Crisis a la Tica | La Prensa Panamá


Recientemente hemos visto con sorpresa protestas efectuadas por algunos sectores de la sociedad costarricense, que, en algunos casos se han tornado violentas, sobre todo para los estándares de una nación históricamente caracterizada por su capacidad de diálogo, apego a la institucionalidad y vocación de paz.

Estas características han sido parte de los pilares que le permitieron a Costa Rica gozar de progreso económico y social que superaba los indicadores de sus vecinos en la región, especialmente durante los convulsos años ochenta del siglo pasado.

Pero, ¿cuál ha sido el detonante de estas protestas?

En septiembre, el gobierno presentó ante la Asamblea un proyecto de acuerdo con el FMI, con el objetivo de contar con recursos para cuadrar sus cuentas fiscales. Sin embargo, este préstamo conlleva condicionantes como el incremento de impuestos y la reducción del gasto público, que generó descontento en la población, lo cual se añadió a la situación derivada de la aparición de la Covid-19 que ya tiene a la población con los ánimos crispados.

¿Cómo ha percibido el mercado esta situación?

Deuda soberana: Al viernes pasado, el bono costarricense con vencimiento en diez años rindió 7.96% con un diferencial de 718 puntos básicos frente al bono del tesoro norteamericano, mientras que en diciembre de 2019 este diferencial era de 345 puntos, lo que evidencia el incremento en el riesgo percibido.

Moneda: El colón se cotizaba el viernes en 602.22 por dólar norteamericano, al cierre de diciembre pasado la cotización fue de 571.32 por dólar, indicando una pérdida de valor de 5.1%.

Los inversionistas están mirando con cautela los activos costarricenses luego del retiro del proyecto de acuerdo con el FMI, pues no hay muchas alternativas para sustituir los $1,750 millones del préstamo, ya que nuevas deudas tanto en el mercado internacional como local sería oneroso, por el premio al riesgo que exigirían los inversionistas.

Por lo tanto, la mejor opción para muchos analistas es proseguir con las negociaciones con el FMI, que, aunque dolorosas, son necesarias para ajustar unas cuentas fiscales que están en déficit continuo desde el 2008.

Con estos recursos se podrán seguir financiando sus sistemas de salud y educativo, que son los mejores de la región.

Igualmente, este es el momento oportuno para impulsar reformas estructurales que permitan: a) recuperar el impulso que registraba la economía durante la década de los ochenta y noventa que fue deteriorándose hasta crecer a una tasa promedio de 1.8% en los últimos cinco años, elevando el desempleo a una tasa de 12.4% antes de la pandemia y b) reducir paulatinamente el endeudamiento, que podría llegar al 70% del producto interno bruto (PIB) este año.

Los efectos que causa en la economía la falta de reformas estructurales y el incremento del gasto público son elementos que Panamá debe observar para evitar caer en la situación que hoy vive Costa Rica, que cuenta a su favor con una institucionalidad bien cimentada, recurso humano de alto nivel y experiencia solventando este tipo de crisis.

El autor es financista.



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