Incendiarios borrachos | Opinión de Helena Resano

Esto pasa más de una vez en una cena privada: el típico amigo que ha tomado alguna copa de más, que se viene muy arriba, que te jalea y te anima a que hagas eso loco que te ronda por la cabeza y que no te atreves a hacer. “Sí, hombre, sí, hazlo, atrévete”. Y entre risas y aplausos, te contagias de ese entusiasmo y hala, haces eso loco que, en ninguna circunstancia deberías hacer si estuvieras mínimamente más sereno y menos “emborrachado” del entusiasmo popular que tu amigo intenta contagiar (e insisto en que él o ella sí va borracho). Así que acabas mandando el mensaje a tu ex que supondrá el desastre del desastre, o cuelgas una foto que es de lo más inapropiada o te compras el billete a un destino que no te puedes permitir.

Animó a Trump a que saliera y dijera que los resultados habían sido manipulados

Algo parecido le pasó a Trump la noche electoral. Su amigo Giuliani había estado bebiendo más de lo debido. Los resultados que iban llegando no auguraban nada bueno, claramente los republicanos habían perdido las elecciones y Biden ocuparía la Casa Blanca. La reelección se truncaba conforme pasaban los minutos y un Giuliani cada vez más borracho se envalentonó y animó a Trump a que saliera a la sala de prensa y dijera que los resultados habían sido manipulados, que todo era un tongo y que el verdadero ganador había sido él. En aquel momento no entiendo por qué nadie con un poco más de cabeza y unas copas de menos le aconsejó a Trump que esperara, que aquello era una pésima idea. Nadie se atrevió y pasó lo que todos sabemos que pasó. Que desde aquella noche el ya expresidente de Estados Unidos se agarró a esa teoría del fraude electoral para no admitir la derrota. Alimentó hasta el extremo esa teoría, recaudó fondos para intentar litigar en los juzgados. Y semanas después, el 6 de enero, una turba igual de anestesiada que el Giuliani de la noche electoral entró en el Capitolio por la fuerza


Es ahora cuando nos estamos enterando de todo esto. Es ahora cuando sabemos que todo ese dinero que recaudaron para presentar demandas y litigar se lo acabaron quedando. Y al final, no se trataba de ganar o perder unas elecciones, sino de seguir alimentando las arcas de esa sociedad tan bien avenida que son los políticos que intentan mantenerse en el poder sea como sea.

Da miedo saber que el destino de un país, de una potencia como Estados Unidos, estaba en manos de incendiarios como estos. De tipos que, sin un mínimo de cordura, deciden con dos copas de más que la realidad es demasiado compleja como para dejarla estar. Que, si hace falta salir y mentir, se sale y se miente. Sin problemas. Sin tapujos. Todo sea por ganar. Cueste lo que cueste. Tú dale el mechero que después ya veremos cómo apagamos ese incendio. 

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