Estudiantes de Colón aprenden con el robot Blue-Bot


Los rostros de los niños se iluminan como los ojos del Blue-Bot mientras el pequeño robot avanza sobre carteles y pistas. Estudiantes de 8 de las 10 escuelas que han participado en el proyecto “Aprendiendo con Blue-Bot” se han congregado en la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Colón, en un torneo para demostrar sus habilidades de programación. Todos son ganadores.

El Blue-Bot puede realizar hasta 40 movimientos. Los estudiantes deben analizar los pasos que debe dar el robot y en qué dirección para cumplir las reglas de cada reto. Escriben la secuencia e introducen los comandos con los botones superiores.

La versión más reciente del Blue-Bot se puede programar desde un teléfono móvil o una tableta, mediante una aplicación basada en bloques, tipo  Scratch.

En las aulas, el robot se puede utilizar en diferentes materias, como matemáticas, ciencia, historia, español y otras.

“Laberinto” es el primer reto, el Blue-Bot sale del punto de partida y debe llegar a la meta usando los comandos programados por los niños para avanzar, girar o retroceder. El segundo es “Simón dice” y los alumnos deben seguir indicaciones para mover su robot. En “Súmalo todo” el robot debe llegar a la meta sumando la mayor cantidad de puntos. El reto más emocionante es “Pista de carrera”, en el cual el robot debe llegar lo antes posible a la meta.

Por último, los grupos deben presentar una historia original o un cuento modificado. Mientras un estudiante de cada grupo lee o narra la historia, otro se encarga de programar el robot para que realice la acción correspondiente.

Aprendizajes

Este proyecto educativo surgió a raíz de un convenio de cooperación suscrito entre la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y la Asociación Cuerdas, la cual se enfoca en actividades de inclusión para personas con discapacidad. El proyecto está orientado a estudiantes de la provincia de Colón, y ya han participado 7.285 niños, incluyendo a 245 niños con discapacidad. La Asociación Cuerdas elaboró guías didácticas para realizar los talleres inclusivos en las escuelas.

“Queremos que los niños perciban esta actividad como un convivio y que interactúen con el Blue-Bot. Que los maestros sepan que pueden reforzar conceptos e implementar sus clases con el robot y trabajar con niños que tienen discapacidad o necesidades especiales. Los niños no sienten el temor a lo nuevo, para ellos es como un juguete y las clases son más divertidas y fáciles”, comenta Dayra Wardrope, secretaria de la Asociación Cuerdas.

Amelia de Johnston, profesora de educación preescolar en el colegio Porfirio Meléndez, considera que la robótica es una buena herramienta para evaluar aprendizajes.

“Con los niños de 4 a 6 años trabajamos el área socioafectiva, el área cognoscitiva, lingüística y el área motora. Hemos estado trabajando con figuras geométricas. Trajimos un cartel en el cual los niños deben identificar la grafía de los números y la cardinalidad. Antes de que el niño llegue a un tapete como este, el contenido tiene que haber sido dado ya por el docente”.

Los preescolares programan su robot tal como lo hacen los estudiantes mayores. Según el objetivo, trazan las órdenes, adelante, izquierda, derecha y el robot sigue la ruta. Uno apunta y el otro programa. Próximamente trabajarán en contenidos sobre animales domésticos, salvajes, locomoción, hábitat y utilidad, para comprobar lo que se enseña en la clase.

“Sería muy bueno que hubiera más robots en las escuelas. En nuestra escuela hay 1.500 estudiantes y solo tenemos 2 robots. Eso nos limita bastante, pero se hace lo posible para que los docentes puedan usarlos en la mañana y la tarde”, indica la profesora Amelia de Johnston.

Maribel Pernett, docente de educación inclusiva en la escuela San Vicente de Paul, acompañó a sus estudiantes, dos de ellos con discapacidad intelectual.

“El robot los ha ayudado bastante porque, aparte de su condición, tenían mucha inseguridad. Antes se frustraban, lloraban, decían: ‘yo no sé hacer esto’. Les decía que debían esforzarse y los animaba para que continuaran con la programación. Ahora que lo hacen bien, se ven felices, se nota el cambio en su autoestima”.

Según la docente, otros niños que tienen déficit de atención e hiperactividad han mejorado su concentración, atención y el seguimiento de indicaciones con el uso del robot. “Me parece que este programa es excelente, interactivo, y los estudiantes sienten que están jugando, pero también aprenden. Tenía un niño que era muy tímido, y con el uso del robot está interactuando bien con sus compañeros”.

El Blue-Bot también es un incentivo para que los alumnos estudien, sean responsables con las tareas y mejoren su conducta.

“Lo que nos falta en Colón es que los niños tengan acceso a programas o a cosas diferentes, no solo fútbol, que no tiene nada de malo, pero la sociedad actual requiere que los niños sepan más de tecnología y sería excelente que nos trajeran más actividades de este tipo. Muchas veces, los niños con discapacidad tienen talentos excepcionales en las áreas relacionadas con computadoras, robótica, aparatos y matemáticas”.

Dayra Wardrope, secretaria de la Asociación Cuerdas, indica que las 10 escuelas desean continuar con el proyecto. “Estamos viendo si podemos conseguir patrocinadores. Hay planes para implementar un Rincón Clubhouse, que será un espacio con tecnología de punta y acceso a internet, donde los niños puedan hacer tareas, trabajar con robots, impresoras 3D… esto les ayuda a aprender y afianzar sus conocimientos, innovar y entretenerse, pero necesitamos un local”.

“Estamos muy entusiasmados porque se hizo algo diferente en Colón, se mandó el mensaje de que no todo en Colón es malo y que podemos aprender de una manera completamente diferente a través de la tecnología y los Blue-Bots. Hay que seguir haciendo estas actividades para que nuestra provincia salga adelante”, dijo Michael Chen, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Colón.

En el encuentro también participaron Miguel Charris, presidente de la Asociación Cuerdas; Hermelinda Santizo, coordinadora de aulas especiales en la Ciudad de Colón, y estudiantes voluntarias de la Universidad Especializada de las Américas (Udelas).

“Reflexionen con esta pregunta: ¿quieren ser robots en esta vida? No… queremos ser programadores y programadoras. Lo principal que debemos programar es nuestro cerebro. Crean en ustedes”, fue el mensaje final de la Dra. Kathia Pittí, subdirectora de Innovación en el Aprendizaje de la Ciencia y la Tecnología de la Senacyt.



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