Estadounidenses celebran la boda real de costa a costa


De gente en bares vestidos con pijama a felices fiesteros en un refinado hotel, los estadounidenses celebraron, e incluso lloraron, el sábado al ver a Meghan Markle casándose con el príncipe Enrique en una boda real con resonancia trasatlántica.

La gente se reunió en fiestas especialmente organizadas para ver la boda, algunos antes del amanecer, en un bar de Hollywood y en el enorme Hotel Plaza de Nueva York, en ciudades costeras en Florida así como en las Montañas Rocosas para ver a una estadounidense de raza mixta convertirse en miembro de la familia real británica.

Si Gran Bretaña y Estados Unidos han tenido una “relación especial” por años esto le dio todo un significado diferente. “Fue un cuento de hadas en la vida real”, dijo Erin Massa, de 34 años, quien vio la boda en un bar de Minneapolis. “Si una estadounidense de mi edad se puede volver de pronto princesa básicamente todo es posible”.

A unos mil 600 kilómetros (mil  millas) de distancia, en su casa en Burlington, Nueva Jersey, Paula Jackson suspiró cuando Markle descendió de un Rolls-Royce que la llevó a la Capilla de San Jorge en Windsor, la antigua residencia de la realeza británica. “Estoy muy contento por ella”, dijo Jackson, vestida con un saco con estoperoles y una tiara. “Será un ejemplo para las jóvenes afroestadounidenses”.

En las reuniones en Estados Unidos los espectadores reconocieron la belleza de Markle y su naturalidad. Pero también se maravillaron ante lo revolucionario de la unión entre el príncipe, quien ha hablado abiertamente sobre los años de dolor que ha pasado por la muerte de su madre, la princesa Diana, ocurrida en 1997, y la actriz estadounidense de 36 años, quien ha hablado sobre los momentos difíciles que pasó por su identidad birracial como hija de una mujer negra y un hombre blanco.

Algunos espectadores se secaban las lágrimas al ver la boda en la secundaria Inmaculado Corazón en Los Angeles, la alma mater de Markle. “Mi familia se la pasa hablando de esto”, dijo la estudiante de segundo grado Daniella Bueno, de 15 años, quien se despertó a las 3:00 a.m. para ir con decenas de estudiantes, padres de familia y personal de la escuela para ver la boda. “Representa nuestra escuela de una manera hermosa”.

Al otro lado del país, Varinda Missett y Ellen Polkes llevaban sombreros y tacones para ir al Plaza de madrugada porque “queríamos ver a una chica de California convertirse en una princesa”, dijo Missett. Una multitud con tocados y tiaras se reunió para la primera fiesta del hotel para ver la boda real en una fiesta con huevos rellenos, morcilla, té Earl Grey, galletitas de mantequilla, pastel, champán y licor floral.

“Adoramos las grandes historias de amor”, dijo Maureen Farley, director de hospitalidad del hotel. “Esta definitivamente es una de las mejores”.

Si había una cierta ironía histórica en el hecho de que los estadounidenses celebraran a la realeza británica casi 242 años después de la declaración de Independencia, esta desapareció el sábado cuando la gente dijo que simplemente festejaban el amor. “Me parece que es una nueva manera maravillosa de ser miembro de la realeza”, dijo Ralph Campbell, de 67 años, quien llevó traje y pajarita a una fiesta para ver la boda en el bar Brit’s Pub en Minneapolis. Campbell que la ceremonia fue una “boda global” y agregó: “Creo que ayudará a la paz en el mundo”.

Otra invitada en el Brit’s Pub, la británica Victoria Rylee, dijo que no tenía problemas con que una estadounidense se casara con un príncipe británico. Después de todo, “yo me casé con un estadounidense”, dijo Rylee, de 71 años, soltando una carcajada.

En una pijamada en el Cat & Fiddle Pub en Hollywood, California, el actor británico Craig Young estaba feliz de ver a una mujer de su ciudad adoptiva unirse a la familia real en su tierra natal. Era algo “que nunca pensamos que iba a pasar y que nos ha emocionado mucho”, dijo el actor de 44 años quien llevaba una bata de baño y una máscara del príncipe Enrique.

Para Meghan Woods, quien estuvo en la fiesta del Plaza en Nueva York, la conclusión era muy sencilla. “Hay tantas cosas terribles ocurriendo en el mundo que cuando hay algo como esto, el amor que une a la gente, es un motivo para celebrar”, dijo. “¿Por qué no?”. 



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