“Julio César luchaba contra una oligarquía muy similar a la Rusia de Putin de hoy”


Regresa Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) esta semana a las librerías. Y tras Escipión, Trajano y Julio Domna lo hace con Julio César bajo el brazo. El rey -¿o quizá deberíamos decir emperador o dictador?- de la novela histórica de romanos española se atreve con el personaje de aquella época más famoso. Roma soy yo (Ediciones B, 2022) es el arranque de una serie con la que, a través de entre 6 a 8 libros, el autor valenciano espera recrear la vida del famoso dictador. “Es mi mayor desafío literario”, asegura y también un sueño que tenía desde niño, cuando viajó con su familia a Roma.

Posteguillo afronta ese reto en un nuevo-viejo sello editorial. Solo una novela después de ganar el premio Planeta ha cruzado la acera de los colosos editoriales hacia Penguin Random House, a la que fuera su primera casa, Ediciones B. A pesar de que ese salto desató bastante rumorología, él le quita hierro. “Vuelvo a mis orígenes”, explica a 20minutos y recuerda que fue en esa casa donde encontró su primer gran éxito con la trilogía sobre Escipión. “Nunca perdí el contacto con ellos y este equipo ha cuidado y mantenido viva aquellas obras”, asegura.

Ahora emprende esta serie de novelas autoconclusivas a la que espera dedicar entre diez y doce años, porque era un sueño que “tenía desde niño”. En esta primera entrega, narra toda la niñez y juventud de Julio César a través de un juicio por corrupción contra un excónsul llamado Dolabela en el que protagonista ejerció de fiscal y que se convirtió en su primera gran aparición pública.


¿Cómo se transforma ese sueño de niño en esta serie de novelas? Siempre he querido novelar a Julio César, pero me había parecido inabarcable. Él es el eje central en torno al cual pivota toda la historia de Roma. Todo lo que pasó antes, conduce a él y todo lo que viene después es a partir de lo que hizo. Era un personaje que me imponía muchísimo respeto y sobre el que, además, se había novelado mucho y, en ocasiones, de forma brillante. Para hacerlo tenía que armarme, por un lado de conocimiento histórico, que he ido adquiriendo para entenderle como personaje y por otro lado técnicamente, literariamente, para acometer esta empresa. Creo que este era un buen momento en mi carrera para hacerlo, porque va a ser algo central de mi trayectoria como escritor, al igual que César es central para Roma. Si le tengo que dedicar, como tengo planeado, diez o doce años, parece que es el momento.

Los que le mataron el 15 de marzo del año 44 a.C. son aquellos a los que se enfrentó en una guerra civil, derrotó y perdonó la vida.

¿Qué significa entender a César? Porque es un personaje ambivalente, por un lado lucha por las clases populares, pero acabará convirtiéndose en un dictador… Sí, ambivalente es una buena palabra para definirlo. Julio César hizo muchas cosas admirables y también otras que no lo fueron tanto, o que fueron muy complejas de entender desde nuestra visión de hoy en día. Podemos empatizar con su defensa del pueblo y de una mayoría frente a las élites; pero eso le llevó a adoptar una tendencia populista que, según se mire, pudo ser perniciosa para el conjunto de la sociedad. Pienso que, para el mundo romano, su papel fue más beneficioso que perjudicial, pero eso no quiere decir que no cometiera abusos. Para entender esa complejidad hay que empezar desde el principio. Porque le trataron de matar en varias ocasiones, fue perseguido desde muy joven y eso le forja un carácter defensivo, que le hace comprender que es mejor atacar primero. Quiero que el lector se acerque al personaje y lo trate de comprender, comparta sus decisiones o no. Quizá en esta primera novela piensen que Julio César es muy ingenuo y bondadoso, pero irá evolucionando y veremos cómo: a medida que va tocando el poder se transforma. No quiero justificarlo, quiero comprenderlo.

¿Fue un ‘salvapatrias’ que acabó convirtiéndose en dictador? Ese es el tema. Cómo pasa de un populista a convertirse en dictador, en director de orquesta. Cómo esa deriva llevará al imperio, aunque él ya no esté. Un imperio es una dictadura, claro. Pero hay que entender una cosa, Julio César no fue un populista que acabó con una República democrática como entendemos nosotros hoy. Julio César luchaba contra una oligarquía muy similar a la Rusia de Putin de hoy. Había unos oligarcas que controlaban la riqueza y ejercían el poder con una violencia brutal. No tenían polonio como Putin, pero sí sicarios que mataban a puñaladas y mazazos en las calles. En cualquier caso, no debemos mirar aquellos hechos solo desde nuestra perspectiva actual.


