Hungría va a las urnas con Orbán favorito pero casi aislado por su ‘amistad’ con Putin y una oposición unida contra él

Hungría se ha convertido en un cortijo particular para Viktor Orbán, que de momento se sabe imbatible y ha echado sucesivos pulsos a la Unión Europea en su objetivo por desgastar el proyecto. Pero el domingo el país va a elecciones, y serán los comicios más igualados, sobre el papel, de los últimos años. ¿Por qué? Por una parte porque la oposición se ha unido en una coalición de seis partidos que es precisamente un frente anti Orbán y por otro porque el primer ministro llega, en cierto modo, desgastado hacia fuera por su ‘amistad’ con Vladimir Putin y su equidistancia respecto a la guerra en Ucrania. 

Eso sí, los sondeos le mantienen como favorito porque en realidad la sociedad húngara, y así lo avisan las encuestas, prefiere gas barato y cierto margen respecto al conflicto que una entrada de facto en el relato de la guerra. En todo caso, Orbán se ha quedado solo. Su alianza en el grupo de Visegrado con Polonia, República Checa y Eslovaquia se ha roto a cuenta de las relaciones con Rusia. Varsovia no quiere saber nada de Putin y cree que Budapest se equivoca en su política.

¿Dónde está la clave entonces para las elecciones del domingo? Es una cuestión de mayorías. El número mágico son los 133 escaños que cubren dos tercios del Parlamento, una mayoría que permite al Gobierno, entre otras cosas, nombrar altos cargos y cambiar la Constitución, algo que para Viktor Orbán es clave para consolidar su poder y su estructura. De hecho, los expertos hablan de ‘putinización’ de Hungría precisamente por el entramado que ha montado Fidesz para, por una parte, liderar lo que Orbán califica como “revolución conservadora”, y por otra mantener el pulso con Bruselas en su desgaste al estado de derecho.

Eso sí, son unos comicios que se miran con lupa. Ya en 2018 la OSCE habló de que las elecciones de entonces habían sido “justas pero no libres” y para este domingo ya ha visto irregularidades como que la cartelería de la oposición ocupa rincones muy secundarios en la calle y su espacio en los medios de comunicación, la inmensa mayoría controlados por el Gobierno, es prácticamente inexistente. 

Entonces, ¿qué opciones tiene esa oposición? Más que casi nunca. Todos los partidos desde la izquierda hacia la extrema derecha se han unido bajo un candidato casi desconocido pero que puede hacer frente a Orbán. Es Peter Marky-Zay, un conservador (de centroderecha), alcalde de la ciudad de Hódmezovásárhely y que aspira no solo a batir a Fidesz, sino también a arrebatarle votantes tradicionales. Ese es el quid de la cuestión para que la coalición haya descartado a los posibles candidatos más progresistas.

El programa de Orbán sigue sosteniéndose en sus grandes ejes: anti inmigración, pulso con Bruselas, una economía enfocada hacia sus élites y un rechazo de plano de las minorías y los colectivos que el Gobierno considera una especie de enemigos del régimen. De hecho, el Ejecutivo de Fidesz ha ‘colado’ un referéndum sobre el uso de temática LGTBI en los colegios. Es más, la muy polémica ley anti LGTBI aprobada por el Gobierno de Orbán ha supuesto uno de los últimos choques con la Unión Europea. En el otro lado, Marky-Zay apuesta por un discurso más moderado, cercano a la UE y apelando a la unión de los ciudadanos en torno a un proyecto común, pero sin una renuncia a la base de una sociedad que es muy conservadora. Además, aclara Marín “se distancia de Orbán en que, entre otras cosas, nunca ha estado en contra de la inmigración”.

“No va a haber ningún gran cambio, Hungría ya no existe. Es Orbanistán”

Sergio Marín, investigador del proyecto EPICUR en la Universidad de Alta Alsacia, explica a 20minutos que el sistema electoral está preparado “para que en un contexto de oposición fragmentada Orbán ganase siempre todo”, pero ahora la oposición se ha unido. Marín tiene claro que “la cifra que importa son los dos tercios”. Es la clave porque “sin eso no haces nada importante en Hungría”. Recalca, en este sentido que “ni un lado ni otro van a tener los dos tercios”. Eso sí, Marín asume que “la oposición no tiene ninguna opción para acceder al poder”, pero avisa de que si pasase “Orbán controla todo lo demás”. En ese escenario, la oposición se vería en un situación “que le impediría tocar lo que Fidesz no quiere que se toque”. Al final, la “oposición no quiere ganar, lo que quiere es que pierda Orbán. Que sepa que hay suficientes votantes en Hungría que quieren un cambio”.

