Cuando el cansancio y la fatiga esconden algo más serio


El cansancio es algo normal es nuestra vida, pues todos, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado la sensación de no poder más, una somnolencia fuera de la normal e incluso nos hemos sentido incapaces de llevar a cabo nuestras actividades diarias por culpa de la fatiga. 

En la mayoría de las ocasiones, este cansancio tiene una causa muy clara y no reviste gravedad: estrés, exceso de trabajo, falta de sueño, estar embarazada o criando niños pequeños, realizar actividades físicas muy extenuantes, efecto secundario de algún medicamento…

Sin embargo, cuando este agotamiento se transforma en fatiga, es decir, que nos impide llevar a cabo nuestras tareas diarias, sin una causa clara y se prolonga en el tiempo más de lo normal, podría ser síntoma de alguna enfermedad de mayor o menor gravedad.

Somnolencia, cansancio y fatiga, ¿en qué se diferencian?

Aunque se parecen mucho y podemos llegar a confundirlos, el cansancio, la fatiga y la somnolencia son cosas distintas. Esta última es la necesidad imperiosa de dormir, tanto que nos impide llevar a cabo algunas actividades. 

El cansancio, por su parte, suele ser el fruto de un esfuerzo, ya sea físico o mental, de la falta de sueño… puede acompañarse de somnolencia y mejora al dormir o descansar.

 La fatiga, sin embargo, suele ir acompañada además de sensación de falta de energía y motivación (astenia), apatía y es más incapacitante. Si esta fatiga no mejora con el descanso y el sueño, no tiene una causa clara y se prolonga en el tiempo más allá de un mes podría ser de origen patológico y sería conveniente acudir a que nos evaluara un médico de familia, sobre todo si va acompañada de otros síntomas como dolor de cabeza, aumento o pérdida de peso, hinchazón, visión borrosa, etc.

Las patologías más comunes detrás de la fatiga

Detrás de la fatiga prolongada puede haber alguna enfermedad o patología más o menos grave. Para averiguar la causa es probable que el médico le encargue una analítica y, si lo considera oportuno, alguna prueba más para detectar problemas en corazón, hígado, riñón o tiroides. Estas son algunas de las patologías más comunes.

•Anemia. En la anemia, ya sea ferropénica (por falta de hierro) o la megaloblástica, que suele estar causada por falta de vitaminas B9 y B12, la fatiga es uno de los síntomas más frecuentes. Basta una analítica para localizar el problema.

•Hipotiroidismo. Cuando la glándula tiroides está hipoactiva, es decir, que produce menos hormonas de las necesarias, el metabolismo se ralentiza, por eso, el primer síntoma suelen ser la fatiga y la apatía. Por suerte, se diagnostica rápidamente a través de una analítica (la hormona TSH está por debajo de 2,5) y es muy fácilmente tratable.

•Depresión. Las personas con depresión o con predisposición a padecerla suelen tener más tendencia a padecer fatiga, a veces, hasta tal punto que les impide levar a cabo las tareas diarias. De hecho, la fatiga se presenta en el 90% de las personas que padecen un trastorno depresivo mayor. Tomar antidepresivos también puede ser una de las causas de esa fatiga.

•Insuficiencia hepática. Cuando el hígado no funciona correctamente a menudo no provoca síntomas en las primeras etapas. Uno de los pocos que pueden manifestarse es la fatiga extrema y la debilidad, debido a que un hígado dañado no es capaz de eliminar correctamente determinados tóxicos. Por ello, es muy importante acudir a un médico si se presenta este tipo de fatiga, pues el daño hepático en los primeros estadios es más fácilmente tratable que una fibrosis en un estadio más avanzado y cuando se presenten otros síntomas, como la ictericia.

•Diabetes  (o tener la glucosa descontrolada). Una glucosa mal controlada, tanto por estar demasiado algo como demasiado baja, provoca fatiga, letargo y falta de energía. Esto se debe a que, al no producir suficiente insulina, la hormona que permite obtener la energía a partir de la glucosa, las células no tienen suficiente energía y aparece la sensación fatiga y el cansancio. En caso de hipoglucemia -tener poca glucosa en sangre-, causada o no por diabetes, ocurre lo mismo, y puede provocar además temblores y mareos, entre otros síntomas. Basta una analítica rápida para saber si tenemos la glucosa en niveles normales o no.

•Enfermedad renal. Si lo riñones no funcionan correctamente, entre otros síntomas, se produce una gran retención de líquidos. Esta retención es la causa más común de la fatiga causada por la insuficiencia renal.

•Insuficiencia cardiaca. Cuando existe una insuficiencia cardíaca, que puede estar provocada por multitud de problemas en el corazón, la sangre no llega adeucadametne a los músculos, lo que provoca fatiga, sobre todo muscular, que se presenta al intentar hacer cualquier mínimo esfuerzo.

•Enfermedades autoinmunes, como lupus o la artritis reumatoide, suelen presentarse como fatiga como uno de los síntomas principales. En caso del lupus puede llegar a ser muy incapacitante.

•Fibromialgia. Esta enfermedad de difícil diagnóstico tiene dos principales síntomas. El más importante es el dolor generalizado, sobre todo cuando se presionan determinados puntos, muy sensibles al dolor. La fatiga crónica es otro de los signos característicos y se presenta desde primera hora de la mañana.

•Síndrome de fatiga crónica. A veces se confunde con la fibromialgia, y consiste básicamente, en sentir un cansancio extremo sin que exista ninguna enfermedad o causa aparente, por lo que es muy difícil de diagnosticar. Suele ir acompañada de dolores de cabeza y una gran variedad de síntomas y empeora con la actividad física.

Deficiencias nutricionales. Una mala alimentación o una mala absorción de algunos nutrientes pueden llevar a deficiencias nutricionales que provocan cansancio y fatiga, como en el caso del hierro, las vitaminas del grupo B, la vitamina C o el magnesio.

•Cáncer. Hay algunos tipos de cáncer que se presentan con fatiga, como los que producen una pérdida de sangre u otros como la leucemia o el linfoma. En estos casos, la fatiga suele ser repentina e intensa.



MÁS INFORMACIÓN