Impartiendo justicia en la Rus de Kiev, por Iván Bilibin.

¿No? Se entiende mejor al personaje dentro de sus sombras y sus paradojas. Aunque era letal y determinado, tuvo puntos de magnanimidad que le costaron la vida. Los que le mataron el 15 de marzo del año 44 a.C. son aquellos a los que se enfrentó en una guerra civil, derrotó y perdonó la vida. Es un personaje mucho más complejo de lo que parece a simple vista.

Julio César solo se enamoró de verdad, de perder la cabeza, dos veces y la primera fue con Cornelia

Si es complejo en lo político, ¿resultaría aún más difícil reconstruir su intimidad? Mucho más. Su mundo privado fue muy denso. No se puede hablar de Julio César sin ahondar en su relación con las mujeres y, por eso, su presencia en esta serie va a ser fundamental. Él se cría en una casa rodeado de mujeres, su madre, dos hermanas, su tía, su hija, tendrá tres matrimonios y multitud de amantes. Cornelia, Pompeya, Servilia y, sobre todo, esa presencia estratosférica que será Cleopatra. ¿Cómo no va a ser todo eso importante? Pero a la vez, es complicado.

En esta novela, César es un joven enamorado… Sí, su matrimonio con Cornelia fue pactado, como era siempre en Roma, pero eran dos jóvenes, probablemente agraciados y las fuentes insisten en que fueron felices. Para mí, Julio César solo se enamoró de verdad, de perder la cabeza, dos veces y la primera fue con ella. Fue un amor de verdad: surgió por obligación, pero la debió querer mucho, porque se jugó la vida por ella.

Tampoco debía ser fácil ser su amigo… Supongo que lo dices por Labieno, que nos va a dar un momento propio de Shakespeare en el futuro. Las amistades de César iban y venían, no duraban toda la vida. La gran lealtad que tuvo, aunque es posterior a lo que cuento en esta primera novela, la que duró hasta el final, fue la Marco Antonio. ¿Fue por lealtad, o por interés? Es debatible. Pero lo mismo pasó con sus enemistades, como la de Pompeyo, que irán oscilando entre conflicto y entendimiento. Y eso es magnífico para construir novelas porque entrecruza los conflictos íntimos y políticos.

Precisamente empieza la novela con una cita del Julio César de Shakespeare… Hay mucha gente que no me sitúa profesionalmente, pero soy profesor de Literatura inglesa y norteamericana. Todos los años doy, en Introducción a la Literatura británica, el Julio César de Shakespeare. Julio César, en sí mismo, es un personaje muy de Shakespeare. Es muy Hamlet cuando duda si cruzar o no el Rubicón.

¿Por qué articular toda su juventud en torno al juicio de Dolabela? Yo tenía la idea, pero era un personaje muy tratado, así que ¿Qué podía ofrecer? Por un lado, tenía claro que tengo un nicho en el tema de las batallas y que curiosamente tenía campo. A la autora que más y quizá mejor ha escrito sobre él, Colleen McCullough, no le gustaban las batallas y, esencialmente, o se las saltaba o las despachaba en dos páginas. Ahí tenía un primer paso para dejar mi sello. Pero eso no me solucionaba el arranque y, como decía Hitchcock, una película tiene que empezar como un terremoto y de ahí para arriba. Yo creo que para la narrativa también es buena idea. El juicio era mi terremoto para César. Investigando sobre su juventud di con ello y me di cuenta que era una maravilla, pero ¿por qué no se había novelado antes? Porque el juicio se había perdido. Era un problema grave, pero tenía mi opción: novelarlo. Así que recurrí al catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Valencia, Alejandro Valiño, que ya me ayudó en un juicio que aparecía en lo trilogía de Trajano, para tratar de reconstruirlo de forma verosímil. Luego yo lo construí con técnica literaria y algunos guiños.

Recuerda mucho a las novelas de John Grisham… Hay varios guiños a sus historias, incluso también uno a Testigo de Cargo, la novela de Agatha Christie, que fue llevada al cine con Charles Laughton.

