Diálogo o confrontación: esa es la cuestión


Las dramáticas imágenes que nos llegan de la invasión rusa a Ucrania muestran al mundo el sufrimiento que provocan las guerras en las poblaciones afectadas. El resultado son vidas perdidas, heridos que llevarán para siempre el sello de la violencia, viviendas, escuelas, hospitales y carreteras destruidas, niños huérfanos abandonados a su suerte, y otras situaciones que todos esperábamos que no se repitieran en el mundo durante este siglo. La ciudad de Mariupol en Ucrania es un buen ejemplo de ello y se ha convertido en una muestra de hasta donde puede llegar la pérdida inducida por la guerra y el sufrimiento vivido por su población.

Son muchas las razones que alegan los invasores para justificar sus acciones, pero no hay causa justa para tanta violencia. No importa que las quieran calificar como operaciones militares especiales pretendiendo evadir el juicio de la historia. La violación de la soberanía que supone la intervención de un Estado sobre otro en la invasión armada es una guerra y nunca justificable.

Será muy difícil borrar la huella que deja el conflicto sobre los afectados como resultado de los bombardeos y del miedo. El sonido de las alarmas que anuncian el peligro, el ruido de los helicópteros artillados volando sobre la población y finalmente las explosiones de las bombas que se dejan caer sembrando la muerte, la destrucción y la miseria para convertir la pacífica convivencia en una generación de odios, son recuerdos muy difíciles de suprimir de nuestras mentes.

Afortunadamente después de vivir los horrores de la segunda guerra mundial, los países han promovido fórmulas de diálogo para evitar que los conflictos escalen a niveles de destrucción como los alcanzados hoy en Ucrania. Sin embargo esto no ha sido suficiente. Hoy bajo el liderazgo de figuras como Vladimir Putin, se pretende revivir la confrontación como medio para imponer por la fuerza una forma de pensamiento.

Todos nos preguntamos cómo podremos eliminar de nuestra historia el fantasma de la guerra. El papa Francisco se pronunció enérgicamente sobre esta realidad reclamando que es hora de ‘abolir la guerra antes de que esta borre a la humanidad’ porque ‘en la guerra todo se pierde. No hay victoria en la guerra. Todo es derrota”. “Ante la barbarie del asesinato de niños, de inocentes y de civiles indefensos, no existen razones estratégicas que lo justifique” dijo el pontífice. “Las guerras son siempre injustas porque quien las paga es el pueblo desvalido. La guerra nunca es el camino”, expresó Francisco.

La misma Iglesia ha reconocido que no existe tal cosa como una “guerra santa”. La humanidad ha superado ese pensamiento medioeval y ha promovido el diálogo como medio para tratar nuestras diferencias. En el futuro tiene que prevalecer el sentido común si queremos dejar a nuestros hijos un ambiente de paz y felicidad.

En los últimos años se registran claros ejemplos en el mundo de la efectividad de la negociación. Líderes como Mahatma Gandi, Martin Luther King, y Nelson Mandela han promovido la solución de enfrentamientos por la vía del diálogo constructivo logrando resolver importantes temas conflictivos relacionados con el mundo laboral, la salud, la política, la distribución de la riqueza y otros en varios países, evitando la generación de conflictos sociales de graves consecuencias. El traspaso de dictaduras a democracias en Latinoamérica se ha logrado a través de diálogos como en Chile, Surafrica y Polonia por mencionar sólo algunos.

No dejemos que Panamá escoja el camino de la confrontación como fórmula que crea más problemas que los que resuelve. En este especial momento previo a las elecciones para escoger a los próximos gobernantes, alentemos esfuerzos conciliadores para enfrentar juntos el reto del futuro. Retiremos el apoyo a figuras políticas que parece han sido amamantados con veneno destilando odio hacia sus opositores. Respaldemos a candidatos que muestran respeto a la dignidad del ser humano y que traen propuestas constructivas orientadas a lograr un Panamá mejor.

El autor es educador



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