El gol récord de Cristiano Ronaldo nos recuerda que nadie lleva el dramatismo como el capitán de Portugal


FARO — Si alguien todavía sospecha que Manchester United recibirá a un Cristiano Ronaldo cuyos mejores días han quedado atrás, sólo pregúntenles a los atónitos jugadores de República de Irlanda, quienes pensaron que le habían negado su gol récord en el Estadio Algarve, hasta que el capitán de Portugal la clavó en la red y luego volvió a convertir en un lapso de siete minutos salvajes al final de una victoria por 2-1 en las eliminatorias mundialistas.

Nadie protagoniza el drama futbolístico como Cristiano, pero esta noche histórica en Faro estuvo ahí arriba con los grandes momentos de su increíble carrera, en gran parte porque, durante 89 minutos, tuvo una de esas noches en las que todo parecía estar en contra de él y su equipo. Pero, al final, se quedó con el récord internacional de goles para él solo, luego de haber estado empatado en 109 goles junto al ex delantero iraní Ali Daei desde que convirtió dos contra Francia en la Eurocopa 2020.

“Estoy muy feliz. Necesitaba un gol y marqué dos”, dijo Cristiano. “Estoy muy contento por los dos goles que nos dieron la victoria y por haber batido el récord.

“Este récord es mío, y es único. Estoy muy feliz, y es otro para mi carrera. Se trata de la motivación y las ganas que tengo de seguir jugando al fútbol, también por este último contrato que firmé, que me puso contento de volver a casa”.

“Si nos levantamos todos los días con la ambición de motivarnos y ser mejores, de hacer felices a los fans y a nuestros niños, eso es fundamental”, agregó. “Es otro récord para el museo”.

Cristiano ahora suma 111 goles con Portugal luego de haber convertido el número 110 con un impresionante cabezazo a partir de un centro de Gonçalo Guedes en el minuto 89. Y el jugador de 36 años, quien completó este lunes su regreso a United procedente de Juventus, volvió a hacerlo con otro remate de cabeza a corta distancia en el minuto seis del tiempo añadido con un centro de Joao Mario.

Ese gol impulsó a Cristiano a salir corriendo para celebrar, arrancándose la camiseta en el proceso. Dicha acción le mereció una tarjeta amarilla del árbitro Matej Jug, amonestación que significa que está suspendido para el partido de eliminatorias del martes contra Azerbaiyán en Bakú y, por lo tanto, podrá presentarse antes en Old Trafford una vez más.

Pero, si bien esto terminó siendo una ocasión memorable por las razones correctas para Ronaldo, fácilmente podría haberse cortado en seco a los 10 minutos.

Cuando Portugal recibió un penal luego de una falta de Jeff Hendrick contra Bruno Fernandes, Cristiano tomó la pelota para patear, percibiendo una oportunidad fácil para romper el récord. Pero al mismo tiempo, arremetió contra el defensor irlandés Dara O’Shea, quien cayó al suelo. Jug fue llamado por el VAR para que revisara la decisión del penal, pero, por alguna razón, no le pidieron que revisara el incidente de Cristiano.

Tuvo suerte de haber escapado de una tarjeta roja, pero si Cristiano pensó que era su día de suerte, debe haberse decepcionando momentos más tarde, cuando el arquero irlandés Gavin Bazunu, jugador de 19 años de Manchester City que fue relegado a la cuarta división del fútbol inglés durante su préstamo en Rochdale la temporada pasada, se lanzó a su derecha para atajar el penal de Ronaldo. Fue el séptimo penal errado de los 21 que Cristiano ha pateado en su carrera con Portugal.

Dilo en voz baja, pero el entrenador de United, Ole Gunnar Solskjaer, quizá desee tener una pequeña charla con su nueva incorporación con respecto a permitir que Fernandes continúe siendo la primera opción al momento de los penales en Old Trafford. Buena suerte con eso, Ole.

Desde el momento en el que Bazunu atajó su penal, Cristiano pasó a ser una figura frustrada. Realmente no se suponía que las cosas iban a suceder de esta manera, en especial en un estadio en el que él había marcado más goles (10) que en cualquier otro lado en su carrera internacional. Esta no era una de las ciudadelas de Lisboa u Oporto, sino un estadio sin nada demasiado especial con dos gradas temporarias en la costa portuguesa del Algarve.

Debido al impacto de la pandemia de COVID-19 en la industria turística en la zona del Algarve, la Federación de Futbol Portuguesa eligió este lugar para “colaborar con la recuperación económica de la región” y porque también es hogar de una de las comunidades irlandesas expatriadas más grandes afuera de los Estados Unidos. Pero las medidas restrictivas impuestas por el COVID-19 vieron la asistencia reducida a apenas 7,831 seguidores, sin la presencia de fanáticos visitantes. De modo que cuando el jugador de Sheffield United, John Egan, colocó a Irlanda arriba justo antes del descanso, realmente pareció que la suerte no iba a estar del lado de Cristiano y Portugal.

Un cambio táctico que realizó el entrenador de Portugal, Fernando Santos, al comienzo del segundo tiempo, en el que Cristiano pasó a la izquierda y el sustituto, Andre Silva, jugó por el centro, le dio a Cristiano más libertar para crear sus propias chances.

Fernandes, que tiene dificultades para impresionar con Portugal, una vez más no logró producir un impacto, con Santos favoreciendo el juego a través de Bernardo Silva. Ni Fernandes, ni Silva parecieron capaces de pasar la pelota a su talismán, y fue doloroso ver por momentos cuando Cristiano una y otra vez lanzó los brazos al aire en señal de exasperación.

A medida que el partido avanzó, la desesperación de Cristiano para marcar se hizo evidente. En tres ocasiones, vio como los esfuerzos desde largo alcance eran bloqueados por los defensores irlandeses y después vio a Bazunu lanzarse para atajar su disparo en el minuto 89.

Pero con el reloj marcando la cercanía del final y con Irlanda camino a un gran triunfo en el Grupo A, Cristiano hizo lo que siempre hace Cristiano: produjo un impacto cuando todos a su alrededor prácticamente ya se habían rendido. Su gol que marcó record fue un clásico de Cristiano: un potente salto y un cabezazo preciso, y el estadio explotó en alegría y alivio.

Pero eso no fue suficiente para Cristiano. Él ya había alcanzado su objetivo personal, pero Portugal de todas maneras necesitaba un triunfo para mantener el control de sus esperanzas de clasificar al Mundial, y lo hizo una vez más en el minuto 96. Otro cruce de la derecha, otro salto increíble y la pelota terminó en el ángulo de la red.

Ese gol hizo que el estadio completo estallara nuevamente. Fue un cierre de partido sensacional, pero nos quedó la impresión de que para Cristiano esto apenas marcó el comienzo de algo más.

Ya tiene sus 111 goles en 180 juegos con Portugal, de modo que ahora pasará a su próximo objetivo.

¿Qué me dicen de 120 goles en 200 partidos? Independiente de lo que decida, lo que es seguro es que nada lo detendrá hasta conseguirlo. Así es Cristiano: él siempre escribe sus propias historias dentro de la cancha de fútbol.



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