Entre la dinámica social, la responsabilidad ciudadana y la eficiencia


En las últimas semanas presenciamos exigencias sociales que requieren de mayor análisis para determinar si estamos o no ante cambios de valoración y comportamiento social, que podrían implicar revisiones estructurales. Habría que distinguir si estamos ante la oportunidad de repensar la nación con la participación de todos los actores o si se diluirán las pretensiones, quedándonos en el statu quo o en soluciones efímeras.

Inquietan algunas manifestaciones por sus formas radicales, muy distintas a las pretensiones de generar cambios progresivos desde las instituciones. También es paradójico que algunas de estas formas sean para procurar la paz social, cuando sus actos tienen vicios de violencia y privan de derechos a la población, los cuales no son viables desde la dimensión humana y en democracia.

Aun así, reconocemos en la dinámica social que hoy apreciamos con cautela, la oportunidad para hacer transformaciones. Y, si efectivamente se quiere, es la oportunidad para reflexionar acerca de los valores comunitarios, de la funcionalidad de las instituciones, de la gestión eficiente y transparente de los recursos y de cambios estructurales.

Es evidente que el descontento tiene varias causales y es multidimensional. Existen causales coyunturales y estructurales, internas y externas. Adicionalmente, algunas necesidades exigen una mirada profunda en cuanto a la gestión de los recursos y de cambios estructurales que requerirán soluciones de largo plazo.

Lo anterior exige, por parte de los representantes de gremios, sindicatos, actores privados y autoridades, una comprensión de la naturaleza de los problemas y de la magnitud de las soluciones. Éstas últimas deben contener un lenguaje comprensible para cada persona, pero deben contar con los elementos técnicos propios de cada ámbito. Lo anterior debe materializarse en políticas públicas, que incorporen criterios de eficiencia que permitan la sostenibilidad de las soluciones y que consideren el alcance ante compromisos supranacionales.

Esto invita a los ciudadanos a comprometerse con un mayor nivel de conciencia cívica. El ciudadano debe ser capaz de comprender lo público y participar en la construcción de la ética de la ciudad, así como en soluciones particulares y en comunidad. El no hacerlo tiene un impacto negativo que, con la ausencia del pensamiento crítico, contribuimos a catalizar coyunturas como la actual. Hagamos una pausa en desacreditar y descomponer todo, y reconozcamos que la realidad sociopolítica y económica exige la construcción de soluciones dentro de un marco ético y de civismo.

Encontrar soluciones de consensos es una tarea compleja en la actualidad, la que se caracteriza por desconocer a la autoridad y las instituciones, las dinámicas son inestables y el liderazgo sin compromiso, y existe una expresión disgregada de los actores. Reconozcamos el gran reto para que las soluciones a los problemas partan de una idea clara de país y de la voluntad de renunciar a intereses particulares para lograr consensos nacionales.

Esperamos que los líderes tengan claridad en cuanto a los objetivos y las expectativas, para evitar frustraciones a posteriori. Hay que evitar el error de hacer justicia social a partir de políticas públicas ineficientes. Esto es pan para hoy y hambre para mañana. Por el contrario, las soluciones deben ser económicamente eficientes, es decir, que las políticas públicas que se determinen incorporen análisis objetivos y elementos que permitan ampliar los excedentes necesarios para la sostenibilidad en el tiempo de las políticas y, como objetivo a lograr, permitan la justicia social.

Finalmente, es necesario abogar por un diálogo social con todos los actores, democrático, de respeto, con el compromiso de alcanzar juntos soluciones eficientes para el Estado. Ante la complejidad del contexto, los actores tienen la responsabilidad de generar confianza a través de las acciones y preservar la cordura e inteligencia que permitan construir los consensos que cohesionen aún más los tejidos de nuestra nación.

Procuremos de esta forma que Panamá pueda forjar el progreso necesario y la justicia social que garanticen la paz de nuestro pueblo.

El autor es abogado.



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