¿En qué consiste un brote psicótico? Estas son las claves de los episodios como el que sufrió Ángel Martín


El estigma que hay en torno a los problemas de salud mental ha provocado que exista una cierta ocultación y desconocimiento del tema. Sin embargo, como ha puesto de manifiesto el cómico Ángel Martín, que este miércoles ha explicado a través de sus redes sociales que en 2017 sufrió un brote psicótico, lo cierto es que la enfermedad mental es una realidad que está más presente de lo que podríamos pensar y que es posible que en algún momento suframos nosotros mismos o personas de nuestro entorno.

Por ello, es importante conocer esta clase de patologías y entender en que consisten, hábitos saludables para prevenirlas y, llegado el caso, como debemos actuar ante una de ellas.

¿Qué es un brote psicótico?

En concreto, un brote psicótico, como el que Martín ha contado haber padecido, es un episodio patológico en el que una persona pierde contacto con la realidad y en el que puede experimentar delirios (falsas creencias acerca de lo que sucede o incluso sobre su propia identidad) y/o alucinaciones (percibir cosas que no existen en realidad). Esto, a su vez, puede llevar a que la persona afectada muestre cambios en su comportamiento, su personalidad y su pensamiento.

Cabe señalar que los brotes psicóticos no constituyen en sí mismos un trastorno, sino que son un indicador que puede apuntar a muchas causas subyacentes diferentes sin ser específico de ninguna en concreto.

Desde un punto de vista neurológico, se sabe que las personas psicóticas experimentan una mayor actividad de los neurotransmisores dopamina y serotonina. De hecho, teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que ciertas sustancias como la cocaína, la psilocibina, el MDMA y otras anfetaminas o el LSD que actúan sobre los sistemas dopaminérgico y o serotoninérgico produzcan cuadros psicóticos.

¿Cuáles son sus síntomas?

La sintomatología más evidente de los brotes psicóticos consiste en la aparición de alucinaciones y delirios. Es decir, la persona que lo está sufriendo puede sentir, oír o ver cosas o personas que no existen (alucinaciones) o puede mantener creencias erróneas sobre la realidad como que está siendo perseguida, que es una persona diferente o que tiene algún papel o misión que cumplir.

De manera secundaria, esto puede llevar a que el paciente presente importantes cambios conductuales que pueden incluir aislamiento social, absentismo laboral o estudiantil, descuido en la higiene o la apariencia, cambios en la forma de vestir, ansiedad, problemas del sueño, falta de motivación o anhedonia (falta de placer).

¿Y sus causas?

Son muchas las causas que pueden subyacer a un brote psicótico. Por un lado, son manifestaciones comunes de enfermedades como las esquizofrenias, los trastornos esquizoafectivos, el trastorno bipolar, el Alzheimer, el Parkinson, la sensibilidad al gluten no celíaca, la epilepsia o la esclerosis múltiple.

Por otro, los brotes psicóticos pueden aparecer tras el consumo de determinadas sustancias como son el alcohol, las drogas alucinógenas (LSD, psilocibina, mescalina, ibogaína) las anfetaminas (MDMA, metanfetamina, sulfato de metanfetamina), la cocaína, los cannabinoides sintéticos, los opioides y, más raramente, los medicamentos con efectos anticolinérgicos, varios medicamentos antidepresivos, los barbitúricos, las benzodiacepinas (ansiolíticos), los corticoesteroides, los fármacos Z (medicamentos análogos a las benzodiacepinas que se emplean principalmente en el tratamiento del insomnio) y el THC (Cannabis).

¿Cómo se trata? ¿Puede prevenirse?

El tratamiento de un brote psicótico consta de dos enfoques, a menudo simultáneos: el destinado a abordar el brote en sí mismo (consistente principalmente en la administración de fármacos antipsicóticos y apoyo psicosocial) y el centrado en tratar la causa del brote (y que dependerá de la patología, condición o sustancia de la que se trate).

En cualquier caso, se ha demostrado que el hecho de poseer una red sólida de apoyos familiares y sociales resulta muy beneficioso en la recuperación del paciente, así como en su reintegración laboral y social, lo que a su vez reduce en cierta medida las posibilidades de sufrir recaídas y desde luego la gravedad y el impacto de las mismas en su salud y situación psicosocial.

La prevención de los brotes psicóticos es muy complicada, ya que a menudo son altamente imprevisibles. Como norma general, evitar el consumo de las sustancias psicotrópicas que pueden provocar psicosis (lo que incluye drogas ilícitas y lícitas, como el alcohol) cuando no sean recetadas por un facultativo minimiza las probabilidades de sufrir brotes psicóticos. De igual manera, las personas con factores de riesgo (como antecedentes familiares de trastornos psicóticos) pueden beneficiarse de recibir terapia cognitivo-conductual o familiar y de integrarse en grupos de apoyo. Estas últimas medidas, además, pueden servir también para reducir la gravedad y el impacto del brote, ya que pueden detectar de manera más temprana síntomas y actitudes sospechosas y llevar a que el paciente se someta a exámenes y pruebas.



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