la conversación interminable con Gabriel García Márquez


Gustavo Tatis en su última visita a Madrid.
JORGE PARÍS

“Lo malo de la muerte es que es para siempre”, le respondió en una ocasión García Márquez al periodista Gustavo Tatis. El genio de la poesía, que hace dos semanas hubiera cumplido 92 años, se enfrentó a todas las preguntas, menos a esa. “Nunca quiso hablar conmigo sobre la muerte”, cuenta Tatis en su libro La flor amarilla del prestidigitador, que presentó el jueves pasado en Madrid.

No se trata de una obra biográfica ni académica, sino una recopilación de entrevistas formales y de hasta siete encuentros aparentemente casuales entre el periodista y el Nobel. “Lo que he hecho es abordar a esta figura, sin abusar de la cercanía que teníamos, para que los lectores puedan tener una visión de este gran poeta como ser humano”.

Así, a través de los 17 capítulos revela las facetas más íntimas del profeta del realismo mágico. “Era un hombre con una prodigiosa intuición; tenía una manera muy particular de adivinar lo que podía ocurrir”, cuenta.

Es por esto que La flor amarilla del prestidigitador esconde en el propio titular su rasgo más revelador: la superstición. “Antes de publicar Cien años de soledad decía ser un prestidigitador, un mago que con sus 10 dedos y con todas las letras del alfabeto era capaz de construir un universo propio– explica Tatis–. El color amarillo y las flores siempre estuvieron ligados a su vida en los momentos de dolor y gloria; siempre había una flor amarilla en su escritorio, porque le hacía sentirse en armonía con el universo”.

Un elemento que por supuesto no faltó el día en que recibió la noticia de que iba a recibir el Premio Nobel de Literatura. Aquel día tampoco faltó el periodista, quien se acercó a la casa del protagonista a felicitarle. “Toda la familia actuaba como si no pasara nada”. “La madre llevaba atendiendo llamadas desde las 6.00 horas–. El teléfono no funcionaba bien y fue entonces como le escuché decir: ‘Ojalá este Nobel sirva para arreglar el teléfono'”, relata el periodista con humor.

García Márquez solía recibir a Tatis con una advertencia: “Prohibido hablar de literatura”. Pero como todo maestro del arte literario no lograba escapar de esta conversación: “Con él siempre ocurrían cosas literarias”, cuenta Tatis.

Tampoco logró sobrevivir a la pérdida de memoria [padeció alzhéimer] aunque “nunca perdió la imaginación”, revela. Sin embargo, el poeta era muy consciente de que acabaría padeciendo esta enfermedad: “Tengo que escribir mis memorias antes de que se me olvide todo”, le confesó. Nunca llegó a escribir ese segundo tomo, sin embargo, la gran obraCien años de soledad es la transmutación poética de su propia infancia”, cuenta el periodista

Y es que como relata en el libro, García Márquez nunca quiso volver a la casa donde se crió. “Esa casa le traía nostalgias dolorosas porque fue donde murieron sus seres más queridos, en especial su abuelo”.

Como esta, el periodista recoge otras muchas anécdotas. “Yo no era consciente de que todas las historias que me contaba pudieran integrarse en un libro, pero cuando acabé me di cuenta de que tenían una unidad como si hubiera ocurrido en un mismo tiempo, en lugar de en dos décadas”, explica.



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