No va a haber ningún gran cambio, Hungría ya no existe. El día que Orbán no se presente hablamos”, prosigue Marín de forma rotunda. Dentro de Fidesz, sostiene, “hay facciones” pero hay que tener en cuenta que forman una coalición con el KDNP, que forma parte del Partido Popular Europeo (no como la formación de Orbán).

Sobre la oposición, Marín esgrime que en el caso de la oposición que “algo que no se está entendiendo es que la lucha no es contra el ultraconservadurismo de Orbán sino contra el sistema mafioso de expolio“. Si sacan dos tercios, por lo tanto, “el objetivo es reformar la Constitución y resolver el tema por ejemplo de la independencia de los medios”, entre otros, como también “el tema de la compra de energía a bajo coste”. En este sentido, dice Marín, “todo lo que tenga que ver con Orbán no se puede analizar desde el punto de vista ideológico, porque no tienen ideología, sino la meta de formar un sistema olgárquico” que, de hecho, “tiene nombre”: Nemzeti Együttműködés Rendszere (NER).

“La guerra en Ucrania ha cambiado el escenario tanto para Orbán como para la oposición”

Por su parte, Daniel Gil, analista en The Political Room, sostiene que la primera clave es que “la guerra en Ucrania ha cambiado el escenario para ambos”, pero “más a la oposición” porque “ha trastocado todo el discurso de la oposición que se centraba en la lucha contra la corrupción y en atacar a Orbán por sus relaciones exteriores, a priori con China”. Contra lo que pueda parecer, “la mayoría de la población húngara apoya la neutralidad” por lo que “quien sale perdiendo en este sentido es la oposición, porque además el tema de la corrupción queda en un segundo plano”.

“Lo más probable es una victoria de Orbán sin llegar a una mayoría de dos tercios”, añade Gil. Puede perder las elecciones “si son limpias” y también “si hay un factor desmovilizador en las provincias, donde va a arrasar Orbán a priori” frente a las ciudades “que elegirán a la oposición”. En ese contexto, Marky-Zay “tendría alguna opción, aunque remota”. Sobre la relación con Bruselas, Orbán podría salir debilitado “en el caso de un resultado ajustado”, pero “habría que ver si Polonia rompe del todo con Hungría” y cómo queda el grupo de Visegrado. “En el electorado hay una posición claramente europea y si no le defiende Polonia, Hungría queda desnuda”.

Un referéndum ‘trampa’ sobre contenidos LGTBI

En paralelo a las elecciones, Viktor Orbán ha convocado un referéndum sobre contenidos LGTBI en los colegios, en una maniobra de dudosa transparencia. “El referéndum lo va a ganar de todas maneras porque la oposición no va ni a votar”, comenta Marín a este respecto, al tiempo que revela que el Gobierno de Fidesz utiliza las direcciones de correo electrónico de los ciudadanos a las que accedió a cuenta de la vacunación contra la Covid-19 para enviar propaganda sobre esta votación.

“La clave para ver si es un referéndum es un éxito o no es ver cuánta gente vota”, añade. Además, considera que Orbán “en realidad se equivoca [haciendo coincidir las dos votaciones] porque si se da un 80% de participación en las elecciones y un 30% en el referéndum es algo que no va a poder esconder“. En general, eso sí, “a la gente le da bastante igual” ese referéndum y el tema no está tan instalado en la sociedad sino que es “una parte del debate identitario importado desde Estados Unidos”. Marín lo describe con ejemplos: “Por lo que sea toda la extrema derecha trumpiana ha encontrado hueco en Budapest, con el colegio Mathias Corvinus Collegium”. Esa es, en realidad, la Hungría de Orbán. U Orbanistán.

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