El espectáculo de lo absurdo


La instalación de la Asamblea, el espectáculo político más bochornoso del que somos testigos cada año, arrancó sin muchas sorpresas. Eligieron a los mismos diputados para todos los puestos directivos, confirmando en el poder al partido de gobierno. Cada diputado aprovechó sus 20 segundos de fama para justificar su voto para la junta directiva de la cada vez más poderosa Asamblea Nacional.

Lo absurdo de esta instalación fue el discurso compartido de oposición desde la silla de gobierno. Y es que, desde el presidente de la Asamblea, pasando por todos y cada uno de los diputados del PRD, Molirena y la nueva bancada CD-PRD-RM, se solidarizaron con los principales problemas de la población y le exigieron a su propio gobierno que los resuelva.

El alto costo de los medicamentos, la falta de medicamentos en la Caja de Seguro Social y el alto costo del combustible fueron los reclamos que hicieron desde sus curules. Como quien se mira al espejo y practica una poesía, jugaron a ser oposición cuando todos sabemos que son gobierno.

Son 56 diputados que tienen el poder de hacer las leyes para resolver los principales problemas del país, y no lo hacen. Tienen en su poder cambiar las leyes que rigen las compras de medicamentos, tanto en el sector público como privado. Pueden cambiar el desfasado proceso de registro de medicamentos, buscando permitir la importación de genéricos que cumplan con los requisitos internacionales como los de la Organización Mundial de la Salud, la Unión Europea o los Estados Unidos.

Pueden modificar los procesos de licitación, garantizando mayor transparencia, participación y agilidad en las compras. Pueden eliminar el impuesto al combustible buscando una renta sustitutiva. Pueden cambiar la ley de transporte público para eliminar los monopolios de las concesionarias, incentivar la colaboración en el uso de autos privados y alterar horarios de entrada y salida del gobierno para reducir el tráfico. Pero es más fácil disfrazarse de oposición. ¿A quien engañan?

Y en este espectáculo bochornoso, vemos cómo idealizan al expresidente Martinelli, señalado por sus propios hijos como la persona que les ordenó lavar el dinero del robo más grande de la historia de Latinoamérica, a través de Odebrecht. Están convencidos que apoyándolo, aseguran el tiquete que los lleve nuevamente al poder para seguir abusando de los recursos del Estado sin consecuencias. Así podrían volver a señalar a otros por su falta de capacidad, valor e integridad para hacer los cambios que necesitamos

Vamos directo al abismo. El mundo nos reconoce como un país corrupto. Seguimos siendo señalados como facilitadores de lavado de dinero. Tenemos uno de los peores índices de educación del continente y uno de los más altos costos de vida de la región. Debemos trabajar el doble para pagar salud, seguridad y educación privada porque los servicios públicos cada vez son menos eficientes; mientras, cientos de miles de panameños no logran satisfacer sus necesidades básicas

No a la reelección se queda corto, tenemos que llevar gente decente a la Asamblea y al Ejecutivo. No tendremos otra oportunidad más para evitar lo que aparenta ser un punto sin retorno. No podemos darnos el lujo de hacer como los diputados y pretender que la responsabilidad de cambiar a nuestros dirigentes recae en los otros. Las elecciones ya empezaron y, si no te estás postulando, busca los candidatos que verdaderamente pueden hacer los cambios y apóyalos. Paremos de una vez este espectáculo absurdo.

La autora es miembro de Movin y conductora de Sal y Pimienta



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