El valor de las bibliotecas


Las bibliotecas son necesarias e imprescindibles para la sociedad. Tienen un valor social que impacta en los ciudadanos de muchas formas. Sin ellas no habría un espacio para conservar la memoria ni defender el derecho de acceso a la información. Ellas son recintos donde se salvaguarda el patrimonio de los pueblos. Incluso cuidan la cultura oral y audiovisual del patrimonio inmaterial. Sin la cultura de la memoria, los pueblos no preservan su historia, que es fundamental para el desarrollo humano. Las bibliotecas, como reservorios de la cultura, ayudan a resguardar la equidad, la igualdad y la diversidad.

Las bibliotecas son de todos y para todos. Son espacios donde se dan encuentros con otras culturas. Podríamos verlo de manera poética: abrazan y tienen sus puertas abiertas a todo el mundo. Las personas tienen derecho a la información y la lectura es la práctica fundamental para ejercer la libertad. Es un derecho que no distingue nacionalidades, ideologías, religiones ni razas. Las personas con discapacidad y con preferencias sexuales, ideas o culturas distintas encuentran en la biblioteca un lugar para compartir y convivir.

Las bibliotecas son perfectas compañeras de viaje en el camino de la vida personal y profesional. Cuando un profesional busca información para enriquecer su conocimiento o una persona necesita investigar sobre un tema, ya sea un estudiante o investigador, las bibliotecas son su mejor aliado en los procesos de investigación.

Las bibliotecas se pueden disfrutar de manera individual o junto a compañeros, amigos o familiares. En la actualidad, el concepto de biblioteca ha cambiado; ya no son ese espacio donde solo se va a leer en silencio. Las bibliotecas modernas tienen salas especiales para realizar conversatorios y reuniones para que la comunidad se organice y discuta sus preocupaciones. Son recintos donde se comparten necesidades culturales y ciudadanas.

Las bibliotecas cuentan con excelentes profesionales que funcionan como nexo de unión entre biblioteca y personas. Una bibliotecaria con formación es una mediadora que conecta a la comunidad con la biblioteca. En el caso de las bibliotecas escolares, esa conexión es con los estudiantes a través de estrategias creativas y, en el caso de las públicas, la conectividad se logra con programas que el funcionario coordina según las necesidades de su entorno. Los colaboradores en una biblioteca saben escuchar y generar diálogo con la comunidad.

Solemos utilizar metáforas para referirnos a las bibliotecas. Decimos: las bibliotecas son faros que nos guían en el mundo de la información; son vitaminas para el conocimiento y el surgimiento de ideas; son naves que nos transportan a mundos mágicos y de fantasía; son universos para despertar nuestros sentimientos e imaginación. Sin embargo, y no es que sea antipoeta, quiero ser más puntual para pensar en el verdadero valor social y cultural de las bibliotecas.

¿Cómo las bibliotecas ayudan a construir ciudadanía? ¿Cómo hacen frente a las desigualdades culturales? ¿Cómo pueden ser espacios para generar consensos? ¿De qué manera ayudan a tomar decisiones políticas? ¿Cómo ayudan a asegurar los derechos humanos y culturales? ¿Cómo estos equipamientos culturales, donde el libro es el protagonista principal, generan valor público? O, ¿cómo las bibliotecas pueden lograr construir nuevas ciudadanías en el marco de un escenario donde necesitamos cambiar hábitos y actitudes?

Hace poco se llevó a cabo el 14º Encuentro de Bibliotecas Públicas, organizado por el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. En este evento se habló del valor que tienen las bibliotecas en los territorios. Sería saludable que todos los gobiernos de nuestro continente tuvieran claro la importancia que tiene el complejo ecosistema de las bibliotecas. Las bibliotecas son pasado, presente y futuro. Son papel, palabras y memoria digital; analógicas y tecnológicas, organismos vivos que influyen en la sociedad y la economía.

Quisiera referirme a uno de los temas del evento, que se tituló “El valor público de las bibliotecas y las nuevas ciudadanías”. En esta mesa participaron Nicolás Barbieri (Universidad de Barcelona) y Gonzalo Castellanos (consultor colombiano). En este panel se hicieron reflexiones muy puntuales sobre el valor público de las bibliotecas como espacios que dan respuestas a las necesidades colectivas de los ciudadanos, donde se comparte y se coopera para poner en común nuestros problemas.

Otro tema interesante fue el de la desigualdad cultural; es decir, la desigualdad en el ejercicio de los derechos culturales y su asociación con diversos factores sociales que influyen en los territorios. Dice Barbieri que existen, entre otras, tres esferas importantes, que son la participación, la comunicación y las decisiones. Estas tensiones generan relaciones donde las desigualdades están presentes y las bibliotecas son espacios donde se puede reflexionar sobre la forma en que participamos, nos comunicamos y tomamos decisiones, tomando en cuenta las capacidades de los ciudadanos, porque las decisiones no solo las toma el Estado. “Lo público no puede ser reducido a lo estatal”, afirma el experto.

El valor social de las bibliotecas es vital para construir democracias y repensar los derechos culturales. Me gustó escuchar que las bibliotecas nos enseñan a revalorar el sentido de la palabra política; que aún hay nobleza detrás de esa palabra, porque la política es el espacio donde los ciudadanos logran consensos y toman decisiones, y las bibliotecas son esos lugares propicios para fomentar el diálogo y resolver conflictos. Las bibliotecas dan respuesta a las necesidades colectivas y generan valor público cuando su sentido va más allá de hermosas metáforas.

El autor es escritor



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