“¡Esto es el parque de atracciones de la mugre!”


Alberto Chicote y Carlos, el encargado del restaurante valenciano ‘La cueva de Juan’, en ‘Pesadilla en la cocina’ (La Sexta).
LA SEXTA

La segunda entrega de la séptima temporada de Pesadilla en la cocina (La Sexta) se desarrolló este jueves en La cueva de Juan, un descuidado mesón de la localidad valeciana de Paiporta. Emilio, su dueño, compró el local dos años atrás sin pensar en el compromiso que supone mantener un negocio, motivo por el que los clientes no volvieron a dejarse ver por el establecimiento.

Dadas las circunstancias, los trabajadores de Emilio también abandonaron el negocio, donde solo quedó Carlos, que con un salario de 800 euros al mes cocinaba, limpiaba y se llevaba los manteles a lavar a casa. Esta fue la primera noticia que recibió el chef Alberto Chicote cuando entró al mesón, lo que le dejó del todo desconcertado.

Pero la peor parte se produjo cuando el presentador conoció a Emilio, quien no encontraba razones por las que su negocio flaqueara. Su compañero Carlos, le acusó además de acudir ebrio al trabajo o desatender la limpieza del restaurante. Al parecer, el Emilio únicamente se centraba en tocar canciones de Isabel Pantoja o Camilo Sesto con su piano y armónica.

“¡Esto es el parque te atracciones de la mugre!”, exclamó Chicote cuando entró a la cocina. La carne putrefacta, los envases oxidados y una maza de obra y un hacha para cortar la carne fueron algunos de los motivos que generaron arcadas en el chef. 

“¿Cuándo fue la última vez que se limpió esto? ¿Quién estaba en el número 1 de las listas de éxito… Bon Jovi?”, preguntó Chicote, que contrató a un equipo de limpieza para que no dejara rastro de suciedad en el local.

Carlos, muy afectado, se sinceró con Chicote sobre la situación precaria que vivía en La cueva de Juan, que le estaba costando la salud. Su sueldo era crucial para mantener económicamente a su familia, formada por su mujer y sus cuatro hijas. “Si me voy no comen, estoy pidiendo en Cáritas”, confesó emocionado.

Por ello, el chef optó por cambiar los roles entre Emilio y Carlos durante un día, con la intención de que el dueño del local fuera empático con su encargado. La calidad del servicio no mejoró, pero Chicote consiguió que Emilio abriera los ojos ante el calvario de Carlos.

Finalmente, el restaurante volvió a abrir sus puertas con una imagen renovada y su dueño se comprometió a subir el salario de su empleado y a centrarse, por fin, en su negocio.

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