Críticas: Crítica de “Ad Astra: Hacia las estrellas”, de James Gray, con Brad Pitt


Tras su presentación en la Competencia Oficial de la reciente Mostra de Venecia, se estrena en todo el mundo el nuevo trabajo del talentoso director de Little Odessa, La traición, Los dueños de la noche, Los amantes, The Immigrant y Z: La ciudad perdida. Una película de ciencia ficción existencialista con una conflictiva relación padre-hijo marcada por una enorme distancia (tanto en tiempo como en espacio) como eje principal y protagonizada por un Brad Pitt en estado de gracia.

Ad Astra: Hacia las estrellas (Ad Astra, Estados Unidos/2019). Dirección: James Gray. Elenco: Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Liv Tyler, Donald Sutherland, Ruth Negga, John Ortiz, Loren Dean y Kimberly Elise. Guión: James Gray y Ethan Gross. Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Edición: John Axelrad y Lee Haugen. Músic: Max Richter y Lorne Balfe. Distribuidora: Fox. Duración: 124 minutos. Apta para mayores de 13 años.

La primera secuencia de Ad Astra es extraordinaria: en un “futuro cercano” (sic) un grupo de astronautas se encuentra trabajando en una gigantesca antena pensada para detectar vida extraterrestre. Cuando decimios gigantesca es porque mide kilómetros y kilómetros de altura. Una explosión genera una tragedia con decenas de víctimas, pero Roy McBride (Brad Pitt) nunca pierde la calma, alcanza a cortar la energía, se lanza al vacío, logra controlar su cuerpo en la caída y luego termina apelando a un paracaídas (agujereado por la cantidad de elementos que se desprenden tras el estallido) para un aterrizaje de emergencia y decididamente forzoso.

Tras recuperarse de esos cimbronazos, Roy -un hombre experimentado, curtido, solitario (no ha tenido hijos y su pareja interpretada por Liv Tyler lo ha abandonado harta de su obsesividad laboral, su permanente distancia, su ensimismamiento y los riesgos que la misma conlleva)- es convocado para encabezar una misión espacial. Sus superiores le informan que su padre, un famoso astronauta llamado Clifford McBride (Tommy Lee Jones), a quien todos creían muerto desde hace 30 años, en verdad podría estar vivo en el espacio sideral en el marco de un viejo proyecto denominado Lima (sin reminiscencias peruanas). Y no solo eso: también podría ser el causante de la acumulación de desastres que azotan la Tierra (sobrecargas eléctricas producidas por estallidos radioactivos que derivan en incendios y accidentes aéreos) y que tuvo solo uno de sus episodios en la explosión vista en la secuencia inicial. Según los jerarcas militares, esa amenaza que pone en riesgo incluso al Sistema Solar se debe a rayos cósmicos que surgen de explosiones cercanas a Neptuno.

Conmovido, fascinado y movilizado por las noticias y por el encargo, Roy sale hacia Neptuno (con escala intermedia en Marte) en busca de su padre. No conviene adelantar nada más de una trama que tendrá más de una sorpresa y vuelta de tuerca, pero -si bien habrá varias escenas en el espacio que Gray filma con buenas dosis de tensión y suspenso- hay que aclarar que Ad Astra está más cerca de 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick; Solaris, de Andrei Tarkovsky; Interestelar, de Christopher Nolan y -sin llegar a semejante experimentalidad- de la reciente High Life, de Claire Denis, que de la ciencia ficción pura y dura, aunque en verdad si tuviésemos que definirla sería algo así como una nueva versión de Apocalipsis Now en el espacio. Lejos del crowd-pleaser, se trata de una película que exige un compromiso que, quizás, cierto sector del público más ávido de estímulos constantes y cierta demagogia no esté dispuesto a otorgarle.

Puede que la película peque también por momentos de cierta solemnidad (en especial en el uso de la voz en off), que desperdicie a buenos intérpretes (Donald Sutherland, Ruth Negga, John Ortiz, Natasha Lyonne) en papeles secundarios sin demasiado desarrollo, pero el corazón de la película (un cowboy del espacio que puede manejar todo… menos sus sentimientos) late a la perfección. Brillante narrador lleno de ideas formales, James Gray aprovecha los efectos visuales y el aporte del excepcional DF Hoyte Van Hoytema (Criatura de la noche, El topo, Ella, Interestelar, Dunquerke) no para regodearse (como la inmensa mayoría de sus colegas) sino para usarlas en función de las búsquedas dramáticas.

En ese sentido, Gray encontró en Pitt al rostro perfecto, a su aliado natural. Cuando muchos lo habían encasillado como un galancito sin ductilidad, a los 55 años el bueno de Brad les contestó este año con un uno-dos inapelable: su Cliff Booth en Había una vez… en Hollywood y este atribulado y conmovido (conmovedor) Roy McBride. A sacarse entonces el sombrero. O el casco.

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