Hoy por hoy


Son incontables los periodistas, activistas de derechos humanos, políticos, jueces, empresarios opositores y miles de víctimas de ataques del programa Pegasus en todo el mundo, incluido, Panamá. En Israel –donde NSO Technologies, fabricante del software, tiene su sede–, Pegasus es considerado un arma y, como tal, su venta la debe autorizar el Gobierno de ese país. Los escándalos que rodean esta plataforma, por su abusivo uso, no deberían pasar inadvertidos, cuando hay justificadas sospechas de que este software jugó un rol en el asesinato, en 2018, en Estambul (Turquía), del periodista saudí Jamal Khashoggi, de The Washington Post. En Panamá, el gobierno de Ricardo Martinelli lo usó para espiar ilegalmente a cientos de personas, por lo que se abrieron causas criminales que han terminado en condenas y en el juzgamiento del mencionado expresidente. En México, incluso, se usó para vigilar al hijo adolescente de la periodista Cristina Aristegui, solo por mencionar un caso. Urge modificar el protocolo de venta de este programa, usado también para fines malintencionados. Pegasus es un arma letal, pero se comercializa como si fuera un juguete.



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