“El 75% de los niños con cáncer se curan”


Maitane Andión, oncóloga infantil del Hospital Niño Jesús de Madrid.
JORGE PARÍS

Maitane Andión es oncóloga infantil del Hospital Niño Jesús de Madrid, un centro en el que cada año se diagnostican cien nuevos casos de cáncer en niños. En vísperas del Día Internacional del Cáncer Infantil, este centro lanzó el martes el primer registro de España de supervivientes a largo plazo. Este pretende ser el germen de una nueva unidad que realizará un seguimiento de estos pacientes de forma sistematizada.

¿Un mismo tipo de cáncer tiene procedencias diferentes en un menor que en un adulto?
Sí. Hasta ahora desconocemos la causa del cáncer infantil. Es una enfermedad que de momento consideramos esporádica. Hay muchos estudios, buscando infecciones y otras alteraciones pero aún no se sabe. Muy pocas veces somos capaces de detectar que algunos tipos tienen un componente hereditario. En los adultos, la mayor parte de los casos están relacionados con factores de riesgo.

¿Qué otras diferencias presentan?
En realidad todas. Además del origen, las leucemias, por ejemplo, son distintas en general en niños que en adultos. La que predomina en los pequeños es la linfoblástica, mientras que en los adultos son casi todas mieloblásticas. Luego tenemos a los adolescentes adultos jóvenes, en los que vamos viendo la transición de una a otra. Aunque se diga leucemia son enfermedades biológicamente distintas, e igual que la causa y que sus características, el tratamiento también es distinto. Los niños positivamente para nosotros, para los oncólogos pediatras, toleran mucho mejor los tratamientos y podemos ser más intensivos, más estrictos en cumplir los tiempos y las dosis. Son tratamientos más fuertes y gracias a eso y a una biología diferente de la enfermedad se curan mucho más que los adultos.

¿Qué porcentaje de chavales se curan?
En las leucemias, el cáncer más frecuente en niños, aproximadamente entre el 80 y el 85%. También depende del subtipo. Hay leucemias muy agresivas también en los niños, con menos expectativas de curación, pero en general el pronóstico es mucho mejor. En global se podría decir que se curan sobre el 75-80%. La leucemia es una de las enfermedades que curamos mejor. Luego hay otros tipos de linfomas que son altamente curables, tumores de riñón… Y entre los que peor pronóstico tienen están muchos tumores sólidos, los que afectan normalmente a los huesos o a las partes blandas, sobre todo cuando están extendidos al diagnóstico.

¿Ese porcentaje ha ido aumentando con los años?
En las últimas décadas hay un aumento muy claro de la curación. Por un lado tenemos más pruebas para diagnosticar antes y mejor y ser más exhaustivos en buscar cómo de extendida está una enfermedad. Además tenemos muchos tratamientos y con los años uno va cogiendo experiencia de cómo aplicarlos, y cada vez tenemos más antibióticos, más transfusiones… todo lo que rodea al tratamiento del propio cáncer que ayuda a que los pacientes no tengan efectos colaterales. El grupo que menos se ha beneficiado de esa mejoría, que también se ha obtenido en adultos, son los adolescentes. Son siempre los más desfavorecidos porque están en tierra de nadie. De ahí la importancia de las unidades que se están desarrollando específicas para ellos.

¿Cuándo estarán listas?
Esperamos que en unos meses. Estamos con las obras. Se instalarán aquí, en el Gregorio Marañón, en el 12 de Octubre y

Además de la leucemia, ¿qué otros cánceres son los más habituales en menores?
En frecuencia los segundos son los cerebrales y después estarían los linfomas. Entre los tres suponen  más de la mitad de los cánceres infantiles.

¿Es más fácil la detección precoz?
Creo que sí, aunque en los adolescentes el tiempo que tardamos en detectarlos es más que en los niños, generalmente porque a estos sus padres les observan y en cuanto detectan cualquier cosa les llevan al pediatra. El adolescente suele tardar más en consultar porque los síntomas muchas veces se achacan a cambios hormonales, de crecimiento…

¿Cuántos afectados hay España?
Hay un registro nacional, centralizado en Valencia, en el que, con fines epidemiológicos, se recogen todos los casos nuevos al año, en torno a los 1.500. Sobre lo que tenemos menos datos es sobre los cánceres en adolescentes y adultos jóvenes porque son pacientes que se dispersan más y tienen un tratamiento un poco más heterogéneo. A algunos los tratamos en Pediatría y mucho otros son tratados por oncólogos o hematólogos de adultos.

¿Es fácil recaer?
Depende mucho del tipo de enfermedad, es muy variable. En general, la mayor parte de los pacientes con muy buena respuesta y que alcanzan la curación no recaen. Pero aunque no recaigan sí requieren un seguimiento a largo plazo. Un porcentaje considerable de estos niños tienen patologías crónicas en la edad adulta. Son largos supervivientes pero a veces con problemas derivados del tratamiento.

¿Cómo reaccionan los niños ante la noticia?
Primero explicamos la realidad a los padres y siempre progresivamente, intentando repetir mucho la misma información porque entendemos que es un proceso que lleva una asimilación muy difícil. Luego intentamos que el niño comprenda la enfermedad. Los niños se adaptan muy bien, yo creo que mejor que los adultos, sobre todo cuando están arropados por la familia. Anímicamente pasan una serie de fases, pero se adaptan a estar hospitalizados, aislados, a dejar el colegio y empezar a ir al del hospital… Es más difícil en adolescentes, por el nivel de conciencia que uno tiene de la enfermedad, de lo que implica y también de lo que significa morir. Les pilla en un periodo de cambio que ya de por sí es difícil. Para eso es muy importante toda la parte psicosocial que les ofrecemos.

¿Ustedes cómo se preparan para comunicar algo así?
Cuando tienes que empezar a informar a los pacientes y a las familias te invade una sensación de mucha responsabilidad y todos pensamos que debería haber cursos de formación. Aparte de haber visto a tus adjuntos mayores y a tu jefe, cogiendo lo que más te gusta de cada uno para luego aplicarlo con tu forma de ser, se echa de menos un poco más de formación. Por otro lado, aunque siempre ha habido cursos de cómo aprender a dar malas noticias o de cómo cuidar a estos pacientes, el día a día es difícil.

¿En que líneas de investigación se está trabajando?
En muchas. Conociendo la genética de las enfermedades, se intentan buscar fármacos que por su mecanismo de acción teórico sean capaces de luchar por ejemplo contra la leucemia: anticuerpos monoclonales, inmunoterapia… También se hacen muchos estudios para optimizar o perfeccionar los tratamientos que tenemos hasta ahora, como todo lo relacionado con el trasplante. En los últimos años hemos oído hablar además de una terapia muy esperanzadora.

¿En qué consiste?
Se utilizan linfocitos, defensas del propio paciente, que se extraen de su sangre y se modifican en laboratorio. Se unen a otros productos que se fabrican in vitro y que agregados a esos linfocitos e infundidos al paciente parece que se pueden crear células dirigidas contra la enfermedad. Va a ser aplicable no solo a leucemia sino también a linfomas o tumores sólidos en el futuro.



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