glicerina, baños de agua caliente y Primperán


‘Chuso’ García-Bragado, durante los 50 km marcha del Mundial de atletismo de Doha.
EFE

Jesús Ángel García-Bragado es un ejemplo de cómo la edad es un estado mental. A sus 49 años, casi 50, el marchador madrileño logró en el mundial de atletismo de Doha la plaza olímpica para los 50 km marcha de Tokio 2020, en los que serán sus octavos Juegos. En febrero, durante los campeonatos de España, deberá refrendar ese billete a Japón con la mínima (3 horas y 50 minutos).

Lo hizo, irónicamente, con la peor marca mundialista de su carrera, 4:11.28, después de sobrevivir a una de las pruebas más duras que se recuerdan en el atletismo, debido a la combinación de calor y humedad que hubo en la capital catarí. Más de 31º y un 73% de humedad que convirtieron la carrera en una prueba de resistencia como nunca antes.

Ante esta previsión, García-Bragado se preparó a conciencia. Además de sus tiradas largas habituales, combinó su preparación muscular con la física para aguantar el durísimo desgaste físico que supone competir en esta situación. El riesgo de deshidratación al perder mucho líquido con el sudor es crítico, y es lo que más preparó durante los meses previos.

Básicamente, tuvo dos aliados. Después de cada entrenamiento, hacía sesiones de baños con el agua a 40ºC durante ciclos de muchos minutos con un máximo de 40. El objetivo es que su cuerpo ‘memorizase’ estar en una situación de calor extremo, ya que el sudor no le iba a refrescar, sino todo lo contrario, tal y como ocurrió.

Para evitar o paliar en buena medida la deshidratación y los problemas estomacales, Bragado se acostumbró a beber durante sus entrenamientos un preparado de glicerina, mucho más espeso que el agua simple y que ya usan los bomberos forestales en situaciones de incendios.

Pese a toda esta preparación, su cuerpo acabó destrozado tras la prueba. “Después de terminar la competición a altas horas de la madrugada, la fatiga del estómago, después de beber tanto líquido y el calor, hizo que tuviera vómitos, no conseguía retener el líquido para recuperarme y tuvieron que ponerme lo habitual, un Primperán, para poder asentar el líquido en el estómago”, relató.

Poco sueño, una mala ‘resaca’ y todo por un objetivo: acabar su ya legendaria trayectoria deportiva con la disputa de sus últimos Juegos Olímpicos.

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