Hoy por hoy


¿Cuántos profesores de mandarín o cantonés hay disponibles en el país? ¿Cómo obtendremos los expertos en inteligencia artificial, robótica o energía solar que definirán la hoja de ruta del desarrollo de Panamá? ¿De dónde saldrán los médicos y veterinarios para atender las comarcas y las regiones lejanas del país? Estas preguntas no tienen respuestas fáciles. En papel, nuestra educación debería ser capaz de producir el talento para cubrir nuestras necesidades de desarrollo. Pero no lo es y, por lo tanto, bien vale la pena analizar el recibir el talento de todas partes del mundo para que se desarrolle en Panamá. Esto no puede hacerse a la ligera ni burdamente aprovechando la oportunidad para explotar a los migrantes y pauperizar a los panameños. Este debate no puede ser secuestrado por la xenofobia ni por la codicia. Nuestra historia es un ejemplo claro de que sí se puede hacer y que todos ganamos con la llegada de nuevo talento.



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