En Colón extrañan los tiempos donde imperaba el respeto


Como una enfermedad crónica que degenera el cuerpo poco a poco; así se sienten los colonenses cuando hablan sobre el tema de la violencia en su provincia, un mal social que deja a su paso una estela de luto y dolor.

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Nidia Morris, de 53 años de edad, observa cómo los niños y jóvenes se ven involucrados en casos de violencia: drogas, tiroteos, homicidios…Morris, dice que en el tiempo de la “tacita de oro”, existía el respeto hacia los demás, algo que recuerda con nostalgia.

Para Anastasio Rodríguez Ruiz, de 33 años de edad; muchos de estos problemas se deben a la falta de responsabilidad de los padres, que no imponen control sobre sus hijos, sino que los dejan “a la buena de Dios en las calles”.

Asimismo, Pedro Altamiranda, de 28 años de edad, considera que hacen falta programas de prevención más presentes en las comunidades para ofrecer a la niñez y juventud oportunidades en la cultura y el deporte.

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El papel de las iglesias 

Por este escenario, el obispo de Colón y Guna Yala, monseñor Manuel Ochogavía, dice que se debe llevar a la comunidad a la reflexión sobre cómo se está como sociedad, pues “cuando una persona es tirada de esa manera, es despreciada en toda su dignidad”, refiriéndose a los asesinatos y cómo se tratan esos cuerpos.

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Ochogavía cree que es necesario revisar cuáles son nuestros valores; y analizar hasta dónde está llegando el crimen organizado y la violencia que genera en este tipo de situaciones tan lamentables.

“Esto es un mensaje de cómo estamos como sociedad y lo que está pasando, y más que nada, en no quedarnos callados, perdiendo el miedo y no dejarnos secuestrar por aquellos que ostentan el poder de las armas y la violencia, que creen que pueden someter a toda una población que vive con miedo”, añade.

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Mientras, Rafael Cañas, pastor evangélico en Colón, considera que existe una falta de voluntad de parte de las autoridades de seguridad de trabajar con los jóvenes involucrados en la violencia, debido a que son parte de grupos organizados o pandillas.

Cañas dice que a nivel municipal en el distrito de Colón trabaja con la Secretaría de Prevención y Seguridad Ciudadana de la alcaldía colonense, mediante un gabinete en la que se llega a aquellos jóvenes con trabajo social o comités de deporte, para apoyarlos.

El pastor dice que le mensaje es para los padres de familia de cuidar a sus hijos de forma correcta para evitar que los mismos queden en una cárcel.

Autoridades municipales y nacionales  

El alcalde de Colón, Alex Lee, dice que siempre se hace el mismo llamado: que se cambien las estrategias, debido a que, por ejemplo, la aplicación de retenes policiales en la ciudad no está funcionado. Piensa que, se debe regresar a caminar, al “patrullaje doméstico”.

De hecho, le preocupa que los organismos de seguridad hagan caso omiso a las recomendaciones que hace como alcalde.

De acuerdo con Juan Manuel Pino, ministro de Seguridad Pública, los casos de violencia no quedan en vano, debido a que tarde o temprano van a ir a los estrados a rendir cuentas, “lógicamente que es muy doloroso (los homicidios)”.

Pino dice que aquellas personas que ingresan al crimen organizado no tienen retorno, porque ellos tienen sus lineamientos, y si salen, salen mal. “Terminan muertos o detenidos, no vale la pena cruzar esa línea”, añadió.

El ministro de Seguridad Pública, asegura que hay un compromiso por parte de la Fuerza Pública, y que se mantendrán las acciones de represión contra el crimen organizado y las acciones de prevención, a través del Plan Integral de Seguridad Ciudadana (PISC) para alejar a los jóvenes de la violencia.

“Es importante que los padres de familia hagan su parte dentro de este proceso. Nosotros hacemos el trabajo preventivo y de seguridad, pero en el hogar los padres son responsables de incentivar a sus hijos a educarse y a superarse, para crecer y convertirse en gente productiva para el país”, destacó.

El comercio

Michael Chen, actual presidente de la Cámara de Comercio de Colón, considera que la violencia afecta negativamente a la provincia, y por ende al país, pero añade que el problema va mucho más allá.

“Esto es un cúmulo de problemas que han venido empeorando a través de los años, que van desde una alta tasa de desempleo, desaceleración económica producto de la caída de mercados que afectan a la Zona Libre y a la urbe colonense”, expresa, lo que se suma a una mala planificación y organización de la renovación urbana de la ciudad de Colón. 

En el 2021 murieron 110 personas por la violencia en la ciudad y otras comunidades a las afueras. En lo que va de este año (2022) ya van 21 personas fallecidas.

 

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