente solo se fija en lo bueno. Ve la punta del iceberg y no la base. Entre bambalinas siempre se perciben las costuras del supuesto glamour de esta profesión. Pero es cierto que La habitación roja hemos conseguido cosas increíbles. Hace poco nos dieron un Premio Pop Eye. Yo flipaba. Le dieron el de Radio a Francino, el de Teatro a Gemma Cuervo… Había gente mítica, y ahí estábamos nosotros. A veces eso te choca.

Los componentes del grupo español La habitación roja.
PLAZA & JANÉS

jorge martí aguas

  • Nacido en Valencia, Jorge Martí es el vocalista de La Habitación Roja, una de las bandas de referencia en la escena de música indie-rock en España. Vive en Noruega con su mujer, Ingrid, y sus dos hijas, y allí ha ejercido como enfermero. En 2019 protagonizó el documental ‘In the middle of Norway’, en el que mostró su doble vida. Ahora, en su autobiografía, cuenta de forma más extensa cómo es su realidad, y de qué forma ha llegado hasta ella.

Y eso que ustedes ya tienen una trayectoria bastante asentada… Ya, pero mola que la gente reconozca tu trabajo. Siempre tienes esa parte descreída que hace que ciertas cosas te sorprendan todavía. Supongo que mi vida está llena de contrastes. Tengo muchos conflictos, y a veces no es fácil.

¿Qué es lo más duro de vivir así? Para mí lo más difícil de llevar es la enfermedad de mi mujer, que no se encuentra bien casi nunca y apenas sale de casa. Siempre me creo muchas esperanzas de hacer cosas juntos y esas expectativas no suelen cumplirse. Eso es lo que marca la diferencia. Además, la música me obliga a pasar mucho tiempo fuera de casa, cuando yo soy muy necesario en ella. Tengo dos niñas adolescentes que han vivido muchas ausencias mías por tener que tocar: cumpleaños, fiestas de fin de curso… A veces pienso que, joder, si viviera en París, por ejemplo, sería todo mucho más fácil. Para viajar siempre tengo que coger tres vuelos, hacer muchas horas de viaje… Pero más difícil es la vida de otras personas. Soy privilegiado, e intento plasmarlo en el libro: se trata de normalizar lo extraordinario y hacer de lo extraordinario algo normal.

“Lo más difícil de llevar es la enfermedad de mi mujer”

El cantante Jorge Martí posa con su mujer, Ingrid Øverås.
El cantante Jorge Martí posa con su mujer, Ingrid Øverås.
PLAZA & JANÉS

Ha mencionado a Ingrid. La noche que la conoció le dijo: ‘Te quiero, me he enamorado de ti’… Y ahí siguen, juntos. Cuando hablé con ella por primera vez sentí una corazonada muy grande. La vi muy pura, auténtica, con muy buen fondo. Veía en su cara una mezcla de ilusión y esperanza. Creo que nos deslumbramos mutuamente, aunque yo me vine muy arriba. Pensarlo en frío es flipante, lo sé, pero si hubieras estado ahí, lo entenderías. Creí que se me iba a escapar, pero me correspondió. ‘Yo también te quiero. I love you too’. Desde aquel día Ingrid es el faro que me guía, el que me ha llevado hasta aquí.

¿Suele actuar así, por impulsos? Bueno, la verdad es que con la música me pasó algo parecido. Sentí que quería ser músico. En un momento de crisis, cuando llevábamos varios discos, a Pau [Pau Roca, guitarrista del grupo] le dije: ‘Mira, yo voy a dedicarme a la música. Si estás aquí conmigo, vamos a por ello. Y, si no, pues habrá sido un placer’.

La enfermedad también le tocó a usted. Ha sufrido dos embolias pulmonares, ¿cómo fue dejar de sentirse, como dice en su canción, ‘indestructible’? Un golpe. Cuando a Ingrid le diagnosticaron Síndrome de Fatiga Crónica, me puse a llorar de emoción, sentí alivio, porque había sospechas de que tuviera esclerosis múltiple. El deterioro de mi mujer me pareció impactante, porque esta es una enfermedad silenciosa. Parece que estás bien, pero al día siguiente acabas en la cama porque has colapsado. El malestar posesfuerzo es el síntoma principal, y consiste en que cada vez que el paciente hace un esfuerzo, luego lo sufre. Si celebras la vida, lo pagas después, y esto te aísla. 

