Joe Biden, ante la complicada decisión de tener que cerrar el país por la pandemia


El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, enfrenta una decisión diferente a la de cualquier otro mandatario entrante: respaldar o no una cuarentena nacional a corto plazo para frenar por fin una pandemia que se agrava día a día. Ayer hubo un nuevo récord de 184.000 casos de Covid-19, con un promedio diario en la última semana de 140.000.

Donald Trump, que siempre minimizó la crisis sanitaria, ya dijo que no aplicará medidas drásticas en lo que resta de su gobierno. “No vamos a ir a un confinamiento, yo no iré, este gobierno no irá a un cierre de las actividades”, sostuvo el viernes.

Biden, en tanto, evita una respuesta tajante sobre el tema, pero si admite que le preocupa. “Estoy alarmado por el aumento de las infecciones, hospitalizaciones y muertes por Covid-19 reportadas”, tuiteó este sábado. “Esta crisis exige una respuesta federal sólida e inmediata que lamentablemente ha faltado”, agregó en directa crítica a la política sanitaria de Trump.

“Soy el presidente electo, pero no seré presidente hasta el próximo año. El Covid-19 no respeta fechas en el calendario, se está acelerando ahora mismo”, apuntó Biden, antes de reclamar “una acción urgente hoy, ahora, por parte de la actual administración”.

Estados Unidos se acerca a los 11 millones de contagios de coronavirus, y tuvo más de 245.000 muertes. Pero el problema no deja de crecer. Además de lo sanitario, está el deterioro su economía. Incluso con noticias prometedoras sobre una exitosa vacuna, es poco probable que la misma se distribuya ampliamente hasta dentro de muchos meses.

“El covid-19 todavía determina el curso de la economía. El aumento actual de los casos es mucho más preocupante y se espera que sea más perturbador para la actividad económica”, estimó la economista Diane Swonk de la consultora Grant Thornton.

En la semana transcurrida desde que derrotó a Trump, Biden ha dedicado la mayoría de sus declaraciones públicas a animar a los estadounidenses a usar mascarilla y a considerar el coronavirus como una amenaza que no tiene en cuenta ideologías políticas.

Si bien Biden lo evita, entre los miembros de la junta de asesoramiento para el coronavirus anunciada por el líder demócrata hubo debate sobre la cuarentena. Uno de sus miembros, el doctor Michael Osterholm, sugirió un confinamiento de entre 4 y 6 semanas con ayudas financieras para los más necesitados. Más tarde se retractó y fue refutado por otros dos miembros del comité, que apuntaron que esta medida no debería considerarse.

Esto es un indicio de la complicada dinámica que se encontrará Biden cuando asuma la presidencia en enero. Hizo campaña como un gestor de la salud pública estadounidense más responsable que Trump, y admitió los desafíos que tiene por delante el país con esta pandemia.

Pero hablar de confinamientos es un asunto especialmente sensible para los estadounidenses. Primero, es casi imposible que un presidente lo decrete por sí mismo, por lo que necesitaría el respaldo bipartidista de funcionarios estatales y locales. Por otro, en términos generales son un punto de confrontación política que podrían socavar los esfuerzos de Biden para unir a una nación profundamente dividida.



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