Plauto situaba las críticas al mundo en el que vivía en la antigua Grecia, unos cientos de años antes. Yo soy más precavido y las sitúo hace más de 2.000.

Quizá es su novela más híbrida, porque hay bastante componentes de thriller… Yo me considero novelista, sin más. Así que, en ese sentido, recurriré a todo aquello que me pueda ayudar a crear un relato interesante y atractivo. Escribo novela histórica y la documentación tiene importancia, claro. Pero soy novelista y no me duelen prendas en añadir otros elementos útiles para la narración. Y cuando ya tienes algo híbrido, y la novela histórica lo es por definición, ya le puedes añadir todos los condimentos que quieras. Creo que es fruto de una madurez literaria. No es que me sienta más seguro, porque tengo nervios por no defraudar a los lectores. Sé que es un gran personaje y quiero ofrecer algo bueno y original. Todo está al servicio de la narración.

También acerca al lector de hoy aquella historia, que le sonará cercana. Un juicio por corrupción, control del poder judicial… Es que los juicios romanos tenían muchos elementos que han perdurado hasta hoy, como por ejemplo decidir quién puede personarse como acusación y quién no, las recusaciones… Sila incluso dio con la clave para saltarse con la división de poderes. Es todo muy actual. Un amigo mío me dice que no debería escribir esas cosas, que voy a dar ideas a los políticos de hoy. Y yo le digo que no se preocupe que, salvo excepciones, no creo que muchos diputados lean esto y el Gobierno… Vamos a dejarlo. No deben leer mucho en general nuestros políticos. En cualquier caso, Plauto situaba las críticas al mundo en el que vivía en la antigua Grecia, unos cientos de años antes. Yo soy más precavido y las sitúo hace más de 2.000. Pero es fácil, la conexión con el mundo romano está ahí y mucho de lo bueno y malo que somos, ya estaba trazado entonces.


El escritor Santiago Posteguillo, apoyado en los restos del Muro de Adriano (Reino Unido)

¿Qué vendrá después de Roma soy yo? Un mínimo  de cinco novelas, pero podrían extenderse hasta ocho. Hasta 2032 creo que tengo trabajo. Julio César siempre será el protagonista de estas novelas cerradas, pero irán desfilando una galería de personajes fascinantes que tendré que contener, como he hecho en esta con Cayo Mario. Aunque empiezo a pensar que no sé si podré contener a Cleopatra. Ella es incontenible. Ya avanzo que empezará a aparecer desde la segunda novela.

Es casi de nuestra idiosincrasia nacional lo que nos gusta dar de lado y machacar a quien destaca

Tras el éxito y el Premio Planeta, ¿las críticas son más feroces? Sí, pero hay que diferenciar. ¿Está bien que los lectores te exijan lo máximo? Sí.  Si, como han dicho a veces, soy un referente de la novela histórica es normal que me pidan siempre más y mejor. Eso está bien porque además hacen que no te duermas en los laureles, nunca mejor dicho. Yo todo eso lo encauzo de manera positiva. Luego hay otra cosa que es casi de nuestra idiosincrasia nacional y es que nos gusta dar de lado y machacar a quien destaca. Por ilustrar y no por compararme, ¿Cuántas veces en sus años de carrera hemos visto que decían que era el final de Rafa Nadal? Con cada lesión lo han enterrado, decenas de veces. Algún día acertarán, claro, pero esa actitud a mí me resulta incomprensible. Yo eso trato de obviarlo. Yo trato de hacer el mejor trabajo posible.

Hace unos años se habló de la posibilidad de hacer una serie sobre su trilogía de Escipión, ¿Está más cerca tras la serie documental El corazón del imperio ? No, seguimos igual. He aprendido que en el mundo audiovisual puede estar algo parado diez años y en dos meses se acelera y ocurre. Sigue habiendo negociaciones con productores italianos y norteamericanos, porque la única posibilidad es la superproducción internacional. Se llegó a incluso a hablar con alguna plataforma famosa, pero cuanto más dinero ponen, más control artístico quieren. Y yo no quiero ceder todo el control y que hagan algo que no tiene nada que ver con mis novelas. Quizá cuando mis libros aparezcan en inglés y en EE UU, probablemente en 2024, haya un salto en eso.



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