Entre propuestas, diálogos y consensos


Recuerdo la emoción de la primera vez que me invitaron a ser parte de un proceso de diálogo y consenso para diseñar políticas públicas de Estado en educación que trascendieran gobiernos. Nos estaban convocando desde organismos internacionales con metodologías y reconocidas experiencias para ayudarnos a lograr acuerdos para el presente y futuro del país. Previo a los diálogos, los facilitadores hacían minuciosas encuestas y entrevistas para ofrecer la mayor diversidad y representatividad en las mesas de diálogo. Antes de ello, ya la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa y la Fundación del Trabajo habían hecho aportes importantes.

Participamos en el proceso de diálogo de la Concertación Nacional para el Desarrollo, a efectos de encontrar avenidas de convergencia que aseguraran que los réditos de una eventual ampliación del Canal de Panamá ofrecieran prosperidad y esperanza a todos los panameños, en el eje educación. Más tarde, colaboramos en un estudio (Una Alianza Público-Privada para una Política de Estado en Educación, 2008 ) desde la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá en el que pudimos identificar que de, 1994 a 2008, todos los aportes en educación se circunscribían a -Mejorar la equidad en el Acceso a la Educación; Elevar la Calidad de los Aprendizajes; Fortalecer La Profesión Docente; y Mejorar la Gestión Administrativa y la Inversión en Educación- y 16 metas. Lo que en 1994 fue válido, en 2008, era crítico. Más tarde, participamos en diálogos convocados por los Ministros de Educación, Doris Rosas de Mata y Miguel Ángel Cañizales.

Luego, se hace la convocatoria al diálogo Compromiso Nacional por la Educación y se crea el Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional por la Educación (COPEME), para dar seguimiento a los acuerdos del diálogo.

Somos parte del Pacto del Bicentenario “Cerrando Brechas” en el que se nos invita a considerar los aportes de la ciudadanía para cerrar brechas fácilmente bicentenarias.

Mi conclusión después de 27 años de experiencia en diálogos y compromisos es que fallamos estrepitosamente y no, precisamente, en el proceso de diálogo. Somos extraordinarios dialogando y acordando. Somos pésimos honrando acuerdos. Somos desmemoriados cuando debemos tomar en cuenta los aportes hechos intergeneracionalmente por más de 40 años. Insistimos en recurrir al diálogo como herramienta para diseñar políticas públicas, cuando el eje de la conversación debería ser otro. La conversación tiene que partir de por qué no ocurre lo que nos proponemos que pase. Se hará evidente entonces que tratamos de desconocer lo acordado previamente; no analizamos porqué fallamos antes; no comprendemos los procesos de implementación de las políticas públicas; y no pedimos ayuda a los organismos internacionales para lo que sí es relevante: cómo enfrentar nuestra escasa capacidad de ejecución que sí debe ser estudiada.

Los ciudadanos han validado lo que establecen los acuerdos del Compromiso Nacional por la Educación. El COPEME ha identificado 5 metas priorizadas en educación; hecho un Plan Operativo con el MEDUCA y 7 protocolos y propuestas pertinentes que hoy se acogen y aplican.

Urge que se atiendan e implementen políticas públicas que se enfoquen en el bienestar de los estudiantes; que prevengamos las deficiencias escolares y el eventual abandono escolar; que se atienda necesidad de conectividad; que alcancemos a los más vulnerables; que descentralicemos al MEDUCA, que protejamos las trayectorias escolares, que mejoremos la formación del docente y que nuestros sistemas de información sean pertinentes y actualizados.

Sobre todo, urge que enfrentemos la realidad. Es un problema de falta de capacidad de implementación que, según los técnicos internacionales, puede ser por cuatro motivos: error en el diseño; falta de acceso a recursos humanos y técnicos; insuficientes recursos financieros; ausencia de voluntad política.

Analicemos qué es lo que está pasando. Pasemos del diálogo sin resultados tangibles en el tiempo. Evaluemos qué nos impide ejecutar los acuerdos nacionales.

Soy una convencida que organismos internacionales como PNUD, BID, UNESCO y UNICEF deben ayudarnos a entender porqué somos tan deficientes implementando. Ya no es época de diálogos: nuestros niños no necesitan diálogos. Necesitan respuestas: uno de cada tres es pobre multidimensional.

Dialogar es importante. Ya es una etapa superada en educación: ejecutemos los compromisos, ojalá de la mano de organismos internacionales que nos orienten no en hacer más diálogos sino en cómo ejecutar políticas de Estado.

La autora es especialista en educación



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