Guerra Rusia-Ucrania. Ahora que Occidente acepta ampliar la OTAN con Finlandia y Suecia, ¿por qué no hace lo mismo con Ucrania?


WASHINGTON.- Con su apoyo a la movida de Finlandia, y en pocos días de Suecia, para ingresar a la OTAN, el presidente norteamericano Joe Biden y sus aliados de Occidente redoblan su apuesta para que Rusia pague un alto precio por sus enormes errores estratégicos de los últimos tres meses: sufrir la expansión de la alianza atlántica que el presidente Vladimir Putin se había propuesto fracturar.

Pero la decisión deja varias preguntas importantes en suspenso. ¿Por qué no permitir que se una también Ucrania -esa democracia corrupta y con fallas, pero también heroica, nudo del conflicto actual- para consagrar en los papeles las obligaciones de Occidente con la seguridad de ese país?

Y ampliar la OTAN a 32 miembros, que a su vez agregarán miles de kilómetros de fronteras con Rusia, ¿ayudará a prevenir que Rusia vuelva a intentar una invasión salvaje e injustificada, o lo único que logrará será consolidar la fractura existente con un adversario aislado, enojado y atiborrado de armas nucleares, que de hecho ya está paranoico por el “cerco” de Occidente?

05/03/2022 El presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. POLITICA NORTEAMÉRICA ESTADOS UNIDOS NORTEAMÉRICA INTERNACIONAL CASA BLANCA
05/03/2022 El presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. POLITICA NORTEAMÉRICA ESTADOS UNIDOS NORTEAMÉRICA INTERNACIONAL CASA BLANCA

El jueves, la Casa Blanca celebró el anuncio del gobierno de Finlandia de que su país “se postulará para integrarse a la OTAN sin demoras”, y se espera que el gobierno de Suecia siga esos pasos en los próximos días. Para sorpresa de nadie, Rusia contestó de inmediato que tomaría “medidas de represalia”, entre otras cosas, una respuesta “técnico-militar”, que muchos expertos interpretaron como la velada amenaza de un despliegue táctico de armas nucleares en la frontera ruso-finesa.

Hace semanas que los funcionarios estadounidenses se reúnen discretamente con sus contrapartes de Finlandia y Suecia para reforzar las garantías de seguridad para los dos países mientras se tramitan sus solicitudes para unirse a la alianza atlántica.

Para Biden y su equipo, el argumento para incorporar a Finlandia y Suecia y dejar fuera a Ucrania es muy simple: los dos Estados nórdicos son democracias ejemplares y tienen Ejércitos modernos con los que Estados Unidos y otras naciones de la OTAN realizan ejercicios regularmente, como las operaciones conjuntas para rastrear submarinos rusos, proteger los cables de comunicaciones submarinos y realizar el patrullaje aéreo del Mar Báltico.

ARCHIVO - El secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg, al centro, participa en una conferencia de prensa con la ministra de Relaciones Exteriores de Finlandia Pekka Haavisto, izquierda, y el ministro de Relaciones Exteriores de Suecia Ann Linde, en la sede de la alianza en Bruselas  (AP Foto/Olivier Matthys)
ARCHIVO – El secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg, al centro, participa en una conferencia de prensa con la ministra de Relaciones Exteriores de Finlandia Pekka Haavisto, izquierda, y el ministro de Relaciones Exteriores de Suecia Ann Linde, en la sede de la alianza en Bruselas (AP Foto/Olivier Matthys)

Ucrania, por el contrario, estaba en el corazón de la antigua Unión Soviética que Putin ahora intenta reconstruir, al menos en parte. Y si bien hace tres años que modificó su Constitución para consagrar el ingreso a la OTAN como objetivo nacional, lo cierto es que en Ucrania hay demasiada corrupción y carencia de instituciones democráticas, y su membresía de la OTAN tendría que esperar años, o más bien décadas.