¿Eso la gente lo comprende? Hay gente que no lo entiende y te dice: ‘Ay, pues yo te veo bien’. Es una mierda, pero hay que conocer a tu enemigo y enfrentarte a él. En mi caso, siempre me he creído omnipotente, pensaba que podía llegar a todo, y las embolias fueron un correctivo grande. Me asusté mucho, pero no por mí. Quien lo tiene crudo es a quien dejas aquí, ¿sabes? Pensé en el grupo, en mi mujer, en mis hijas…

“Siempre me he creído omnipotente, pensaba que podía llegar a todo, y las embolias fueron un correctivo grande”

El cantante Jorge Martí, en un retrato con su familia.
El cantante Jorge Martí, en un retrato con su familia.
PLAZA & JANÉS

Es cierto que en su autobiografía hay varias reflexiones de este tipo. ¿Qué es lo que más le dolió recordar? Fue muy difícil escribir el final del libro, porque los últimos años supusieron una catarsis. La salida de nuestro sello discográfico y la ruptura con uno de los compañeros del grupo, con el que no he vuelto a hablar, me costó. Hay temas que he contado de terceras personas, como Ingrid, que no me pertenecen, y he intentado contarlas respetando su intimidad.

¿Se planteó eliminar alguna confesión? Hay cosas de mi adolescencia que me dio pudor escribir, pero sé que muchas personas han pasado por lo mismo. En esa época sientes mucha presión y te creas un trauma de la nada. No recibes educación sexual, tienes una idea errónea de masculinidad, una sensibilidad exacerbada… Eso te mete en un callejón sin salida y te sientes angustiado. Pero creo que las cosas que me han pasado después, que son más pesadas, me han hecho ver las preocupaciones de mi juventud con cierta ternura.

Cuenta que “cuidar a la gente es como hacer canciones”. Las canciones son amigas fieles que nos acompañan. Aunque somos nosotros quienes las escuchamos, parece que sea al revés: nos permiten desahogarnos, ponen banda sonora a nuestra vida, nos llevan a momentos pasados y nos hacen sentir esperanza en el futuro.

“Las canciones son amigas fieles que nos acompañan”

La habitación roja, en el Festival de les Arts de Valencia.
La habitación roja, en el Festival de les Arts de Valencia.
PLAZA & JANÉS

¿El escenario es una forma de terapia? Sí, totalmente. Hay momentos de mi vida en los que irme de gira era como una tregua. Los conciertos son increíbles porque te dan un subidón de adrenalina. Sientes que estás un poco a salvo y revives las canciones de una forma superintensa. A veces, si noto que en el escenario no estoy bien, también pienso mucho en Ingrid y en mis hijas. Así me motivo y vuelvo al cauce del concierto.

Afirma que un “músico ambulante” se enfrenta a “miedos ancestrales”. ¿Encara alguno? Esto me trae recuerdos de The Cure y su Lullaby, que me lleva a un clásico del cine de ciencia ficción, El increíble hombre menguante, en el que un hombre recibe una radiación y empieza a menguar. Cuando tus miedos aparecen y te vuelves pequeño, los traumas se hacen más grandes y las arañas se convierten en monstruos gigantes. Los músicos jugamos con los sentimientos, y eso nos hace estar muy expuestos. Eso nos convierte en un blanco fácil, nos hacemos vulnerables ante lo que nos atemoriza: la inestabilidad, no tener un sueldo fijo, no estar cerca de los tuyos…

¿Por qué dice que los músicos pueden ser “muy confiados e infantiles”? Hasta los Beatles firmaron contratos horribles. El primero de La Habitación Roja no tenía ni duración. Me asombra lo naifs que podemos ser, pero esa inocencia es necesaria, porque para hacer carrera en la música hace falta tener mucha resistencia física y mental. Hemos hecho muchos conciertos a los que no ha venido nadie, y levantar la moral en momentos así es necesario.

“Hemos hecho muchos conciertos a los que no ha venido nadie, y levantar la moral en momentos así es necesario”

¿Sigue en busca de la canción de amor definitiva? A los músicos nos mueve la esperanza de pensar que la mejor canción siempre está por llegar. Así que sí, esa búsqueda es un muy buen combustible para seguir adelante.

Hay dos grupos que marcaron su infancia. Escoja: ¿Radio Futura o The Smiths? Eso es como elegir entre papá, que serían los primeros, o a mamá, que serían los segundos y con los que creo que me quedaría. Me he sentido siempre muy identificado con la sensibilidad y las historias de The Smiths sobre la gente que no está cómoda en el mundo. Conecto mucho con ellos porque se habla de los sentimientos más elementales de una forma muy poética. Aunque muchas canciones sean tristes, me he sentido comprendido. Radio Futura conecta más con el imaginario popular. Son la chispa que me hace pensar que alguien de mi país pueda dedicarse a la música y tener esa potencia, ese carisma, esa clase. Hablan de la gente de nuestros pueblos, destilan poesía. Para mí es un crimen tener que elegir entre dos cosas que forman parte de una, que es mi vida.



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