De enigmas, tartazos y robos… La Gioconda de Leonardo Da Vinci, un pequeño cuadro con una larga y convulsa historia


Pobre Lisa Gherardini, no le dan descanso. Ahora un tartazo. Gajes del oficio le podrían decir otros cuadros menos famosos. Porque, efectivamente, el retrato de Lisa es el cuadro más popular del mundo; todo un icono.

Hablamos, claro, de La Gioconda o La Mona Lisa, que este domingo recibió un tartazo. Un hombre en silla de ruedas se acercó a la famosa pintura de Leonardo da Vinci y le estampó una tarta de nata. Menos mal que, vistos los precedentes, Lisa Gherardini vive en el Museo del Louvre tras un cristal desde 1956.

Aquel año, un hombre lanzó ácido al cuadro dañando la parte inferior del mismo y otro intentó robarlo tras cortar la pintura con una cuchilla. Este último dijo que era amor; que estaba enamorado de La Gioconda. Desde entonces, se instaló un cristal a prueba de balas para proteger la pintura de nuevos ataques.

‘La Mona Lisa’ vive en el Museo del Louvre tras un cristal desde 1956

Ese 1956 fue seguramente el peor año en la vida de la famosa pintura de Da Vinci. Meses después de instalarse la vitrina, un pintor boliviano arrojó una piedra contra el cuadro. Destrozó el cristal y desprendió un trozo de pigmento del codo izquierdo de La Mona Lisa.


El retrato de Lisa Gherardini pasó luego casi 20 años de tranquilidad. Hasta salió de paseo. En 1974, La Gioconda estaba expuesta en el Museo Nacional de Tokio, cuando una mujer le arrojó pintura roja, como protesta por la ausencia de accesos al museo para personas discapacitadas.

La Gioconda, uno de los grandes atractivos del museo.
La Gioconda, uno de los grandes atractivos del Louvre.
Ana Vega

Y ya en el siglo XXI, en 2009, una mujer rusa a la que le habían denegado la solicitud de ciudadanía francesa, arrojó una taza de cerámica que había comprado en la misma tienda del Louvre. El cristal cumpió su papel y el cuadro de Leonardo no sufrío daños.

En 1911, el robo 

Daños, ataques y robos. Porque aunque el enamorado de 1956 fracasó en su intentó de llevarse La Mona Lisa a casa otro antes que él si lo consiguió. Ocurrió en 1911 y no fueron ni Pablo Picasso ni Guillaume Apollinaire, sospechosos ambos por artistas, vanguardistas y porque el francés compartía la propuesta del futurista Marinetti de quemar los museos para dejar paso al nuevo arte. Lo cuenta Fernando Colomo en su película de 2012, La banda Picasso.

Pero no, no fueron ellos. El autor del robo fue un carpintero italiano y exempleado del Museo del Louvre, de nombre Vincenzo Peruggia. La pintura fue recuperada dos años y medio después. El ladrón intentó vender el cuadro original al director de la Galleria degli Uffizi de Florencia, para devolver la obra a su verdadera patria, dijo.

Turistas esperan su turno para ver a la Gioconda en la Galería Medicis del Louvre
Turistas esperan su turno para ver ‘La Gioconda’.
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Durante su ausencia, el tiempo que tardó la policía en recuperar la pintura, el Louvre batió el récord de visitantes al museo. La gente acudía para apreciar el hueco en la pared, la ausencia de La Gioconda. A futuristas y surrealistas eso les debió parecer verdadero arte (Duchamp habría hecho algo con ese vacío).

Una tabla de sólo 77×53 cm

Antes de soportar esta agitada vida, tan expuesta y luego tan acristalada, es decir, antes de ser una de las obras de arte más famosas del mundo, el retrato de Lisa Gherardini tuvo una vida más tranquila. Nacer La Mona Lisa nació entre los años 1503 y 1519, el tiempo que tardó Leonardo da Vinci en darle forma sobre una tabla de álamo de 77×53 cm.

Es probablemente una de las pinturas más famosas de la historia y también una de las más enigmáticas, pero no suele dejar satisfecho al visitante del Louvre, en París. El retrato es muy pequeño y hay tal concentración de gente a su alrededor que no se suele ver nada.
Es probablemente una de las pinturas más famosas de la historia.
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Tras la muerte del artista, el cuadro pasó a manos del rey francés Francisco I, quien la habría pagado 12.000 francos (4.000 escudos de oro). Al morir el rey, La Gioconda pasó a Fontainebleau, luego a París, al palacio de Versalles y finalmente, con la Revolución francesa, al Museo del Louvre.


La Gioconda, de Leonardo da Vinci.

El cuadro no puede ser más “sencillo”. Una mujer está sentada en un sillón y posa sus brazos en los brazos del asiento. La vemos delante de una galería que se abre a un paisaje montañoso: ¿Arno, el lago de Como o los Alpes de cuando el artista viajó a Milán? Una investigación más reciente asegura que se trata de la ciudad de Bobbio, en la Emilia-Romaña.

Embarazada, se casa con ‘El Giocondo’

Lo que se sabe y se supone de Lisa es que era hija de un fabricante de lanas florentino llamado Antonio Gherardini. A la muerte de su padre, la joven está sola y embarazada (habría sido prometida al hijo menor de Lorenzo el Magnífico). Así, habría aceptado desposarse con Francesco del Giocondo, un hombre de mucha más edad que ella a quien debería el sobrenombre de ‘La Gioconda’. Es la teoría más aceptada.

Un estudio revela el misterio de su enigmática sonrisa
Muchos estudios se han hecho sobre su enigmática sonrisa
VÍDEO AGENCIA ATLAS

Pero no hay certezas. El cuadro ha sido estudiado concienzudamente, especialmente en los siglos XIX y XX, pero faltan datos. Probablemente era la hija de Antonio Gherardini, probablemente estaba embarazada y probablemente se casó con ‘El Giocondo’. En suma, que La Mona Lisa (mona es el diminutivo en italiano de madonna) está abierta a todo tipo de especulaciones y eso no hace sino aumentar su halo y su popularidad.

Esa sonrisa enigmática

¿Sonríe o no La Gioconda? O mejor, ¿sonríe siempre? El juego de sombras que utilizó Leonardo para la sonrisa de su retratada crea una sensación de desconcierto.

La sonrisa es una ilusión que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes”

Margaret Livingstone, experta en percepción visual, desveló en 2005 que la enigmática sonrisa es “una ilusión que aparece y desaparece debido a la peculiar manera en que el ojo humano procesa las imágenes”. Da Vinci pintó la sonrisa de La Mona Lisa usando unas sombras que se ven mejor con la visión periférica, la adecuada para distinguir sombras (con la visión retiniana o directa percibimos los detalles).

En 2015, un estudio de las universidades de Sheffield Hallam y Sunderland, reveló más detalles de esta técnica, conocida como sfumato. La boca de La Gioconda parece cambiar dependiendo desde dónde se la observa. Cuando miramos otras partes del cuadro, la boca parece moverse sutilmente.



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