Los miembros clave de la OTAN, encabezados por Francia y Alemania, han dejado en claro que no están dispuestos a incluir a Ucrania. Y menos que menos ahora que el gobierno del presidente Volodimir Zelensky está en guerra: si Ucrania fuera miembro de pleno derecho de la alianza, Estados Unidos y los otros 29 miembros estarían obligados a involucrarse de manera directa en el conflicto, por la promesa base de la OTAN de que “el ataque contra uno es un ataque contra todos”.

Zelensky entiende lo que pasa y después de semanas de insistencia dejó de reclamar el ingreso de Ucrania en la OTAN. A finales de marzo, un mes después de la invasión rusa y cuando todavía parecía existir alguna perspectiva de solución diplomática, el mandatario ucraniano dejó en claro que estaba dispuesto a declarar a Ucrania como país “neutral” si con eso se ponía definitivamente fin a la guerra.

“Estamos dispuesto a dar garantías de seguridad y neutralidad, y de que seremos un Estado no-nuclear”, dijo Zelensky a los periodistas rusos, una frase que desde entonces ha repetido varias veces.

Sus declaraciones fueron un alivio para Biden, cuyo primer objetivo es sacar irreversiblemente a los rusos de Ucrania, pero cuyo segundo objetivo es evitar la Tercera Guerra Mundial.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha dado su "pleno apoyo" al interés expresado por Finlandia de adherirse a la OTAN, en una conversación telefónica con el jefe de Estado finlandés, Sauli Niinisto
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha dado su “pleno apoyo” al interés expresado por Finlandia de adherirse a la OTAN, en una conversación telefónica con el jefe de Estado finlandés, Sauli Niinisto

Y eso implica no entrar en choque directo con las fuerzas de Putin y evitar todo lo que pueda terminar en una escalada potencialmente nuclear. Si Ucrania ingresara en la OTAN, reforzaría la opinión de Putin de que el exEstado soviético estaba conspirando con Occidente para destruir el Estado ruso, y sería solo cuestión de tiempo hasta que estallara una confrontación directa, con todos sus peligros que eso entraña.

Entonces la gran pregunta es si ampliar la OTAN no implica fogonear una nueva Guerra Fría, o algo peor. La misma discusión tuvo lugar durante el gobierno de Bill Clinton, cuando la Casa Blanca fue advertida sobre los peligros de expandir la OTAN. Por entonces, George F. Kennan -el arquitecto de la estrategia de “contención” que se aplicó durante la Segunda Posguerra para aislar a la Unión Soviética-, calificó esa expansión como “el error más fatídico de la política exterior norteamericana en la Posguerra Fría”.

La semana pasada, Anne-Marie Slaughter, directora ejecutiva del grupo de expertos New America, advirtió que “todas las partes involucradas deberían respirar hondo y bajar un cambio”.

“La probabilidad de que Rusia invada Finlandia o Suecia es muy remota”, escribió Slaughter en The Financial Times. “Pero admitir a esos países en la alianza militar redibujará y profundizará las divisiones que se establecieron en Europa en siglo XX, y eso probablemente obture la aparición de ideas innovadoras y valientes sobre cómo lograr la paz y la prosperidad en el siglo XXI.”

La preocupación a largo plazo es esa, pero en el corto plazo lo que quieren los funcionarios de la OTAN y de la Casa Blanca es garantizar que Rusia no se convierta en una amenaza para Finlandia o Suecia antes de que se conviertan en miembros formales de la alianza. (Eso implica que ningún miembro actual de la alianza objete su integración, y muchos creen que Putin se apoyará en Hungría y su primer ministro, Viktor Orban, para rechazar la solicitud de ambos países.) Solo Gran Bretaña ha sido explícita sobre el tema, con la firma de un pacto de seguridad por separado con los dos países, mientras que Estados Unidos no ha dicho qué garantías de seguridad está dispuesto a ofrecerles.

Pero el gobierno de Estados Unidos dice que fue Putin quien propició la ampliación de la OTAN, al invadir un país vecino de la alianza. Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, citó libremente al presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, quien dejó en claro que fue la situación en Ucrania la que había obligado a los finlandeses a repensar la seguridad de su país.

“El causante de esto es usted”, dijo Psaki en referencia Putin. “Mírese al espejo.”

David E. Sanger

The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)



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