Hoy por hoy


El gobierno de Laurentino Cortizo adolece de serias deficiencias, como su compromiso de combatir la corrupción y la opacidad en la gestión gubernamental a todo nivel. Pero, irónicamente, el presidente presume de estas como si fueran sus más brillantes logros, cuando todos podemos listar hechos que desmienten tales conquistas. Sus palabras son insuficientes para completar un gramo de verdad cuando se examina, por ejemplo, el creciente número de conflictos de interés entre sus funcionarios; la nada transparente negociación con Panama Ports; los opacos procesos de compra de insumos, equipos y medicamentos para la pandemia; el clientelismo rampante y el descarado tráfico de influencias. Todos estos hechos van en dirección contraria a lo que dice el presidente. Entonces, la vehemencia del discurso, la fuerza de sus ideas y el calor de sus promesas no significan nada cuando todo ello choca de frente con la simplicidad de los hechos. Parafraseando la realidad que transmite una imagen, un hecho acaba fácilmente con mil palabras. Eso significa que hemos escuchado con paciencia y durante décadas promesas que solo son eso: el ropaje con el que se viste la mentira. Por eso, ya no basta con escuchar lo que queremos oír; queremos ver que cumplan lo que prometen. Actuar en vez de solo hablar.



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